Dimitir o no, ésa es la cuestión

En los últimos días, hemos tenido dos ejemplos de responsables políticos, obligados a salir a los medios de comunicación, tras la aparición de informaciones que apuntan a un comportamiento poco ético y, en uno de los casos, a la posible comisión de un delito.

Estos casos han tenido lugar en España y en Chipre, países de la periferia de la construcción europea en los que, desgraciadamente, no veremos nunca dimitir a un ministro por haber plagiado su tesis doctoral. Nuestra cultura política hace que sea más habitual el perdón cristiano ante comportamientos reprobables, que nunca derivan en la asunción de responsabilidades en forma de renuncia al cargo.

Unas fotografías que pueden acabar con una carrera política

ElPais31-03-13El diario El País abrió su portada, el domingo, con una fotografía del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, acompañado de Marcial Dorado, conocido contrabandista y narcotraficante gallego. La fotografía, una de una serie de instantáneas que apuntan hacia una relación de amistad entre ambos, databa de 1995.

Pocas horas después de conocerse la primera plana del periódico, el PP de Galicia emitió un comunicado en el que el presidente de la Xunta habló de una relación “por coincidencia” de “hace casi dos décadas” con Dorado, una relación de “ocio”, según apuntó en las entrevistas a RNE y SER durante la mañana del domingo, que acabó cuando se enteró de las actividades profesionales del narcotraficante. Feijóo habló de intentos de amedrentarle políticamente.

El lunes por la mañana rompió la estrategia de comunicación de su partido, que se basa en dejar que se pudran los asuntos y en no dar explicaciones públicas,  y convocó a los medios de comunicación a una rueda de prensa en el Parlamento gallego, rodeado de los hombres fuertes del partido en Galicia. La novedad es que permitió una ronda de preguntas:

Durante su intervención, insistió en que no conocía a qué se dedicaba Marcial Dorado, desconocimiento que atribuyó a su ingenuidad y a un error de juventud (pese a tener más de 30 años). Afirmó que, desde su puesto cómo número 2 de la Consellería de Sanidad, no firmó concesiones con las empresas de Dorado para señalar, luego, que sospechó de su alto nivel de vida (Dorado, en prisión, tiene bloqueadas cuentas corrientes y embargadas propiedades por valor de 12 millones de euros) y que cuando se informó de las causas pendientes con la justicia rompió su relación de amistad.

Apuntó a una mano negra, que lleva presionándole desde 2003 con estas fotografías y que ha querido acabar, de esta forma, con su carrera política; aseguró que nadie le va a amedrentar u obligar a decir algo distinto a lo que piensa, y descartó presentar la dimisión, porque entiende que no cometió ningún delito.

La confluencia de estos argumentos hace pensar que, a pesar de que en un primer momento apuntara al PSdeG como autor de la filtración [formación que, como el resto de la oposición gallega ha tachado de insuficientes las explicaciones de Feijóo, destacando que era vox populi a qué se dedicaba Dorado], el presidente de la Xunta parecía dirigirse a sus filas. Entre los motivos:

  • No es ninguna novedad que Feijóo fue requerido a Galicia muy a su pesar y que muchos le sitúan, desde hace meses, como ministro del Gobierno de Rajoy y, según algunas voces, como posible delfín del presidente del Ejecutivo si éste queda achicharrado por la gestión de la crisis.
  • Ha sido uno de los pocos líderes europeos que ha mantenido el poder pese a la crisis económica. En octubre amplió su mayoría absoluta, aunque con una pérdida importante de votos, detalle que no se destaca para referirse a su mandato.
  • Ha sido uno de los pocos líderes del PP que se ha posicionado con firmeza en torno al caso Bárcenas. Ha demandado responsabilidades a su partido, al que instó a actuar contra el ex tesorero del PP, y ha señalado que se deberían pedir disculpas por lo ocurrido.

En un país con unos niveles de calidad democrática más altos que los nuestros, una situación así habría derivado en una dimisión automática que, en este caso, habría podido vestir de una forma que hubiera posibilitado su vuelta a la política en un tiempo razonable: hablamos de algo que pasó en 1995, le conocí a través de alguien, pido disculpas por este error imperdonable, etc. Si tenemos en cuenta que en la política española es difícil encontrar casos de dimisión (Antonio Asunción, Antonio Pimentel y Josep Borrell), una decisión en esta línea le habría llenado de razones para optar a sus planes, en Madrid, con una legitimidad de la que carecen muchos de sus adversarios de partido.

Sin embargo, Feijóo se ha enrocado en defender que no había ilegalidad alguna, dejando a un lado que éticamente esas fotografías son infumables. No resulta creíble pensar que él, en el inicio de su carrera política, se subiera al barco de alguien sin saber quién era y resulta menos creíble que no supiera lo que representaba Dorado. Hablamos de 1995, dos años después del inicio de la Operación Nécora, cuando la lucha de las madres de afectados por las drogas en Galicia ocupaban espacio mediático no sólo en Galicia, sino en el resto del Estado, por su lucha contra los capos de la droga gallega: los Charlines, Oubiña, Vioque, etc.

Anastasiadis, en el punto de mira por información sensible

Según el diario Jaravgui, cercano al partido comunista AKEL, un empresario con lazos familiares con el presidente chipriota -es su consuegro- habría realizado una trasferencia de 21 millones de euros desde el Laiki Bank, a  dos entidades financieras en Londres. La noticia es que esta operación se habría realizado tres días antes del primer acuerdo difundido por Nicosia y el Eurogrupo, que instauraba el corralito bancario en el país y la posibilidad de aplicación de una quita del 6.75% para depósitos inferiores a los 100.000 euros y 9.99% a los que superaran esta cantidad.

Por supuesto, Nikos Anastasiadis ha negado la veracidad de esta información, que atribuyó a intentos de generar malestar en la población, pero lo cierto es que las transferencias existieron y que el ministro de Finanzas admitió que durante los días previos a la reunión del Eurogrupo se sabía que se iba a poner sobre la mesa una solución de este tipo.

Si tenemos en cuenta que Anastasiadis llegó al poder con un caudal de credibilidad que, dos meses después de las elecciones, ya no existe, se entiende por qué este asunto ha cobrado dimensiones de escándalo al comprobar, una vez más, cómo los ciudadanos mejor posicionados social y políticamente parecen tener patente de corso para poder eludir situaciones a las que han contribuido a fomentar, por acción u omisión.

Estamos, por lo tanto, ante un responsable político que, como el caso de Núñez Feijóo, ha quemado todas sus naves al negar un asunto que resulta más que sospechoso y que apunta a información privilegiada para facilitar la fuga de capitales de su entorno y de otras fortunas asentadas en el país. Si tenemos en cuenta que, con toda probabilidad, en ese grupo están el presidente y el ministro de Finanzas, existen dudas de que puedan reclamar sacrificios y unidad a la población.

España y Chipre, en busca de la excelencia política

Aun a riesgo de resultar reiterativos, conviene tener en cuenta algunos puntos:

  • Aunque no lo parezca, dedicarse a la cosa pública no es una obligación. Las democracias representativas no presentan como requisito la obligatoriedad de dedicarse a la política, como en la Grecia clásica o en las ciudades estado italianas, ambos casos mitificados, por cierto.
  • Quien decide dar el salto y dedicarse a la política activa, como representante, debería hacerlo para intentar mejorar las cosas de su entorno, en su parcela de poder. De ahí que desde las maquinarias de selección de políticos debiera hacerse un intento por echar del sistema a aquellos con tendencia a solucionarse su vida a través de su participación pública.
  • Por este motivo, es absolutamente necesario que a la política se dediquen los mejores; eso no implica que sean los más formados sino los que tengan capacidad de empatía, con capacidad de conocer la realidad (aunque viva en el barrio de Salamanca de Madrid) e inteligencia, a ser posible no sólo académica.
  • Convendría recuperar los debates de la fundación de EEUU entre los partidarios de elegir dirigentes parecidos a la población a la que representa y los que preferían elites que maximizaran los rasgos de esa población: virtud cívica, honradez, lealtad y patriotismo en sentido amplio.
  • Esa mejora parte del supuesto de una mejor relación entre representantes políticos y representados. Implica que los políticos profesionales salgan de su burbuja y toquen calle -más allá de sus militancias-, que los programas electorales se asuman como contratos que se deben cumplir e incentivar una feedback entre esferas de poder y sociedad civil, que es de donde deberían provenir los cargos políticos. En lugar de fomentar su activismo, en España se apela a las mayorías silenciosas o se tilda de proetarras a colectivos que se manifiestan en la calle.
  • Los errores, en política, se pagan. Cuando esos errores tienen componente ético, con más. No es aceptable tener un presidente en Chipre en cuya palabra nadie cree ni un presidente en la Xunta que habla de errores de juventud para explicar su aparición al lado de una persona poco recomendable [por cierto, tampoco es ninguna novedad. Rajoy fue fotografiado en 2009 en el barco de un narcotraficante y los propios implicados en la Operación Nécora hablan de relaciones con miembros de Alianza Popular y del PP posterior]
  • Hay que hacer caso a las madres y recordar sus consejos sobre compañías poco recomendables, especialmente si uno tiene elevadas aspiraciones sobre sí mismos.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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