Prensa comercial convertida en prensa de partido

Uno de los debates más sesudos en la licenciatura de Ciencias de la Información pasa por fijar el origen del periodismo, actividad que el Diccionario de la RAE define como “captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades”. Según los manuales de Historia del Periodismo que se estudiaban, algunos autores fijaban este origen en la Antigüedad, aunque lo habitual era situar en origen en las gacetas comerciales que se publicaban en el siglo XVI porque permitía aunar dos conceptos básicos: tratamiento de información y periodicidad. En estos mismos manuales, se consideraba la imprenta como la herramienta que permitió sentar las bases de una actividad económica que pronto se generalizaría en Europa y en el continente americano, al calor de la colonización.

Dejando a un lado la historia de Inglaterra, la evolución del periodismo en el continente europeo y sus colonias (también EEUU) vivió en el siglo XVIII la irrupción de una realidad que obligó a establecer diferencias entre la manera de hacer periodismo: por un lado, se siguió hablando de la faceta comercial de la prensa (que culminaría con la fundación de diarios a lo largo del siglo XIX, azuzado por la secuencia de invenciones que permitieron acelerar los tiempos de publicación); por otro, nació la idea de prensa de partido, al calor de los debates previos a las revoluciones francesa y americana, para referirse a publicaciones periodísticas centradas en la difusión de las ideas o mensajes de facciones políticas, dirigidas a sus militantes/simpatizantes (aunque esta modalidad no llegaría hasta la implantación de los partidos obreros y los de masas a finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX).

A finales del siglo XIX, esta distinción quedó meridianamente clara, sobre todo gracias a la difusión de prensa de partido por parte de las organizaciones ubicadas en la izquierda ideológica (laboristas, socialdemócratas, anarquistas y  comunistas) y así llega hasta nuestros días. En España todavía se publican ejemplares de la reconocida prensa de partido vinculada al PSOE (El Socialista, fundado en 1886, que hoy se publica on line con periodicidad semanal) o al PCE (Mundo obrero, que nació en 1930), que se siguieron publicando de manera intermitente durante el franquismo; en otros países, como en Francia o Argentina, existe gran difusión de cabeceras con las que se difunde el ideario anarquista.

Sin embargo, en España vivimos una curiosa mutación entre prensa de partido y prensa comercial, sobre todo en medios de comunicación afines al PP. De un tiempo a esta parte, ABC y La Razón, que compiten por el mismo caladero de lectores, han vuelto a confirmar que las sinergias que cada uno sigue forman parte de la misma, por lo que podrían fusionarse sin que nadie lo notara en el kiosko. También han vuelto a demostrar que son el altavoz del partido en el Gobierno, y que esta relación va mucho más allá de la línea editorial.

Ayer, durante la jornada de reflexión, ambos se presentaron con portadas que pretendían glosar el cierre de campaña electoral en Euskadi y Galicia pero que en la práctica fueron un llamamiento al voto para el PP -algo más disimulado en ABC (que entrecomilló las palabras de Mariano Rajoy) pero muy claro en el caso del diario de Planeta-, saltándose de manera sibilina la prohibición de pedir el voto que marca la Ley electoral.

Esta actuación ya no es una anécdota. Desde que El Mundo se saltó la prohibición en 2004 y salió a la calle el 13 de marzo, con una entrevista del número 1 del PP al Congreso, Mariano Rajoy, en la que manifestó su convicción moral de que ETA estaba detrás de los atentados de 11-M en Madrid, de una manera u otra, la prensa conservadora se las ha arreglado para pedir el voto para el PP, aunque cuesta recordar una ocasión más evidente que la que hoy nos ocupa.

Por si lo ocurrido ayer no fuera poco, La Razón insiste hoy en recordar a los ignorantes electores vascos (suponemos) quién es EHBildu, sobre todo si, como reflejan los sondeos oficiales, se convierte en la segunda fuerza parlamentaria en Euskadi.  ABC, que ayer quedaría muy satisfecho con su función de agit prop -que se le suele atribuir a la prensa progresista, si es que podemos seguir hablando en esos términos- prefiere mutar en revista de corazón para lanzar un mensaje a favor de la monarquía española, aunque, en la práctica, al final el lector sólo piense en lo bien que le sienta a la princesa Letizia Ortiz la pamela y el color rosa palo:

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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