La solución chipriota está en manos de Rusia

Tras el no del Parlamento de Chipre a la quita sobre los depósitos bancarios recogido en el plan de rescate acordado por el Eurogrupo y el Gobierno de Nikos Anastisiadis, toca buscar un plan b, que hoy pasa por dos vías que pueden resultar complementarias:

  • El presidente del Gobierno se encuentra reunido con los líderes de las formaciones políticas para buscar un plan alternativo para cubrir los 5800 millones exigidos por el Eurogrupo a cambio del sí a los 10.000 millones comprometidos. A la reunión asisten representantes del conservador DISY, el comunista AKEL, el centrista DIKO, el socialdemócrata EDEK, el centroderechista EVROKO y el partido ecologista. Los grupos han conformado una comisión técnica para abordar la recaudación de los 5.800 millones de euros a través de fondos de Iglesia ortodoxa, puestos a disposición del Estado por el arzobispo de Chipre, o de la Seguridad Social.
  • El ministro de Finanzas chipriota se encuentra en Moscú, donde negocia las condiciones de la ayuda financiera prestada por Rusia en 2011 (2400 millones de euros, a devolver en cuatro años y medio) y la posibilidad de que amplíe esa ayuda refinanciando parte de la recaudación que exige la UE. Ante la quiebra bancaria que vive el país, no es descabellado pensar que, sobre la mesa de negociación, se encuentren los contratos sobre la explotación de la bolsa de gas hallada por Chipre al sur del país.

De esta manera, si Nicosia logra que Moscú le asista finacieramente, la UE habría conseguido lo que parecía imposible: el acuerdo reforzaría los vínculos entre Rusia y Chipre, argumento que se cita como base del plan para aprobar la quita sobre los depósitos; Moscú cobraría relevancia a nivel geoestratétigo en el Mediterráneo gracias a un socio que presenta una posición central de cara a Oriente Medio y el Magreb; y la UE, muy dependiente a nivel energético, como las tensiones entre Rusia y Ucrania ponen de manifiesto con frecuencia, se cerraría una vía de suministro para depender también de la influencia moscovita en el sur del continente.

Estas consecuencias, que se suman a la inseguridad jurídica en torno a los depósitos y a las dudas que de nuevo proyecta la construcción europea a nivel internacional, serían resultado de la negativa de la eurozona a responder a un rescate que, en total, supondría 15.800 millones de euros. Vamos, un gran ejemplo de gestión interna y de visión geoestratégica.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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