Avance de la ultraderecha en Europa: Mitos y realidad (II)

Pese a los buenos resultados obtenidos por partidos de ideología ultraderechista, la relación directa entre la crisis del proyecto europeo y su éxito se nos antoja demasiado simplista. Joaquín Estefanía, por ejemplo, ha puesto el acento en la “parte creciente de la ciudadanía (que) duda de la idea Europa [cuya construcción estaba planteada precisamente para evitar los populismos y los enfrentamientos del pasado]”, lo que va unido a la imagen de impotencia de los representantes políticos a la hora de solucionar los problemas, una vez constatado que el órgano de decisión ya no está en los parlamentos nacionales, sedes de la soberanía nacional y de la representación democrática [“Creadores de escasez”, El País, 29-04-12].

Sin embargo, el fenómeno no es nuevo. Jorge Verstrynge comenzó a estudiarlo en los años 90 y manejó el concepto de populismo como paraguas en el que incluir opciones como las de Umberto Bossi en Italia o la de Jorg Haider en Austria. Ya entonces señaló la incapacidad de las clases dirigentes para hacer frente a la situación como origen de este fenómeno, que se explicaba por la sensación de que no existía solución ni alternativa en el sistema político actual, y que esto era lo que hacía al electorado buscar otras opciones en los márgenes del sistema. También fijó como causas la dicotomía entre la globalización económica (con unas elites) y la idea de Estados-nación resistentes, con sus propias elites políticas, sociales y culturales, fenómeno que hoy está implantado, tanto a nivel europeo como global.

Otros autores, como Raffaele Simone, prefieren manejar el concepto de neoderecha para refirse a este fenómeno, que formaría parte de una cultura que impregna todas las capas sociales y que no tiene relación directa con los autoritarismos y totalitarismos del siglo XX. Esta neoderecha se define por ser tecnológica y capitalista, más financiero que industrial, enemiga de la intervención pública, totalitaria y radical en lo político y ultraconservadora. Son formaciones que aprovechan la oposición drástica entre el nosotros y los otros, a los que hay que mantener a raya, y que desprecia la cultura, la investigación y las actividades intelectuales.

¿Qué explicación hay detrás de este auge en la actualidad? Además del alejamiento histórico del votante ante los efectos que formaciones de ultraderecha provocaron en el pasado -no en vano la generación que vivió la Segunda Guerra Mundial está desapareciendo por razones vitales- existen otras explicaciones sobre la derecha radical que la catedrática de Política Comparada Pippa Norris ha estudiado desde tres opciones académicas:

  • La teoría sociológica : Explica el fenómeno desde los procesos estructurales que afectan a la sociedad de masas, como las olas de inmigración, el descontento con los principales partidos establecidos y la desconfianza de las instituciones entre el electorado. A esto se suma la ruptura de los clivajes [esto es, las líneas de conflicto en la representación que los actores se hacen del sistema social en el que habitan] tradicionales religiosos y de clase que estructuraban a la población [católicos/protestantes, regiones centro/periferia, propietarios/trabajadores] de acuerdo con la terminología de Lipset y Rokkan. También se tiene en cuenta la reacción ante los valores posmaterialistas  y los efectos en los recortes en el Estado de bienestar. Este enfoque se completa y explica con los procesos globalización que han llevado a una reducción de fronteras nacionales, con movilidad de mano de obra, mercancías y capital  y  el declive de organizaciones formales de las comunidades locales y la clase obrera tradicional
  • El segundo enfoque, el denominado institucional, se centra en las actividades estratégicas de los partidos como actores racionales y en qué zona del espectro ideológico se posicionan para competir por votos y escaños
  • Por ultimo, se estudian los sistemas electorales, esto es, el contexto institucional y las reglas electorales, que permiten sacar una primera conclusión: con reglas mayoritarias, los partidos de derecha radical no son capaces de superar obstáculos electorales y se marginan en la periferia del poder, lo que termina pasando factura a medio y largo plazo. Ante la incapacidad de influir o tocar poder, sus votantes terminan frustrándose y optan por una opción más moderada o bien por la abstención.

Norris recuerda que los partidos de la derecha radical suelen centrar sus programas en los valores asociados con el proteccionismo político y que se centran en temas emblemáticos como la repatriación de inmigrantes, el cierre de fronteras a los forasteros y el proteccionismo económico: parte de su granero de votos está en las clases populares, que fueron las primeras en vivir el impacto de la globalización en forma de deslocalizaciones, rebajas salariales para competir con otras economías, etc.

No obstante, la importancia potencial de estos partidos se relaciona directamente con el lugar que ocupan las principales formaciones que compiten en el espectro electoral: allí donde los partidos de izquierda y derecha convergen en el centro moderado, ese agujero negro en el que no se abordan cuestiones raciales, políticas de inmigración o alternativas a la economía de libre mercado, existen más opciones de que aparezca una formación de derecha radical que intente rellenar el espacio que el partido de centro-derecha ha abandonado por interés electoral.

Si tenemos en cuenta la lista de países europeos donde mejor resultado han obtenido estas formaciones políticas -todos con sistemas electorales proporcionales-, tendremos que admitir que, además del contexto, que se puede aplicar también a los países donde este tipo de partidos no están implantados aún, la ley electoral es el elemento que marca la diferencia.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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