El precipicio fiscal o el “efecto Montesquieu”

“Los líderes del Congreso trabajan en una solución para prevenir esta subida de impuestos para la clase media y creo que podemos lograr un acuerdo que sea aprobado en ambas cámaras del Congreso a tiempo”.
Barak Obama

El culebrón del fin de semana lo protagoniza lo que en España se ha denominado “abismo fiscal” (“fiscal cliff”), frase que pronunció el presidente de la Reserva Federal de EEUU, Ben Bernaken,  en la Cámara de Representantes el pasado mes de febrero, y que ha circulado como un meme desde entonces.

El precipicio fiscal define la situación que se crearía en EEUU a partir del 1 de enero si el Congreso y el Senado no autorizan la superación del techo de gasto, fijado en los 2,1 billones de dólares. Si se diera esta circunstancia, de forma automática se aplicaría un recorte del gasto público de 500.000 millones [medida que afectaría directamente, por ejemplo, a dos millones de parados que cobran prestación por desempleo] y un aumento de impuestos por otros 85.000 millones.

El presidente de EEUU, Barak Obama, lleva todo el fin de semana presionando para que los representantes de los partidos políticos logren un acuerdo para conseguir una nueva autorización del poder legislativo. Sería la segunda prerrogativa que conseguiría en su mandato, después de que en agosto de 2011 los republicanos se sumaran a un acuerdo a cambio de la aprobación de la Budget Control Act, que recogía una reducción del déficit en 80.000 millones este año (hasta los 2,5 billones de dólares durante la próxima década) a través de recortes en los programas civiles y en defensa, la partida clave del endeudamiento que tiene actualmente EEUU tras los dos mandatos belicistas de George W. Bush.

La realidad es que no sólo no se ha reducido el déficit, sino que éste se sitúa en el 7,3% del PIB de EEUU, cuya economía registra aceptables niveles de recuperación, con tasas de desempleo que ya bajan del 8%, tras la crisis financiera provocada por un sobreendeudamiento de sus entidades bancarias, su exposición a activos tóxicos y su contagio a buena parte del sistema financiero occidental.

Barak Obama, que tiene en su haber un máster en control de la atención de los medios, interrumpió sus vacaciones en Hawai y se desplazó a Washington para presionar en la dirección de conseguir un acuerdo. Durante estos días, ha ofrecido comparecencias, como la que destacamos de la cadena ABCNews, y esta tarde se dirigió al país a través de Meet The Press, programa de la NBC.

Esta maquinaria persigue presionar a los 55 congresistas republicanos que, de acuerdo a las estimaciones que se manejan, están en contra de un acuerdo por su oposición a una parte del programa fiscal que Obama pretende aplicar en su segundo mandato: subida de impuestos sobre dividendos y plusvalías, subir el IRPF máximo del 35 al 39,6% o mantener la prestación por subsidio en las 99 semanas actuales. Si se llega al acuerdo, a los republicanos les correspondería convencer a los 40 senadores de su partido.

El último fin de semana de 2012 nos permite, además, asistir a uno de los ejemplos de la aplicación de la teoría de pesos y contrapesos entre los poderes políticos, en consonancia con los postulados fijados por Charles Louis de Secondat, más conocido como el barón de Montesquieu, en El espíritu de las leyes. Esta teoría, social y periodísticamente asumida como un alegato por la separación de poderes que forman el Estado (Legislativo, Ejecutivo y Judicial), en realidad tiene más que ver con la manera en la que el Estado puede garantizar el equilibrio entre esos poderes para evitar el abuso de poder y el despotismos de gobernantes que asumían el cargo por elección divina.

La arquitectura institucional de EEUU partió de este supuesto, en sintonía con las ideas ilustradas importadas del modelo británico y/o francés/continental. En la Constitución de 1776 se fijó que era el Congreso la institución autorizada para pedir prestado el dinero necesario para el funcionamiento del Estado, situación que cambió en 1917, cuando se fijó que la Cámara de Representantes aprobara un techo de deuda y que dejara libertad de movimientos al poder Ejecutivo para endeudarse hasta ese nivel de deuda.

Si, además, tenemos en cuenta el funcionamiento interno de los partidos políticos estadounidenses -muy distinto  a las maquinarias europeas- y la estructura territorial federal, que provoca que el representante no funcione en términos de disciplina de voto sino en un equilibrio entre intereses partidarios y el interés de los ciudadanos del estado al que representa, entenderemos la situación de bloqueo que en muchas ocasiones se aprecia en el día a día de la política de EEUU.

No hace falta señalar lo que supondría la activación automática del precipicio fiscal en términos de recesión económica en el país, con efectos directos en los mercados financieros y de deuda y, por lo tanto, como contagio directo, por segunda vez desde 2007, de las economías europeas, totalmente expuestas al conglomerado estadounidense.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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