Cataluña es Grecia

El resultado de las elecciones autonómicas del 25 de noviembre, y su reparto parlamentario, dibuja el siguiente escenario para formar gobierno:

  • El nuevo Parlament queda de la siguiente manera: soberanistas (CIU, ERC y CUP), 74 escaños, 87 si sumamos a ICV; unionistas (C’s y PP), 28 escaños; federalistas (PSC e ICV), 33. Otra suma: partidarios de reformar la relación de Cataluña con España, 107 frente a 28 escaños. Si nos fijamos en el eje económico: derecha, 69 escaños (PP y CiU), 78 si sumamos a C’s; e izquierda, 57 (66 si sumamos a C’s).
  • Artur Mas planteó los comicios como un plebiscito hacia su papel de líder que debería comandar el proceso iniciado el 11 de septiembre, en la manifestación que puso fin a la Diada, y que debería llevar a la celebración de una consulta para que los ciudadanos decidieran sobre la relación de Cataluña con el conjunto del Estado español y, de acuerdo a los resultados, al inicio de una fase que debería culminar en la independencia de Cataluña.
  • CiU gobernaba en solitario gracias a los 62 escaños obtenidos en los comicios de 2010, apoyado por el PP, que tanto con su voto como con la abstención, apoyó las políticas de recortes puestas en marcha por el Govern, fuertemente contestadas en la calle.
  • La estrategia electoral de CiU pasaba por lograr una mayoría amplia, basado en la idea del derecho a decidir, que, en la práctica, podría tapar las críticas hacia su gestión de gobierno, con desmantelamiento de la sanidad pública, medidas como el euro por receta, recortes en educación pública y una contundente presencia policial como atestiguan los que acudieron a convocatorias del 15M o de los sindicatos a propósito de la huelga. Los asuntos relacionados con presuntas tramas de corrupción pasaron desapercibidas durante la legislatura, hasta la segunda semana de campaña.
  • En la práctica, Mas ha perdido el plebiscito planteado: no sólo no logró aumentar su mayoría para acercarse a los 68 diputados, que es la cifra mágica en el Parlament catalán, sino que CiU es la formación que más apoyo social pierde, con 12 escaños menos.
  • Ante esta situación, parece probable que haya perdido votos por dos vías: por un lado, en cuanto a su proyecto de país, su trayectoria derivó en dudas sobre la solvencia de su compromiso, por lo que una parte del electorado prefirió apoyar a una formación que defiende históricamente la independencia (ERC) o la permanencia de Cataluña en España (a través del federalismo de PSC); por otro lado, los efectos de los recortes económicos aplicados habrían podido dispersar el voto a otros partidos críticos con estas políticas de la Generalitat. Así que es probable que, mientras desde CIU se diseñó una campaña en clave soberanista, en la práctica ha pesado el voto económico.
  • Mas ganó las elecciones pero tiene ante sí la dificultad de formar gobierno. Ante esta situación, presenta varias alternativas: 1) asumir el gobierno en minoría, con apoyos puntuales basados en la geometría variable, técnica parlamentaria que aplicó Rodríguez Zapatero en su segunda legislatura y que le llevó a negociar con cada partido en función del tema que se tratara. En muchas ocasiones, estos partidos vendieron muy caro su apoyo. 2)  CiU necesita 16 escaños para gobernar, y esos escaños se lo podrían prestar el PSC (con quien parece no compartir punto de partida en ninguno de los ejes sobre los que ha pivotado la campaña: identidad y recortes económicos); con ERC (con la que podría coincidir en una misma visión sobre el proyecto identitario de Cataluña pero con la que discrepa en cuanto a los planes económicos); y el PP, con quien está hermanada respecto a la visión económica pero con quien ha protagonizado un duro enfrentamiento durante la campaña a propósito del choque entre nacionalismos.
  • Desde la misma noche electoral, una vez asumido el resultado, Artur Mas se dirigió a otras formaciones, az las que avisó de que deberían hacerse “corresponsables” del futuro del país tanto a nivel económico y social como en relación a la convocatoria de la consulta. Parecía un guiño a ERC, a quien le emplazaba a entrar en el futuro Gobierno, pero también podía entenderse en otras claves.
  • El PSC se desmarcó de esta oferta el martes por la mañana. Pere Navarro, desde la Cadena SER, recordó las diferencias insalvables entre ambas formaciones y recordó el acuerdo firmado con CiU en el inicio de la legislatura, acuerdo que CiU habría vulnerado en su totalidad. Poco después de este desmarque, se conoció la puesta en marcha de la Operación Mercurio, contra una presunta trama de corrupción -basadas en el cobro de comisiones ilegales, del 3%, en la adjudicación de obras públicas- en municipios de Barcelona controlados históricamente por el PSC, que se ha saldado con 12 detenidos y 26 imputados, entre ellos el número 2 del PSC, Daniel Fernández, y los alcaldes de Sabadell y de Montcada de Reixac
  • Tras la agria campaña electoral, con dirigentes del PP sugiriendo la veracidad del borrador de informe policial sobre la presunta existencia de cuentas secretas de las familias Mas y Pujol en Suiza, vuelve la educación entre dos partidos que, salvo en el componente identitario, comparten ideario. La prueba de esta rebaja de tensión la tuvimos en la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los diputados, ayer, en la que Josep Antoni Duran Lleida, el mismo que habló de que el Estado había puesto a funcionar sus cloacas para perjudicar a Mas, rebajó el tono y se quejó amablemente de las afirmaciones vertidas por Soraya Sáenz de Santamaría y Cristóbal Montoro. Mariano Rajoy se limitó a decir que no podía permitir que se usaran esas expresiones en relación al funcionamiento del Estado.
  • Desde el lunes, se ha escuchado a líderes de CiU dirigiéndose abiertamente a ERC, a quien se le insta a actuar con responsabilidad. No se asume que la situación creada es por obra y gracia de un adelanto electoral decretado por CiU en exclusiva, que insiste en que esta legislatura deberá acometer recortes por valor de 4.000 millones de euros, esto es, el equivalente a los recortes ejecutados en 2011 y 2012. Al mismo tiempo, se planteó la posibilidad de abrir una negociación con ERC en varias líneas, manifestando su disposición a retirar el euro por receta (que hasta hace dos días era imprescindible para garantizar la sostenibilidad del sistema público catalán) y la recuperación del impuesto de patrimonio. Pese a todo, el líder de ERC, que manifestó que no pondrá dificultades a la investidura de Mas como presidente, ha descartado que su formación entre en un gobierno de coalición con CiU.
  • CiU se ha metido en un callejón sin salida, con el beneplácito de las urnas: si forma gobierno y se apoya en ERC, la formación de Junqueras venderá muy caro el apoyo, y eso pasa por modificar la política económica y por celebrar la consulta. Si pacta con el PP, incidirá la crítica hacia la gestión económica -que parece ser el motivo que explica su caída en número de votos y representantes- y supondrá la voladura de su papel como líder del proceso que conduzca a la independencia -pues ésta va a ser el requisito que marque el PP.

Ante esta realidad caben varias opciones: por un lado, gobernar en minoría y exponerse, desde su debilidad inicial, a los requisitos del resto de formaciones, que tienen votos suficientes para presentar una moción de censura si llegara el caso. Por otro, pactar con ERC o PP, asumiendo que, haga lo que haga, cometerá su suicidio político. Existe una tercera alternativa: propiciar la salida de Mas como líder de CiU para tratar de reconducir la situación institucional de Cataluña, con el coste que esto supondría en las expectativas de una parte del electorado que creyó en la idea de una Cataluña independiente. Si CiU prescinde de Mas podría  atribule  directamente la responsabilidad de una estrategia electoral equivocada (basada en la idea de que el apoyo de la manifestación se traducía en un apoyo a CiU) y en la consiguiente pérdida de apoyos. Este relevo podría limar las asperezas con el PP, aunque seguiría teniendo un problema con la ciudadanía.

Ante este escenario y con la necesidad de aprobar a corto plazo unas cuentas públicas, que incluiría nuevos recortes y que derivará, previsiblemente, en un incremento de la tensión social, se empieza a asumir la idea de que podríamos estar en la antesala de una nueva cita electoral, motivada por la situación de desgobierno en la que podría caer Cataluña.

Esta no sería una situación nueva: la CAM repitió elecciones tras el ‘tamayazo’, en 2003, y, este mismo año, el Principado de Asturias fue a las urnas sólo 10 meses después de haberse celebrado elecciones. Sí hay diferencias en los matices: La CAM repitió elecciones en un momento de prosperidad económica –sin tensión social ni debates sobre el sistema político español- y el Principado de Asturias no tiene, ni de lejos, el peso económico, político y social que Cataluña.

La situación actual se parece mucho más a lo que ocurrió en Grecia en mayo de este año, cuando las elecciones parlamentarias arrojaron una mayoría insuficiente para formar gobierno, lo que derivó en una  repetición de los comicios, mes y medio más tarde, con la victoria de ND por la mínima, que alcanzó un pacto de gobierno aparentemente antinatura con el Pasok y Dimar. Este acuerdo, que permitió salvar el primer ‘match point’ no derivó en una rebaja de la tensión social y el desgaste de los partidos que forman gobierno, que pierden apoyo en beneficio de Syriza, la coalición de izquierdas contra la que la UE ejecutó una campaña de desprestigio para evitar su victoria, y los neonazis de Amanecer Dorado, únicos partidos que están capitalizando el voto de la protesta griego.

Si se repitieran elecciones en Cataluña, podríamos tener, perfectamente, el siguiente resultado: CIU perdería aún más apoyo social; ERC subiría, en gran medida por la coherencia desplegada durante estos días al negarse a priorizar la consulta soberanista frente a los recortes sociales; el PSC podría recibir un nuevo castigo, a la espera del efecto de la Operación Mercurio; el PP podría obtener los mismos resultados que el 25N, igual que C’s; e ICV y el CUP podrían mantener su representación o incluso aumentarla en función de la pérdida de apoyos en las formaciones más votadas.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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