#15S vs #25S

Tras la aprobación del ‘recortazo’ del Gobierno los sindicatos y 150 organizaciones sociales convocaron una manifestación el próximo 15 de septiembre contra las políticas del Ejecutivo, como preparación para una posible convocatoria de huelga general si el Ejecutivo persiste en su intención de no convocar un referéndum para que la ciudadanía manifieste su opinión ante el programa de recortes impulsado por el Gobierno y que no figuró en el programa electoral de las elecciones generales que ganó el pasado 20 de noviembre, con 10,86 millones de votos.

En Euskadi, sindicatos nacionalistas y otros colectivos sociales dieron un paso más en la confrontación directa con el Ejecutivo central y convocaron una huelga general el 26 de septiembre, acto que se podría convertir en uno de los últimos de la precampaña electoral de las autonómicas vascas, adelantadas al 21 de octubre.

Era la forma de respuesta a las medidas anunciadas y aprobadas el pasado mes de julio. A saber: subida del IVA a partir del 1 de septiembre, supresión de la paga de Navidad de los trabajadores del sector público, recorte del 30% de concejales y reducción y eliminación de empresas públicas, recorte adicional del 20% de subvenciones a partidos políticos, sindicatos y patronal en los PGE de 2013, supresión de las bonificaciones a la contratación laboral, reducción de la ayuda al desempleo del 60 al 50% a partir del sexto mes y debate sobre la ayuda de 400 euros, durante seis meses, para parados de larga duración que no cobren prestación y que cumplieran los requisitos fijados en el plan Prepara aprobado por el Gobierno Zapatero y prorrogado por el Ejecutivo de Rajoy.

La convocatoria contrasta en sus orígenes y objetivos a la del 25 de septiembre [Ver post escrito sobre el 25S: Ocupa el Congreso http://cort.as/2O7w ]:

  • Los convocantes del 15S tienen nombres y apellidos.
  • La del 25S corre a cargo de Plataforma en pie, un grupo de personas “reunidas en un movimiento de carácter social, antineoliberal, anticapitalista y democrático”, que opta por el anonimato. El desconocimiento respecto a los convocantes ha motivado todo tipo de teorías y que haya grupos que han aprovechado el caldo de cultivo creado para intentar apropiarse de la convocatoria. Durante los próximos fines de semana habrá encuentros preparatorios con la intención de incluir a otros colectivos (especialmente las asambleas vinculadas al 15M, que se habían desmarcado de la cita)
  • Los convocantes del 15S tienen un objetivo claro: contra los recortes del Gobierno, sustentado en un partido que ganó las elecciones con un programa contrario a lo que está poniendo en marcha. Ante ello, reclaman un referéndum para que la ciudadanía respalde con su voto la legitimidad de un Ejecutivo que hoy tiene que demostrarla. Los convocantes del 25S piden el fin del régimen constitucional actual y un proceso constituyente en el que participe la ciudadanía
  • Los convocantes del 15S forman parte de los colectivos habituales de movilización e intermediación política en las sociedades democráticas: sindicatos, movimientos sociales, colectivos sociales con experiencia en la reivindicación callejera y, suponemos, partidos políticos situados en el espectro del centroizquierda.
  • Los convocantes del 25S son un colectivo de ciudadanos anónimos, que se manifiesta contra los partidos políticos y los sindicatos, a los que considera colaboradores en el mantenimiento del sistema actual. Este tipo de discurso, cercano a la antipolítica y al antisindicalismo, ha propiciado que grupos de extrema derecha, con otros objetivos políticos, se hayan sumado a la propuesta
  • El 15S no pretende derribar el sistema; propone hacer uso de una de las herramientas que se han demostrado más eficaces cuando se constata el fracaso de otras acciones como la huelga general o los encierros para plantear sus reivindicaciones. Si logra concentrar en Madrid a un número de personas similar al de la manifestación durante la última huelga general o la marcha del 18 de julio, los colectivos convocantes cobrarán fuerza para adoptar la siguiente acción de presión contra el Ejecutivo de Rajoy: manifestaciones y la convocatoria de una jornada de huelga general, la segunda de este año.
  • Los convocantes del 25S han elegido un lema, “Ocupa el Congreso”, que bebe de las fuentes de Occupy Wall Street y sus hermanos a lo largo del mundo. Existe un matiz: cuando los manifestantes del 15M estadounidense deciden manifestarse en la calle que simboliza el capitalismo financiero, lo hace para poner el acento en los causantes de la crisis financiera que estalló en 2008, con la caída de Lehman Brothers, y que se extendió por el mundo al ritmo de las hipotecas subprime y de la desconfianza entre los bancos para prestarse dinero ante la posibilidad de nuevos y desconocidos activos tóxicos. Cuando los convocantes del 25M reclaman ocupar el Congreso, dirigen el foco de atención a los representantes políticos, a los que, de esta manera, responsabiliza de la situación actual, en una lectura que llama la atención: la acción de la política habrá podido acelerar el proceso, pero, en ningún caso, la política ha causado la crisis económica.

España celebra elecciones periódicamente desde 1977, y la ciudadanía respalda o no con su voto a las formaciones políticas que se examinan en las urnas. De manera generalizada, la ciudadanía ha elegido las mismas tendencias ideológicas y nada menos que 10,86 millones de personas respaldó la opción del PP en las últimas elecciones generales.

Se puede y se debe plantear que el sistema presenta grietas que amenazan con hacer volar todo el entramado institucional; se puede reclamar el cambio de la ley electoral en términos de proporcionalidad o el paso a una circunscripción nacional; es legítima la crítica a los partidos políticos y a su proceso de renovación de las elites, aunque esta crítica tampoco es nueva: Robert Michels ya habló de la ley de hierro de la oligarquía en Los partidos políticos; Gaetano Pareto definió la democracia como el mejor sistema para elegir a las elites; y Wilfredo Pareto escribió sobre el proceso de renovación de las elites a través de la meritocracia.

Se puede arremeter contra la partitocracia, aunque sería interesante que se leyeran antes las obras de autores como Giovanni Sartori o de Gonzalo Fernández de la Mora, diplomático y ensayista que durante el franquismo escribió sobre el fin de las ideologías o los problemas de los partidos políticos como cauces de la representación política. Se comprobará que muchas de sus tesis son plenamente actuales hoy, casi medio siglo después.

Se puede plantear la crítica a los sindicatos por haber renunciado a la presión de la calle para optar por la vía del diálogo social, con movilizaciones cuando las medidas del Gobierno de turno arremetían directamente contra los trabajadores. Debemos criticar que hayan renunciado a defender los derechos de los parados, sin saber prever que la flexibilización y la liberalización del mercado de trabajo llegaría a todos, sindicados o no. Hay que poner el acento en cierta actitud acomodaticia en los años de bonanza, o su silencio ante las subvenciones de los respectivos gobiernos, o la falta de firmeza en procesos de reconversión, como los que hemos vivido este verano a propósito de la huelga de la minería.

Sin embargo, eso no debería ocultar realidades como que los derechos laborales de los que aún disfrutamos hoy -no sabemos hasta cuánto tiempo-no se consiguieron por inspiración divina, sino por la organización y presión sindical, que costó muchas vidas, y que aún no conocemos otra forma de presión laboral efectiva al margen de las centrales sindicales. No vale asegurar que la lucha es personal y que la negociación debería ser de tú a tú con el contratador: cualquiera que entre como asalariado en el mercado laboral vive en primera persona la situación de desigualdad directa respecto a su empleador, situación que empeora aún más en situaciones de recesión económica y de destrucción de empleo como la actual.

Podemos seguir dando vueltas sobre el mismo asunto hasta quedarnos calvos y llegaremos siempre a la misma conclusión: las crisis forman parte de la naturaleza misma del capitalismo (agudizado en plena deriva de capitalismo financiero) y nuestros problemas tienen que ver con la renuncia de la política a entrar en la esfera económica, circunstancia que comenzó en los años 70 y que se incrementó al mismo que se extendía la idea de que las clases sociales no existían y que la postmodernidad iba a dar respuesta a las carencias materiales, que ya no existían (al menos en el Primer Mundo).

En la esfera del pensamiento político, y aunque haya quien se lleve un disgusto, Grecia y la democracia directa no puede ser el modelo futuro, sobre todo porque hablamos de ciudades estado con un cuerpo electoral de 50.000 personas (en el caso de Atenas), en el que existía la esclavitud (para garantizar que los ciudadanos pudieran dedicarse a la política) y en la que amplios colectivos (para empezar, las mujeres) carecían de derechos políticos. Tampoco las repúblicas italianas del Renacimiento deberían ser la fuente de inspiración para un sistema democrático “puro”, por los mismos motivos que hemos planteado respecto a la democracia ateniense.

Lo queramos o no, nos guste más o menos, los cuerpos electorales de los Estados actuales requieren de representantes políticos que sirvan de intermediarios, sobre todo si se tiene en cuenta que los electores interesados en participar activamente en política suponen un porcentaje irrisorio respecto a los que acuden a las urnas a votar cuando son requeridos. A este respecto, podemos hablar de un experimento sobre participación ciudadana en la política local en Quebec en 2007 que arrojó hechos tan asombrosos como que sólo el 20% del cuerpo electoral mostró interés por decidir sobre los asuntos de la ciudad -lugar donde poder colocar un semáforo, un paso de cebra o la recogida selectiva de basuras- y que este porcentaje se consideraba un éxito fruto de los medios puestos en marcha para facilitar la participación ciudadana.

Los momentos de crisis económica son propicios para plantear crisis políticas e institucionales. El problema es que hay muchos actores, y no precisamente en la misma órbita ideológica, manejando conceptos sobre una democracia de origen, como si fuera una opción que funciona por sí misma de manera natural, que se mezcla con discursos sobre la antipolítica (considerando a todos los políticos iguales) y la crítica a los sindicatos, obviando que éstas han sido la dos herramientas con las que la izquierda tradicional ha sentado las bases para un sistema como el actual, con sus errores, fallos e ineficiencias, pero que ha permitido que la mayoría de la población haya obtenido educación y sanidad al margen de su condición social.

Eso es lo que el 15S se va a reclamar; el 25S sigue en la interpretación de la destrucción creativa de Bakunin: “la pasión por la destrucción es una pasión creadora”. Que cada cual elija, sin ingenuidades que puedan derivar en sorpresas desagradables.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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4 respuestas a #15S vs #25S

  1. Luis thuillier dijo:

    Muy bien expuesto. Aún así sigo pensando en la unidad de la izquierda frente al ultraliberalislo financiero como la única solución posible. Hay que buscar esos puntos de intersección y para ello debemos de huir de la descalificación gratuita que genera rechazo visceral. Sólo unidos podremos ganar esta descomunal batalla.

    • Y existen estos puntos de intersección, sin duda, incluso con organizaciones a las que, desde colectivos recientes, se critica (legítimamente, insisto) y se intenta meter en el mismo saco de quienes nos han traído hasta aquí.
      Gracias por tu comentario!

  2. Elena dijo:

    El ego y el protagonismo que buscan muchos colectivos, sindicatos…lo único que crea es dispersión y división. O estamos todos a una, o no se conseguirá nada. Tiene que haber una convocatoria clara y no 25 a la vez. Es importante aunar esfuerzos y buscar los puntos en común. Lo único que crea por un lado el 15 S y por otro el 25 S es división. Puede haber una manifestación el 25 S por ejemplo y que se sumen los sindicatos con una huelga general el mismo día. Una cosa no quita la otra. Pero tanto ombliguismo está dispersando y debilitando la acción.

    • Coincido en la necesidad de una convocatoria unitaria, capaz de sostenerse en el tiempo, pero para eso hace falta unidad de objetivos y entender que en esa lucha hay mucha gente, que hay movimientos transversales y que eso no significa que unos sean traidores a la causa (la que sea). Hemos demostrado que cuando más fuerza hemos tenido en la respuesta es cuando nos hemos presentado unidos en una misma base, aunque la diferencia estribe, en gran medida, en los procedimientos. Como bien dices, hay puntos en común, de salida, y sólo falta encontrar la fórmula para que esos puntos en común permita sumas a la protesta.
      Gracias por tu aportación!

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