Relativismo antiterrorista

En un ejemplo de transmutación de guardián de las esencias al relativismo posmoderno, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, aprovechó ayer su viaje a Luxemburgo, donde asistió a la reunión de ministros de Interior de Los 27, para anunciar la puesta en marcha de un plan para fomentar la reinserción de presos terroristas. La medida, filtrada a primera hora de la mañana a la Agencia EFE, se explicaba desde la perspectiva de facilitar la vuelta a la sociedad de personas vinculadas a las actividades terroristas de ETA, Grapo, yihadismo y bandas organizadas. Puesto que los tres últimos colectivos son una minorías en las cárceles españolas, todo el mundo entendió que se trata de un paso más en el proceso de no negociación que el Gobierno dice mantener con ETA.

Las medidas que se van a impulsar, según el presidente del Gobierno, no suponen un cambio en la política antiterrorista del PP. Mariano Rajoy señaló, aprovechando una rueda de prensa con el responsable de la OTAN, que se trata de medidas a las que los presos –etarras- se pueden acoger de manera voluntaria, individual y tras un rechazo explícito de la actividad de la organización a la que pertenecen. Las medidas incluyen el posible acercamiento a las prisiones del País Vasco y una serie de beneficios penitenciarios en función de la aplicación de la Ley –a saber, permisos, tercer grado, libertad condicional, etc-. De esta manera de oficializa lo que se conoce como la Vía Nanclares, iniciada por el anterior Gobierno y que continúa y acentúa el actual, con una salvedad: ahora los presos de ETA ya no tienen que pedir perdón a las víctimas para acogerse a este plan de reinserción.

El plan, que según el Gobierno no aportada nada nuevo, suscitó el rechazo de las asociaciones de víctimas del terrorismo, con las que el PP fue del brazo en las manifestaciones que se convocaron contra el Gobierno de Zapatero entre 2004 y 2008 ante la rendición del Estado que, a su juicio, estaba promoviendo por la apertura del diálogo con ETA. El propio Mariano Rajoy acusó a Rodríguez Zapatero en campaña en traicionar a las víctimas por la apertura de la negociación con ETA, para lo que, no olvidemos, pidió permiso al Congreso de los Diputados [http://www.youtube.com/watch?v=GYlM7qou2fs]

Esas manifestaciones fueron jaleadas por el PP y sus terminales mediáticas, y la retransmisión de las manifestaciones se convirtieron en una realidad en las tardes de los sábados en COPE y Telemadrid, con helicóptero incluido. En 2007 llegó a haber hasta siete manifestaciones a pesar de que el 30 de diciembre ETA atentó en la T4 y el Gobierno rompió las conversaciones con la banda terrorista. En el siguiente enlace se puede comprobar cuándo y cómo las víctimas del terrorismo convocaron manifestaciones contra la “negociación entre el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y los terroristas de ETA, primero, y las concesiones del Ejecutivo a los etarras y su entorno, después” [http://cort.as/1vy3]

Sin embargo, la sorpresa no ha llegado sólo de las asociaciones de víctimas del terrorismo, que han sido convocadas este viernes por el Ministerio del Interior para detallarles el plan propuesto. Incluso desde el propio PP, dirigentes como Jaime Mayor Oreja, ex ministro de Interior con Aznar, actual presidente del Grupo Popular en el Parlamento Europeo y uno de los azotes contra la política impulsada por Zapatero, rechazaron este plan con el argumento más que razonable de que no se entiende el anuncio de un plan si no se ha cambiado la política penitenciaria.

El PP ya no aplica el relativismo sólo a las medidas políticas y sociales, sino que, además, la teoría de aplicar principios en función de las circunstancias salpica áreas que sus votantes consideraban sagradas. Parece que el PP, en el Gobierno, está haciendo todo lo contrario a lo que dijeron en campaña, y sus votantes lo pusieron de manifiesto a lo largo de todo el día en Twitter e incluso en medios como El Mundo, uno de los que más secundaron la estrategia de movilización callejera durante la primera legislatura de Zapatero.

La medida llega seis meses después del comunicado de ETA en el que anunció el cese definitivo de la actividad armada y, aunque nos congratulamos por el giro ‘popular’, hacemos constar la teatralización en su manera de enfocar el terrorismo y sus efectos, sobre todo cuando ellos sabían, y los demás también, que, como partido que aspira a formar Gobierno, algún día tendría que gestionar el fin del terrorismo en España.

Llegamos a este punto hay que prestar atención a lo que los sectores más inmovilistas del PP opinan respecto a los pasos que se han dado y que, sin duda, se darán. Mientras, es interesante realizar un repaso a las portadas del día, que se pueden comparar con otras del pasado, cuando el PP decía que las víctimas siempre tenían razón y que cualquier política antiterrorista debía situarlas en el epicentro de la acción política. Han bastado cuatro meses en el Gobierno para darse cuenta de lo disparatada de la propuesta (las víctimas deben ser tenidas en cuenta pero no deben marcar la acción política por su evidente implicación personal y emocional) y para pasar a la acción y hablar con los colectivos afectados a través de la política de los hechos consumados.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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