Deporte y nacionalismo: El balonmano como pegamento patriótico

Deberíamos estar acostumbrados. Desde que las selecciones deportivas españolas atesoran éxitos internacionales, nos hemos debido acostumbrar a la confluencia de deporte con la difusión del sentimiento patriótico de pertenencia a una selección nacional a través de los medios de comunicación masivos, aunque este último referente pase desapercibido para los que sí suelen hacer gala de otros nacionalismos, sobre todo los que confrontan con la propia existencia de lo que calificamos de “lo español”.

Lo hemos vivido tras victorias de la selección española en la Copa Davis, tras el paso de la selección española de baloncesto por los Juegos Olímpicos y campeonatos europeos y mundiales y contemplamos el éxtasis total después de que la selección española de fútbol ganara la segunda Eurocopa consecutiva en cuatro años, con el paréntesis del campeonato del Mundo. Lo revivimos hoy, tras la victoria de la selección española de balonmano en el Mundial contra Dinamarca, un deporte más que minoritario, que gozó de cierta popularidad cuando se supo que el prometido de la infanta Cristina, el hoy caído en desgracia Iñaki Urdangarin, era uno de los artífices de las medallas de bronce conseguidas en  los JJOO de Atlanta y Sydney.

Nada nuevo en los estudios sobre cómo construir nación, pero sí para nosotros, que parecemos vivir en una época dorada del deporte a nivel mundial, éxitos que, cuando se producen, enmascaran que también somos campeones en cifras de desempleo, en pérdida de capacidad productiva, protagonistas de una burbuja inmobiliaria que se ha llevado por delante al menos dos generaciones (la que prefirió sumarse a la ola del boom inmobiliario, atendiendo a la llamada del dinero fácil y del trabajo constanta, y la que no disfrutó de esa mieles pero pagará las consecuencias de la obcecación por la inversión en el ladrillo) y titulares de una de las sanidades públicas más eficientes del mundo y que, sin embargo, será regalada a empresas privadas por los mismos que exhiben pulseras con la bandera española.

Los éxitos deportivos minimizan así nuestra presencia en la lista de los países desarrollados que más invirten en I+D+i (área fundamental si se quiere competir en un mundo que cada vez se presenta más especializado y técnico), por no hablar de la evidencia de que el Estado español, en sus postulados clásicos, dejó de existir tras la renuncia a defender postulados de soberanía económica para salvar a su banca, como pone en evidencia que hoy una delegación de la ‘troika’ (BCE, CE y FMI) visite Madrid para comprobar si España cumple con los requisitos del memorándum de entendimiento firmado en junio de 2012. 

El patriotismo deportivo oculta así la renuncia a una de las mejores vías para hacer frente a la tensión territorial histórica, gracias a las becas Séneca -que promovían la movilidad de universidades españolas-, suprimidas por obra y gracia de este Gobierno. Si, además, el éxito deportivo se logra en un territorio conflictivo, como Cataluña, tenemos portadas como las que siguen, especialmente destacadas en los diarios de información general ubicados en el centro derecha españolista o catalanista, a gusto del consumidor:

abc_28-01 elmundo_28-01 elpais_28-01 larazon_28_01

Prensa de información general publicada en Cataluña:

elperiodico_28-01 lavanguardia_28-01

Prensa deportiva editada en Madrid y Barcelona:

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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