Avance de la ultraderecha en Europa: Mitos y realidad (y III)

Sea por el contexto o por las reglas electorales, parece que en Europa está reapareciendo un fenómeno que se creía sepultado en los escombros de la II Guerra Mundial. Y no sólo reaparecen formaciones herederas de ese pasado, sino que se presentan como productos nuevos, con un lenguaje que llega bien a espectros sociales que no se sienten cómodos con la democracia liberal representativa -por exceso o por defecto- y que reciben una versión simplificada de los problemas que se encuentran día a día al salir de su calle, una visión superficial si se quiere pero muy efectiva.

Se llame como se llame, lo cierto es que esta nueva derecha se ha visto legitimada ante los ojos del electorado precisamente por la crisis de la izquierda en Europa y por el hecho de que las formaciones mayoritarias han vuelto sus ojos hacia los temas clave de las agendas de estos partidos, de manera que su discurso se vuelve presentable de cara al votante. Hace veinte años, propuestas como la de prohibir la tarjeta sanitaria a los inmigrantes en situación irregular, tal y como se ha aprobado en España hace dos semanas, hubiera sido impensable. Hoy hay revuelo pero la medida es bien recibida por sectores de población amplios, o al menos mucho más numerosos de lo que podría haber sido en los años ochenta, cuando se hizo patente el predominio del giro conservador.

El discurso de la extrema derecha ya no enciende las alarmas y lo hemos comprobado durante todo el mes de abril en Francia. Nicolas Sarkozy inició su campaña buscando el voto del centro pero, rápidamente, a raíz de los sucesos de Tolousse, volvió sus ojos hacia la extrema derecha, consciente del reguero de votos conseguidos en sus filas en 2007 gracias, en gran medida, a un discurso duro en seguridad, apoyos que estaban volviendo al Frente Nacional, como en 2002. La puntilla a esta estrategia la propinó el último domingo de campaña, cuando aseguró que la integración europea debilita las naciones [“Sarkozy asegura que la integración europea ‘ha debilitado a las naciones’”, El Mundo, 29/04/12]. Pese a las críticas al proyecto europeo por parte de muchas formaciones políticas, y sus bases, sólo Marine Le Pen hubiera abrazado una afirmación de este tipo.

Sí, podríamos estar ante el inicio de un problema, pero hay que tener en cuenta ciertas consideraciones sobre el éxito temporal de estas opciones, tal y como expone Pippa Norris. En su análisis sobre la nueva derecha en Europa y en países anglosajones, concluye que los medios de comunicación contribuyen a exagerar el crecimiento de estos partidos, sobre todo porque sus avances electorales se suelen neutralizar cuando acceden al poder en solitario o en coalición: a partir de ese instante, se tienen que hacer dueños de las decisiones adoptadas, por lo que ya no pueden mantener la imagen de partido antisistema. Si tenemos en cuenta que sus programas suelen ser un compendio de máximos, es habitual que defrauden a sus votantes, con la consiguiente pérdida de votos en los siguientes comicios.

Además, si repasamos la historia reciente de los éxitos electorales de estas formaciones veremos que hay relación directa entre su peso electoral y las circunstancias de crisis en los países en los que nacen. Esto lo vivió el propio Frente Nacional, que tras el triunfo de 2002  -al calor de la crisis interancional de las puntocom y de la debacle de un candidato socialista, Lionel Jospin, que venía de un gobierno de concertación con Chirac-, experimentó un retroceso electoral en 2007, cuando parte de base electoral decidió dar el voto a Nicolas Sarkozy, que había diseñado una campaña centrada en el argumento de la seguridad.

Por lo tanto, el problema de estos partidos no es tanto su existencia o su peso temporal, sino sus efectos en otras formaciones a las que obligan a virar programáticamente. Estos días estamos viviendo el mejor ejemplo en Sarkozy, muy ocupado en intentar que la agenda electoral se centre en la inmigración, en el Acuerdo de Schengen o en los problemas de la UE, temas en los que su opositor, François Hollande, prefiere no entrar.

Hay que estar atentos a la evolución de estas formaciones, tomar nota de sus éxitos y neutralizar su discurso, con frialdad y cierta distancia. Hablar de que en Europa hay un problema con la ultraderecha, y usar las comparaciones con los años treinta del siglo XX, para recordar el ascenso del fascismo y del nazismo, se antoja exagerado, sobre todo porque los partidos que siguen siendo la referencia del sistema representativo, con sus problemas y deficiencias, siguen agrupando a gran parte de los votantes, algo que no ocurrió en Italia o Alemania durante el periodo de Entreguerras.

El FN ha obtenido el 18% de los votos, pero eso significa que el resto de formaciones ha logrado el 82% del respaldo electoral.  Por otra parte, el Gobierno holandés ha caído por falta de respaldo de sus socios de ultraderecha, pero quizás el problema hubiera quedado resuelto si inicialmente los liberales hubieran rebajado sus pretensiones y hubieran pactado con otras formaciones (por cierto, las mismas que le han apoyado ahora para sacar adelante el plan de ajuste para cumplir con el 3% de déficit). Asegurar que en Grecia puede haber un problema porque dos formaciones de derecha radical con delirios nazis van a entrar en el Parlamento (con 5% de votos) es una exageración que queda muy bien para ilustrar reportajes pero no para contar lo que está ocurriendo en las sociedades europeas, con asuntos por abordar como los que siguen:

  • Las europeas siguen siendo sociedades abiertas, con un problema para encajar la inmigración pero que en la práctica funcionan con altas dosis de convivencia. Hay que propiciar que se siga produciendo esta situación, con políticas que equilibren y no fomenten la formación de guetos.
  • Existe un alejamiento entre la ciudadanía y su clase política, distancia que se antoja mayor cuando nos referimos al proyecto europeo, sobre todo en los últimos lustros.
  • Se está imponiendo un cambio de modelo de convivencia que nació a partir de 1945; se está implantando, sin debate, a través de la Troika europea (Presidencia del Consejo, Alto Representante del Consejo para la Política Exterior y de Seguridad Común y la Comisión Europea) y el BCE,y con la aquiescencia de los partidos conservadores europeos (sobre todo pero no son los únicos). España, Grecia, Portugal o Italia son ejemplos de esta política comunitaria.
  • Existe una crisis de opciones políticas alternativas al pensamiento único, lo que enlaza con la crisis de la izquierda que arrancó en los años 90 y que la debacle financiera de 2008 ha puesto dolorosamente de manifiesto.
  • Las sociedades europeas envejecen, con la consiguiente pérdida de peso demográfico del continente europeo de cara a afrontar los retos del futuro.
  • Hay una constatación real de la pérdida de peso geopolítico en todo el mundo. Europa ha pasado de ser el centro de las relaciones internacionales a ser un actor secundario cuya influencia se está perdiendo a pasos agigantados por el giro del eje mundial a Asia. Esta pérdida de poder, si se quiere, se mitigaría si la UE actuara como una sola voz a nivel internacional, pero la crisis nos ha permitido extraer la conclusión de que ni siquiera como bloque económico y monetario es capaz de responder como un único bloque.

Ante estos retos, el problema no es el que FN pueda favorecer una victoria de Sarkozy, sino la ausencia de debate sobre los asuntos públicos con los que nos jugamos el presente y el futuro de Europa.

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Fuentes consultadas en la elaboración de esta serie:

  • Simone, Raffaele: El monstruo amable. ¿El mundo se vuelve de derechas?. Taurus, 2011
  • Norris, Pippa: Derecha radical. Votantes y partidos políticos en el mercado electoral. Akal 2009
  • Verstrynge, Jorge, Los Nuevos bárbaros. Grijalbo 1997
  • Pérez, Claudi: “Bruselas alerta del auge electoral de los extremistas”. El País 24/04/12
  • Estefanía, Joaquín: “Creadores de escasez”, El País, 29/04/12
  • Gallego, Javier: “El euroescepticismo atenaza Bruselas”. El Mundo, 23/04/12
  • Sancho, Miguel: “Pescar entre el desencanto de la extrema derecha“. La Vanguardia, 17/04/12
  • Valenzuela, Javier: “Primavera Parda en Europa”. El País, 29/04/12
  • “Sarkozy asegura que la integración europea ‘ha debilitado a las naciones’”, El Mundo, 29/04/12
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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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