“Catalonia is not Spain”

España presenta, al menos desde el siglo XIX, problemas en la construcción territorial del Estado, en gran medida por las dificultades de acomodar una idea centralista de Estado-nación napoleónica a una realidad plurinacional. Desde finales del siglo XIX, cuando cristalizan los movimientos nacionalistas al calor de lo que ocurría en Europa, desde Madrid se detectaron tres focos de problemas: Galicia, País Vasco y Cataluña, que representan tres formas de entender, abordar y difundir su diferencia nacional.

Durante la Transición española se decidió probar una salida que minizara un conflicto  larvado durante el franquismo pero tan activo como en la II República, cuando se aprobaron los respectivos Estatutos de autonomía (aunque alguno no entrara en vigor al estallar la Guerra Civil). Se dio con la fórmula de fijar Galicia, País Vasco y Cataluña como CCAA históricas (a la que se sumaría, en el último momento, Andalucía), en aplicación del art. 151 de la CE, y se ofreció la posibilidad de que aparecieran otras, en aplicación del art. 143 de la Constitución Española.

El Estado de las Autonomías finalmente hacía referencia a 17 entes autonómicos y Ceuta y Melilla como ciudades autónomas, y, tras el desarrollo de competencias por las respectivas CCAA, ya fuera por la vía rápida o por la vía lenta, hay equiparación entre ambos modelos (aunque sigue habiendo hechos diferenciales como que las CCAA históricas + Andalucía pueden convocar elecciones al margen del resto, el concierto vasco -también navarro-, la oportunidad de tener policía propia -asumida por Cataluña y País Vasco- etc).

Sin embargo, el conflicto centro/periferia sigue estando en el ideario del nacionalismo español, sin necesidad de atribuirle connotaciones franquistas. Ha bastado con que Cataluña haya anunciado su recurso al fondo de liquidez autonómico, aprobado por el Gobierno central para facilitar la financiación de las CCAA dado el contexto en el que estamos, para que dé forma la obsesión por el nacionalismo catalán, avivado por el debate que, desde ciertos sectores, se impulsa hacia la utilidad y eficacia del Estado de las autonomías.

Antes de que Cataluña fijara sus necesidades financieras, ya hubo anuncios parecidos en Comunidad Valenciana (que fijó en 3500 los millones de euros que necesita) y Murcia (que podría necesitar hasta 800 millones); ambas CCAA están gobernadas por el PP desde 1995, y, quizás por eso, en ningún caso el anuncio de petición de ayuda suscitó la misma reacción. Es cierto que ni Murcia ni Valencia advirtieron de que la ayuda se prestaría sin presiones políticas -de sesgo nacionalista, se entiende-, como hizo el conseller de Economía catalán, pero la atención que la prensa escrita presta a esta noticia ya denota que hablamos de una realidad distinta.

Durante la última semana, buena parte de la información política está monopolizada por las CCAA históricas, a propósito del adelanto de los comicios vascos y gallegos y por la petición de ayuda catalana. Hoy se confirmó esta tendencia, con titulares y fotografías que ocupan buena parte de las primeras planas, como el titular a cinco columnas de El País o la relevancia que otorga a la información la prensa catalana, vasca y gallega.

Llama la atención que buena parte de los diarios ubicados en el espectro ideológico del centro-derecha destaque la incondicionalidad de la petición de ayuda, con especial mención a El Mundo y a su “y no le dará ni las gracias” o La Razón, que al incluir la preposición “pero” en el titular pone el acento en las fuerzas de poder entre las dos partes de la negociación y destaca la actitud desgradecida de Cataluña.

Por su parte, La Gaceta opta por presentar la noticia metiendo el dedo en la yaga: Cataluña pide ayuda (para pagar los servicios sociales) mientras derrocha “una millonada en subvenciones ideológicas”. Aunque no lo señala, el diario se refiere a las políticas lingüísticas que impulsa el Govern para proteger y difundir el catalán como lengua en minoría frente al castellano, política que para La Gaceta es “ideológica”.

Sin embargo, ninguna de estas portadas iguala a la de ABC, que carga de razones al nacionalismo catalán al plantear abiertamente que Cataluña no es parte de España. Los autores de la primera plana, que quizás se perdieron la clase en la que se explicaba la diferencia entre el todo y las partes, abre con una foto de Rajoy, en La Moncloa, y a sus pies, el titular: “Cataluña pide a España 5023 millones ‘sin condiciones”.

El hecho de elegir esta fotografía ya nos indica que para el diario que dirige Bieito Rubido, Rajoy simboliza esa España a la que el Gobierno de Mas pide ayuda; sin embargo, lo más reseñable es que, de acuerdo a ese titular, Cataluña no sería parte de España, por lo que estaríamos ante dos entes políticos que se tratan como iguales. Estamos ante la gran victoria del nacionalismo catalán, que vive horas bajas por la necesidad de acudir al Estado central para poder salvar el agujero de sus finanzas, en pleno debate sobre la posibilidad de un pacto fiscal. Si Francesc Macià, Lluis Companys, Josep Tarradellas levantaran la cabeza…

CODA: En lugar de esta suerte de linchamiento a todo lo catalán (que se puede seguir en Twitter con el hashtag #condicionesACataluña), recomendamos al Gobierno central que haga autocrítica. La victoria de CiU en las últimas elecciones autonómicas catalanas, en noviembre de 2010, significó el inicio de un plan de reformas, eufemismo con el que se trata de ocultar los recortes aprobados, dirigidos a disminuir de manera radical el gasto público y la privatización de los servicios propios del Estado de bienestar. Puesto que estas medidas se han aplicado con una brutal caída de los ingresos, Cataluña vive un escenario de recesión económica que ha motivado, en gran medida, el agujero que hoy reconoce. El PP comenzó a aplicar este modelo cuando llegó al Gobierno central, por lo que, quizás, debería extraer lecciones. Cataluña nos marca la senda que recorreremos en los próximos meses, mientras se deshoja la margarita de la petición del rescate total que, suponemos, también será sin exigencias de la troika.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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