#12M15M: balance y crítica

Fuente: El País (http://cort.as/2-4k)

Como muchos imaginamos, la policía esperó al momento en el que menos gente había en la Puerta del Sol y decidió entrar para proceder al anunciado desalojo en cumplimiento de la ley, según se pasaron toda la semana asegurando la delegada de Gobeirno en Madrid, Cristina Cifuentes, y la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros confirmó que se haría cumplir la ley (y que ésta pasaba por no permitir acampadas)

La decisión se ha ejecutado a las cinco de la mañana, siete horas después de lo estipulado por la Delegación de Gobierno, que había decrretado las 22 horas como hora límite para que los indignados del 15M abandonaran hoy la que había sido y es su plaza emblema: la Puerta de Sol. Evidentemente, la presencia de miles de personas ha hecho que la autoridad competente haya pospuesto la decisión, que no ha llegado hasta que estaban seguros de que no iba a haber resistencia -ni activa ni pasiva- por parte de los concentrados en la plaza, entre 300 y 500. Según 20 minutos, el desalojo de Madrid ha terminado con 18 detenidos.

Culmina así lo que ha sido una propuesta a nivel global, en más de 50 ciudades, a propósito del aniversario del movimiento que se gestó en España hace un año  y que se exportó al mundo como movimiento social propio, con prácticas, mensajes y rituales que eran herederos de otros movimientos pero que, además, aportaban algo de novedoso: el símbolo de la acampada y las reivindicaciones de una mayor calidad democrática a todos los niveles, con un grito a la clase política y económica, a los que los más jóvenes le gritaban: no nos representáis. Dependiendo del número de personas que pronuncie este grito, podemos estar ante un riesgo sistémico o no.

El balance de este año es que, pese a que la situación parece haber empeorado desde hace 12 meses (y para eso nos remitimos al CIS) no nos encontramos ante un riesgo sistémico. La #spanishrevolution ha dejado paso a otra cosa, que aún no se sabe en qué derivará. Es cierto que la indignación sigue en la calle, que ha sido capaz de llenar Madrid desde primera hora de la tarde -cuando salían las columnas desde los cuatro puntos de la CAM y que han confluido en la Puerta del Sol, pasadas las 20 horas-, lo cual, teniendo en cuenta los mensajes agoreros de los últimos tiempos sobre la muerte del movimiento, es un mérito. Hoy ha quedado claro que muchos confundían la descentralización, una de las señas de identidad de un movimiento que, hoy, aparece sin líderes identificables, con la desaparición de la acción política.

Si hace un año, las redes sociales actuaron de altavoz de las convocatorias y de los pasos a dar por el 15M, en el primer aniversario,además, ha habido un trabajo importante  de los medios de comunicación convencionales, con reportajes y piezas de televisión y radio elaboradas ex profeso y difundidas, especialmente a lo largo del viernes. Sin embargo, el efecto ha sido el esperado:  según la policía, 35.000 han ocupado el centro de Madrid, siguiendo la convocatoria del 15M, un número que se eleva a 40.000 en el caso de Barcelona, confirmando que ambas ciudades se convierten en el epicentro de un movimiento urbano, formado por gente de menos de 40 años -a pesar de que en Madrid hoy había otro tipo de gente, quizás imbuidos en el espíritu de protesta por su participación en otras protestas, como la de la marea verde o la marea azul-. En Valencia han salido a la calle 8.000 personas y otras 5.000 en Alicante, siendo estas cuatro las ciudades en las que más presencia de indignados ha habido.

La sensación que queda es que hemos asistido a una celebración lúdica de algo que está funcionando bien de manera descentralizada, en los barrios y con propuestas concretas que permiten otro tipo uso de la calle, un cambio en las relaciones vecinales y de barrio y propuestas que calarán mediante la repetición a medio y largo plazo, pero que no tienen traslación directa en la acción política.

El 15M, según lo que se ha visto hoy en Madrid, no ha llegado a calar en más ciudadanía que la que hace un año peregrinó a las plazas de las ciudades a manifestar su malestar contra una situación -política, económica, social, cultural-, que el perfil sigue siendo el mismo pese a los recortes anunciados por el Gobierno, y que no parece llegar más allá del colectivo que se echó la calle en un primer instante: jóvenes, cualificados o en el tránsito de serlo, con alguna experiencia de participación política -aunque se logró enganchar a un tipo de gente que hasta ese momento no había sentido la necesidad de echarse a la calle a reivindicar nada-, que encontraban en el 15M su cauce para manifestar su malestar a través de unos rituales (la acampada en Sol, las asambleas de barrio, determinados cánticos, determinados símbolos -como el minuto de silencio a medianoche, que se ha vuelto a repetir hoy en Madrid-) y que han sabido aprovechar como nadie la entrega de los medios, tanto para bien como para mal.

Hoy, como hace un año, se sigue echando en falta a colectivos como los jóvenes no cualificados del extrarradio de Madrid -e imagino que del resto de capitales-, a los inmigrantes (sobre todo tras el anuncio del Gobierno en relación a la cartilla sanitaria), a los directamente afectados por los recortes del Ejecutivo (funcionarios, pensionistas, sector académico, sector educativo, usuarios de transporte público, etc) e incluso, y aunque no sea muy popular, a colectivos vinculados con partidos políticos y sindicatos, que podrían compartir algunos objetivos y que deberían estar imbuidos en el espíritu de lucha que supone el 15M.

Hoy, como hace un año, el 15M sigue siendo un cauce que permite despertar conciencias y abrir mentalidades. A nivel práctico, sigue siendo tremendamente útil para situar  temas en la agenda setting que, antes, estaban ocultos y/o no eran asuntos de interés para los medios de comunicación, gracias, en gran medida, a un conocimiento de los medios que permite utilizarlos para dar visibilidad a un movimiento que, hoy, no ha aportado nada nuevo respecto a hace doce meses (si exceptuamos los temas planteados en su origen y que han sido abordados). Por acción o inacción, se ha obligado a hablar de asuntos como la dación el pago, las retribuciones de la clase política, la desmesura de la banca en su actuación diaria, el funcionamiento de la Ley electoral, etc. El problema es que muchos de estos puntos ya han sido fagocitados por los partidos políticos, de manera que el 15M corre el peligro de quedarse sin sus señas de identidad más visibles -si bien queda el trasfondo que lo hace interesante: plantear la democracia deliberativa, la salud de los sistemas representativos y el futuro al que nos encamina el capitalismo, temas éstos más difíciles de vender al público mayoritario-.

A nivel organizativo, si el 15M pretende ir más allá del malestar e influir directamente, debería plantearse, dentro de su estructura horizontalidad y de su naturaleza alérgica a todo tipo de burocracia, un germen de organización que prepare, por ejemplo, qué hacer en Sol cuando las columnas de los barrios llegaron. El desconcierto, y el no saber qué hacer, ha hecho que la concentración en Sol derivara, a partir de la medianoche, en un macrobotellón, que sólo se ha visto interrumpido por la asamblea celebrada para votar si se acampaba en Sol o no. Fuentes de Interior, citadas por La Sexta, habían señalado que la policía no intervendría durante toda la noche si no se acampaba. Quizás en un rato veamos explicaciones como que se colocó un toldo que podría considerarse como el germen de una posible acampada.

AcampadaSol, desde su cuenta de Twitter, ha convocado ya a la ciudadanía mañana, a las 17 horas, a dirigirse a Sol para manifestar su queja por el desalojo de la plaza con mucha nocturnidad y alevosía [hashtag: #Volvemosalas5]. Lo cierto es que la presencia policial se ha hecho notar casi desde el principio de la tarde y, de nuevo, la mayoría de los agentes que he visto no llevaban su identificación visible. Por lo demás, su actitud ha sido muy parecida a la del año pasado (con otra delegada del Gobierno y otro ministro del Interior, recordemos):  actitud expectante, con vehículos situados en las entradas de todas las calles que confluían en la Puerta del Sol y sin caer en provocaciones, que tampoco han existido por el lado de los indignados, que hoy se mostraban más callados que hace un año.

De nuevo, los gritos más coreados: “Le llaman democracia y no lo es”, “que no nos representan” y “no hay pan para tanto chorizo”, amén de cánticos contra la reforma laboral. Como siempre, el minuto de silencio a medianoche ha sido uno de los momentos más emotivos de un día que ha tenido más de celebración y de recuerdo que de reivindicación.

Ésta es la manera en la que la prensa nacional e internacional ya recogido el 15M: vemos que, en todos, la marcha de Madrid ha sido el eje sobre el que ha orbitado la información.

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Portadas de los principales diarios españoles:

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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