21-O (y V). Euskadi, un problema para Rajoy, que esgrime el éxito gallego

Los resultados de las elecciones anticipadas en Galicia y Euskadi arrojan dos conclusiones: a poco más de un mes de las elecciones en Cataluña, que, si no fallan los pronósticos, ganará con holgura CiU, Mariano Rajoy confirma que tiene un problema en dos de las tres CCAA históricas del Estado español, que estarán presididas (si damos por supuesto que Iñigo Urkullu será el próximo lehendakari en el País Vasco) por partidarios de explorar nuevas formas de relación con el Estado español, cuando no por líderes que han descubierto las bondades del independentismo.

Euskadi abandona el espejismo abierto en 2009, que permitió que por primera vez el líder de un partido no nacionalista ocupara Ajuria Enea, y vuelve al que parece su estado natural: liderazgo del PNV, que tiene todas las opciones para gobernar con el 34,64% de representación obtenida, en solitario con acuerdos puntuales (en función de la materia, con EHBildu o PSE) o en coalición (situación ésta que se antoja harto difícil en estos momentos).

La irrupción de EHBildu confirma que, tras las sucesivas ilegalizaciones de Batasuna y las marcas políticas que nacieron para buscar la representación de la izquierda abertzale, el sistema de partidos en el País Vasco ha quedado alterado y vuelve, en cierta medida, a parecerse, con matices, al que se daba en la década de los años 90, antes de que la obsesión por los nacionalismos periféricos de José María Aznar se tradujera, en la práctica, en un aumento del apoyo electoral para estas formaciones (ver resultados al Parlamento vascos en los comicios de 1990 o 1994). La Ley de Partidos, por lo tanto, que se estimó como útil para acabar con ETA en su momento, se ha vuelto el contra de las mismas formaciones que la impulsaron.

La buena noticia para el presidente del Gobierno es que al problema vasco (agudizado por el resultado obtenido por el PP vasco) no se le añade el que podría haber sido problema gallego, si la formación que lidera Alberto Núñez Feijóo hubiera perdido el apoyo de las urnas. Una derrota en Galicia hubiera supuesto el inicio del fin del Gobierno de Rajoy, ya que sería el termómetro más claro del clima de oposición a su política económica y el pistoletazo de salida para que los críticos con su gestión volvieran a plantear la solvencia de su liderazgo.

Una victoria como la cosechada el 21 de octubre no sólo le permite tomar aire de cara a futuros recortes (¿Pensiones? ¿Prestación por desempleo?), sino que le da carta blanca para solicitar el rescate total como país con la tranquilidad que suscita que en Cataluña el PP no se juega nada electoralmente y que, si no ocurre algo extraordinario que le obligue a adelantar las elecciones, queda mucho tiempo para la próxima cita electoral: los comicios al Parlamento Europeo, previstos para el año 2014. De paso, Mariano Rajoy se ha quitado de encima la presión del principal partido de la oposición, que, con el resultado obtenido, sobre todo en Galicia, confirma que la travesía por el desierto no ha terminado.

El resultado obtenido en Galicia y la pérdida de poder -previsto- en Euskadi constituyen la principal amenaza para el liderazgo del PSOE, que constata, en carne propia, que parece que el voto de castigo que se abrió en las elecciones autonómicas gallegas en 2009, que siguió en las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2011 y que culminó el 20 de noviembre de 2011, no se ha frenado.

Los mensajes velados que los sectores críticos -en general, los que apoyaron a Carme Chacón en el Congreso de Sevilla- lanzaron este lunes confirma que la dirección del PSOE, además de hacer frente a la opinión vertida en las urnas -en forma de voto de castigo y de abstención- debe centrarse en convencer a sus bases del proyecto que capitanea Alfredo Pérez Rubalcaba que, según las primeras reacciones, pasa por realizar una profunda reflexión sobre lo ocurrido y adoptar decisiones cuanto antes para conformar una alternativa creíble capaz de ilusionar a la ciudadanía.

Si en clave nacional hablamos de que la pérdida de apoyos del PSOE estaría engrosando las listas de UPyD e IU, el resultado del 21-O permite ajustar más esta afirmación: la confluencia de EU-Anova apunta a que IU estaría capitaneando la conformación de un bloque de izquierdas alternativo que, quizás a medio o largo plazo, podría disputar al PSOE el liderazgo como fuerza de oposición de centro-izquieras al PP.

Galicia

Fuente El Mundo: http://cort.as/2ei

Alberto Núñez Feijóo lo consiguió. El electorado avaló de manera mayoritaria uno de los mensajes más difundidos de la campaña electoral: que el 21 de octubre se votaba en clave gallega, para elegir el futuro de Galicia, y no como test de la gestión de Mariano Rajoy al frente del Gobierno central.

Esta tesis dio sus frutos, aunque con matices: con un 63,80%  de participación (-0.63%) y con 150.000 votos menos, el PP logró el domingo aumentar la mayoría absoluta conseguida en los comicios autonómicos de 2009 hasta los 41 escaños.

El motivo, más allá del planteamiento de la campaña circunscrita a Galicia, se explica, sobre todo, en la división de la izquierda y la caída de apoyo electoral. El PSdeG logró 293.671 votos (que se traducen en 18 escaños), casi 231.000 menos que los cosechados en 2009, y el BNG se hizo con 145.389 votos (-125.000 en relación a 2009), que se traduce en 7 escaños, 5 menos que entonces, convirtiéndose en la tercera fuerza política parlamentaria en Galicia. La gran sorpresa de la noche, apuntada por los últimos sondeos conocidos en el último fin de semana de la campaña electoral, la dio EU-Anova, que consiguió 200.101 votos y 9 escaños, lo que la convierten en la tercera fuerza política de la cámara gallega.

Un análisis por provincias indica que el PSdeG perdió casi 100.000 votos en A Coruña (provincia en la que EU-Anova logró 96.000 votos), y que el BNG perdió la mitad de los votos conseguidos en 2009 en Ourense (de 36.100 ha pasado a 15.000, con EU-Anova logrando 14.000 papeletas) y en Lugo (donde en 2009 tenía 33.000 votos que el domingo se quedaron en 16.500). En todos los casos, EU-Anova recogió votos de ambas formaciones (además de las cifras citadas, logró 70.400 de Pontevedra). El PP se dejó 40.000 votos en Coruña, 60.000 en Pontevedra, 12.000 en Lugo y 20.000 en Ourense.

En términos generales, una primera revisión de los datos indica que el PP, con pérdida de votos y un porcentaje menor de representación (ha pasado de 46,68% al 42,72%) logró aumentar la ventaja conseguida en los últimos comicios confirmando, de paso, que, la aplicación de la Ley D’Hondt vuelve a penalizar la división, sobre todo por la toma de la provincia como la circunscripción -circunstancia que podría aumentar si, finalmente, Feijóo hace realidad una de sus propuestas de la precampaña: reformar la Ley electoral y reducir el número de diputados autonómicos-.

También se confirma que la suma de la representación de las tres fuerzas que formarán la oposición es del 44,68% del electorado que fue a las urnas, lo que se traduce, en la práctica, en el sesgo mayoritario que se le atribuye al sistema electoral español precisamente por la elección de la circunscripción: Feijóo, con el 42,72% de los votos emitidos, gobernará con una mayoría que casi iguala la obtenida por Manuel Fraga en las elecciones de 1993 y 1997, cuando logró 43 y 42 diputados respectivamente. Si se tiene en cuenta, además, la abstención (36,20%, esto es, unos 800.000 ciudadanos), podemos estar hablando de que gobernaría con el apoyo de sólo un 30% del censo electoral.

En clara correspondencia con la campaña electoral de EU-Anova, el resultado en las urnas confirma la irrupción de una fuerza política novedosa, la Syriza española, capaz de aglutinar distintas sensibilidades de la izquierda ideológica y que ha recibido votos de todas partes: por un lado, del descalabro del BNG (de la que la formación que preside Xosé Manuel Beiras se escindió hace unos meses). Por otro, es plausible pensar que EU recibió votos del sector situado más a la izquierda del PSdeG que, unido a su base electoral (en las últimas citas, por debajo al 5% de la barrera electoral) permitió visibilizar otra fuerza parlamentaria. Además, y a falta de un análisis más profundo de los datos, es posible que se haya hecho con los votos del electorado más joven, que fue el que llenó sus mítines de campaña.

En este sentido, el éxito electoral de la coalición, que sigue la estela de otros triunfos de IU (subió en las últimas elecciones generales y en los comicios de Andalucía y Asturias), confirmó dos tesis que no tienen por qué ser contradictorias: por un lado, IU recibe votos de una parte del electorado del PSOE; y por otro, consciente de que el sistema electoral penaliza la fragmentación, está siendo capaz de aglutinar distintas sensibilidades en una única formación, que gran parte del establishment define como radical pero que en la práctica está reuniendo a una parte del voto del descontento que exige que la política vuelva a ocupar el papel central de nuestro sistema de convivencia.

Los grandes perdedores de la noche fueron BNG y PSdeG. Parece que el electorado castigó en las urnas la división del BNG y, tal vez, la elección de un candidato que ni era conocido ni, tal vez, fue capaz de contrarrestar el carisma desplegado por Beiras, un político bien conocido y bien valorado en general incluso entre quienes no forman su base electoral.

El caso del PSdeG coincide con estos rasgos y presenta alguno más. Pachi Vázquez fue elegido por aclamación ante el adelanto electoral, poniendo fin, momentáneamente, a la crisis larvada en el socialismo gallego desde la marcha de Pérez Touriño, sólo acallada por las primarias que Vázquez ganó a Elena Espinosa. La campaña, tal y como hemos comprobado, se montó en clave nacional, con la participación de líderes del PSOE y del propio Alfredo Pérez Rubalcaba, que visitó Galicia hasta en seis ocasiones durante la campaña.

De ahí que su debacle electoral (pierde 7 escaños y 231.000 votos) se lea, necesariamente, como la que podría ser la última estocada contra el liderazgo de Pérez Rubalcaba, que ganó el congreso de Sevilla por estrecho margen y ayer pudo comprobar cómo los posibles candidatos -todos perdedores en sus citas electorales- comenzaron a plantear la necesidad de una renovación profunda y de, tal vez, otro cabeza de lista capaz de construir una alternativa a Mariano Rajoy.

Desde el PP nacional, y a pesar de la estrategia de Núñez Feijóo para realizar una campaña muy presidencial y, en la medida de lo posible, lejos de la simbología ‘popular’ y de su propio líder, Mariano Rajoy, se extrae también una lectura dirigida a reforzar la posición del presidente del Gobierno. Si en 2009, la victoria de Feijóo consiguió apaciguar la rebelión interna en el PP y le permitió a Rajoy comenzar a consolidar su liderazgo, el resultado obtenido el 21-O se interpreta como una muestra de que la “mayoría silenciosa” está de acuerdo con las políticas de ajuste emprendidas por su Gobierno. Ésta fue la primera valoración que realizó la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, mensaje remitido por los contertulios más afines a los ‘populares’, lo que hace pensar en emisión de argumentarios con esta idea.

Desde este punto de vista, el Gobierno podría pensar que, a pesar de la movilización en la calle, de la huelga general convocada el 14N y del malestar evidente que reflejan los sondeos sobre la gestión y la situación política del país, tiene mano libre para tocar una de las vacas sagradas del Estado de bienestar español: el sistema público de pensiones.

El resultado de las elecciones confirma una fragmentación de la Cámara, entre la oposición, que no se registraba desde las primeras legislaturas en Galicia (en 1981  cinco formaciones componían la cámara gallega, cifra que se rebajó a cuatro en los comicios de 1985 y 1989, hasta que en 1993 comenzaron las legislaturas de un parlamento compuesto por tres fuerzas parlamentarias, con absoluto predominio del PP).

La diferencia del resultado actual, en comparación con otros momentos históricos, es que pasamos a hablar de una cámara compuesta por una fuerza política claramente mayoritaria y una segunda que comienza a ser cuestionada: si se sumaran los votos de BNG y EU-Anova tendríamos que empezar a hablar de un sistema de partidos en plena refundación en Galicia, sin una clara perspectiva sobre quién debería poseer el cetro de principal partido de la oposición.

Se confirma, también, en el caso gallego, que los sondeos fallaron estrepitosamente. El barómetro preelectoral del CIS y el sondeo del ObSERvatorio otorgaban al PP una mayoría absoluta, pero, en cualquier caso, no se esperaba este aumento (si exceptuamos el resultado que un par de días estimó la encuesta diaria de Sondaxe para La Voz de Galicia que, aunque acertó en las estimaciones respecto a Núñez Feijóo, no lo hicieron en la misma medida en PSdeG y BNG).

Las encuestas, en general, no acertaron tampoco al anticipar la debacle del PSdeG y del BNG, lo que, quizás, se explicaría, en parte, por el último tramo de campaña de EU-Anova, magnífico en cuanto a su capacidad de movilización (recordemos que fue entonces cuando se comenzó a destacar que el aforo de sus actos quedaba escaso ante la presencia de simpatizantes).

Euskadi

Fuente El Mundo: http://cort.as/2ei

Las encuestas preelectorales y las conocidas durante la campaña electoral acertaron, al menos en parte: el sondeo preelectoral del CIS pronosticó que el PNV obtendría 27 escaños y que EHBildu sería segunda fuerza con 21. También apuntó que el PP se quedaría con 9-10 asientos. Falló en la estimación para el PSE (14 escaños), en la de Ezker Anitza (3) y en la ausencia de UPyD [Ver post: http://cort.as/2eiq]

Los resultados obtenidos en Euskadi confirman los datos en relación con el PNV (que habría recibido 383.565 votos, 16.000 menos que en 2009), con EHBildu y con el PP, que, con 10 escaños (y 129.907 votos, -16.000), consigue el peor resultado en unos comicios autonómicos vascos desde 1994 (cuando logró 11 diputados). Se certifica la pérdida de poder del PSE (de 25 diputados pasa a 16, con 106.000 votos menos), aunque se queda en la horquilla que estimaban algunos sondeos (como el del Gobierno vasco o el de Sigma Dos para El Mundo);  la debacle de Ezker Anitza (cuyo coordinador general y candidato a la Lehendakaritza, Mikel Arana, presentó el domingo su dimisión irrevocable); y la consolidación del diputado que UPyD consiguió en los anteriores comicios.

Todos los sondeos pronosticaban la irrupción de EHBildu en el Parlamento, como segunda fuerza, y la constatación de esta realidad permite asegurar, sin género de dudas, que la coalición que lidera Laura Mintegi ha sido la formación que ha capitalizado el fin de ETA. Recordemos que la última vez que una formación de la izquierda abertzale pudo presentarse a los comicios (con permiso de Aralar, que en 2009 consiguió 4 diputados y más de 62.000 votos), con la marca EHAK, logró algo más de 150.000 votos (9 escaños).

EHBildu, con 276.989 papeletas, consiguió casi duplicar el apoyo conseguido en 2005 (126.345 votos) y mejora el récord conseguido por EH en 1998, cuando acaparó 224.001 votos y tocó techo electoral, con 14 diputados. Todos estos datos debieran, quizás, llevar a la reflexión a los que defendieron la utilidad de la Ley de Partidos para terminar con ETA y su brazo político (decían), términos que se pudieron leer en los sectores más duros del PP a nivel político y mediático, con Esperanza Aguirre e Isabel San Sebastián a la cabeza, que cargaron las culpas contra el TC por permitir, en los comicios generales, que Bildu pudiera concurrir a las urnas.

Sin embargo, el éxito electoral de la formación de la izquierda abertzale merece un análisis aun más detallado por provincias. EHBildu confirma su asentamiento en Vizcaya (donde obtuvo 128.000 votos, seguramente buena parte de ellos procedentes del PSE, que se dejó 64.000) y en Guipúzcoa (donde obtuvo 114.000 papeletas). Con estos datos logró empatar en número de escaños con el PNV (9 cada uno), que perdió uno respecto a 2009, lo que se suma a los tres que se dejó el PSE (pasa de 8 a 5) y otro del PP. Como es bastante improbable que un votante del PP votara a la coalición, habría que pensar que ese escaño que se dejó la formación de Basagoiti fue a las filas del PNV, que habría cedido dos a la coalición abertzale.

El PNV ganó las elecciones con 383.2565 votos (16.000 menos que en 2009) y pierde tres escaños respecto a aquellas elecciones, confirmándose la pérdida de apoyos constante desde 1998 (cuando se hizo con 350.000 votos y 21 escaños). Las eleccciones siguientes, que coincidieron con la política de confrontación de José María Aznar contra los nacionalismos, convirtieron al PNV en uno de los grandes beneficiados, con la consecución de 33 diputados (y más de 600.000 votos) en 2001, porcentaje que fue descendiendo hasta los 27 conseguidos el domingo.

El PSE logró 211.939 votos (-106.000 respecto a los comicios de 2009) y 9 escaños, casi la mitad de su electorado; la pérdida de escaños, por su parte, fue a la par en las tres provincias vascas: los socialistas se dejaron 3 diputados en cada territorio, asientos que recibió de manera unánime EHBildu.

La buena noticia para Patxi López es que consiguió mejorar la marca que le otorgaban los sondeos; la mala noticia es que es tercera fueza política parlamentaria y que, a pesar de liderar el Gobierno en el que ETA anunció que no volvería a matar, no fue capaz de capitalizar el fin de la banda terrorista. El PSE tampoco logró aprobar su gestión económica -a pesar de que Euskadi es una de las CCAA que mejor están aguantando la crisis económica-.

Otro de los grandes damnificados de la noche fue el PP, que recibió un varapalo sólo mitigado por el éxito electoral en Galicia. A diferencia de Núñez Feijóo, Antonio Basagoiti planteó una campaña en clave nacional, para lo que contó con la colaboración de buena parte de la dirección ‘popular’. Eso no impidió que haya perdido 3 escaños y el 25% del electorado que le dio su confianza en 2009, situación que podría terminar en una guerra interna entre el sector más duro del partido y la vía que capitanea la actual dirección del PP. Ayer, los barones del PP respaldaron el trabajo realizado por el líder vasco y su partido y, según las declaraciones públicas, se le instó a que no presentara la dimisión.

El fracaso del PP en Euskadi, sin embargo, ha sido ampliamente tapado por los resultados en Galicia, de manera que Génova sólo esgrime esos resultados -como si sólo hubiera habido una cita electoral el pasado domingo- como el ejemplo de la extrapolación de la opinión de la mayoría de la ciudadanía respecto a sus políticas. Revalida, así, la impresión de que el PP tenía la campaña vasca por perdida -como ocurre, en cierta manera, con la campaña catalana que arrancará en pocas semanas-.

Gorka Maneiro, con 21.492 votos  repite, casi, el resultado obtenido en los anteriores comicios por UPyD (22.233 votos) y logró conservar su escaño como diputado. Ésta fue una buena noticia para la formación que lidera Rosa Díez, que reafirmó, de nuevo, que su fuerte implantación en la Comunidad de Madrid o en la Comunidad Valenciana no tiene traducción en las CCAA periféricas: en Galicia fue irrelevante y se espera un resultado similar en Cataluña. Recordemos que tampoco logró entrar en el Parlamento andaluz, aunque sí en el asturiano, siendo, además, el voto definitivo que declinó el color del gobierno autonómico en el sector de las izquierdas (PSOE e IU).

En términos generales, el 60% del censo que ejerció su derecho al voto el domingo lo hizo en favor de los abertzales, como repitió Iñigo Urkullu durante su primer discurso como ganador de las elecciones, en el que se centró en la crisis económica y no tanto en el debate territorial -asunto con el que cerró la campaña-. El bloque constitucionalista, con 27 escaños, representa ahora al 32,8% del electorado que acudió a las urnas, en una jornada que registró una abstención del 34,17% (acudió a votar el 65,83%, +1.15% respecto a 2009 aunque 3 puntos porcentuales menos que en las elecciones de 2005).

Consideraciones

  • El PP intentará capitalizar el resultado de Galicia en un intento de hacer una extrapolación con el resto del territorio, en gran medida porque no se prevén citas electorales en muchos meses. A pesar de la repetición de que los comicios se planteaban en clave gallega, se sabía que, en función del resultado, la lectura se realizaría en clave nacional
  • Esta actitud podría hacer que el Gobierno y el PP asumieran como real el apoyo de la ciudadanía a unas políticas que son sistemáticamente suspendidas en los sondeos, a pesar de que las urnas arrojen otros datos. La lectura más adecuada a este estado debería situarse en el voto de castigo que el PSOE sigue sufriendo, casi un año después de abandonar La Moncloa, y en la fragmentación de la oposición.
  • Tanto las formaciones minoritarias de alcance estatal como las de implantación autonómica/nacionalista están viviendo sus años dorados, en gran medida gracias al desgaste socialista.
  • El PP no debería obviar que en Galicia ha perdido casi 150.000 votos y que en Euskadi se han dejado 16.000 votantes en la cuneta
  • Con las pérdidas registradas en Euskadi y Galicia, y la previsible sangría de votos que recibirá en Cataluña, el PSOE pierde su papel como partido vertebrador de España. Durante el liderazgo de Rodríguez Zapatero (cuando consiguió gobiernos en las tres CCAA históricas) se solía repetir que el PSOE era el partido que más se parecía a España y el que mejor vertebraba la realidad plurinacional del país. Después del 21-O se abren dudas a este respecto.
  • A pesar de la derrota en Euskadi, parece que el liderazgo de Patxi López al frente del PSE no se cuestiona. La entrada de EHBildu en la terna electoral hacía presagiar un cambio en el mapa electoral y de partidos en Euskadi, un cambio que, insistimos, no ha resultado tan negativo para los socialistas. Si tenemos en cuenta, además, que Urkullu va a tener que gestionar la salida de la crisis y que EHBildu, con probabilidad, perderá la inocencia de partido sin responsabilidad de gobierno (si el PNV decide contar con su apoyo para determinadas políticas) es posible que la situación no pinte tan mal para el PSE, sobre todo si es capaz de montar una alternativa creíble, con un liderazgo sólido (sea éste el de López o no).
  • El caso de Galicia, para los socialistas, es distinto. El liderazgo de Pachi Vázquez fue cuestionado desde el principio y, parece, fue candidato casi por casualidad. Sus primeras afirmaciones, declarándose satisfecho por el trabajo realizado en la campaña, no ayudó precisamente para plantear una catarsis sobre el resultado haciendo autocrítica sobre el planteamiento de la campaña, los mensajes e incluso sobre la conveniencia de un liderazgo sin carisma como el suyo. Vázquez podría pasar a la historia por ser el candidato que convirtió a Feijóo en casi un estadista y en posible delfín para suceder a Rajoy, cuando toque.
  • A pesar de la normalidad con la que se celebraron las elecciones, las formaciones debieran pararse a analizar el porcentaje de votantes que está acudiendo a votar: este dato desciende, elección tras elección. Si bien en los países de nuestro entorno, se entiende como dato normal una participación del 60% (excepto en Francia) en España este dato solía estar en torno al 70%, lo que indica cierta apatía del electorado por la situación política del país -ejecutada en forma de abstención activa o pasiva, difícil de distinguir-.
  • Junto al aumento de la tendencia a la abstención, los partidos centrales del sistema político deberían comenzar a plantear dudas sobre los papeles que representan. Por ahora, es al PSOE al que le están surgiendo partidos políticos a su izquierda -con sesgo nacionalista/regionalista o no-, y eso es debido al trabajo de uniformidad que ha hecho el PP desde los tiempos de José María Aznar para, incluso, tener controlada la discrepancia. Sin embargo, de la misma forma que a los socialistas les sobrepasan partidos por la izquierda no sería del todo descabellado pensar que, cuando se ponga fin a la ola alcista electoral ‘popular’, les ocurra algo parecido -ya hubo amagos con la formación de Francisco Álvarez Cascos en Asturias y con los rumores sobre la posible marcha de pesos pesados del PP por sus discrepancias con la política antiterrorista-. Grecia, en ese sentido, podría servir de ejemplo sobre los cambios en el sistema parlamentario y de partidos sin haber acometido reforma alguna de sus estructuras.
  • Tanto en Euskadi como en Galicia se ha podido degustar, de nuevo, el sabor agridulce de la aplicación de la Ley D’Hondt en la provincia como circunscripción. Especialmente amargo ha sido el resultado para Ezker Anitza, que con 30.000 votos (frente a los 21.500 de UPyD) no logró hacerse con un escaño en el Parlamento.
  • UPyD podría haberse dado un baño de realidad, confirmando que queda mucho trabajo por hacer si aspira a convertirse en un partido de implantación nacional. Aunque su éxito siga aumentando en Madrid y Comunidad Valenciana, sería deseable una mayor implantación en algunas de las CCAA periféricas para hacer más creíble su discurso sobre la estructura del Estado y las reformas pendientes.

Así recogió la prensa de información general el resultado de las elecciones, y la resaca de los análisis:

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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4 respuestas a 21-O (y V). Euskadi, un problema para Rajoy, que esgrime el éxito gallego

  1. Lechuguero dijo:

    Hola, Carmen. Creo que merece una mención especial a Equo en el caso de Álava, donde se quedó a 800 votos de conseguir un escaño. Saludos

  2. iñaki dijo:

    Aupa, por matizarte algo yo creo que los votos de EHB son, principalmente, los 150-200mil que solia sacar HB en los 90 y las 3/4 partes de los de EA (¿50-75mil?) de finales de los 90; y algúnos despistados de Alternatiba, más que ex-votantes socialistas .
    También comentar que hay gente de Aralar que no se ha apuntado al carro (los seguidores de Ezenarro, conozco alguno que se ha abstenido).
    Por seguir con lo que comenta Lechuguero si IU-EzAn, EB y Equo hubiesen ido juntos habrian sacado representación en los tres territorios (entre los 3 más del 5%), a ver cuando espabilan.

    • Me parece que IU-EzAn y EB han aprendido la lección (estupendo si se suma Equo) en Euskadi; lo mismo se puede decir de Galicia. Hasta que no se interiorice que la Ley electoral favorece a las mayorías, tendremos realidades como las que vimos el domingo.
      Voy a darle una vuelta a lo que planteas con los datos, porque el hecho de tener igual participación que en 2009 me escama -aunque los 3 escaños que perdió el PSE en cada provincia me hace sospechar-.
      Muchas gracias por vuestras aportaciones, apuntes y matizaciones!

      • iñaki dijo:

        Los que entran (gente de HB que ni siquiera fué a votar nulo hace 3 años) por los que salen (socialistas desencantados por gobernar con el PP), aunque ya sé que es hacer una simplificación muy grande yo creo que más o menos cuadra. Gracias a ti por contestar.

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