Crisis y formas de protesta

El Roto 02.04.13 El Roto (02.04.13)

Durante estos días sigue el debate a propósito de la legitimidad de una de las formas de movilización social, los escraches a los representantes políticos, con dos posturas claramente enfrentadas y una tercera vía que pretende ir más allá de mostrar la opinión favorable o desfavorable a este tipo de actos, que hasta el momento protagonizan, sobre todo, activistas vinculados a la PAH.

Por un lado, hablamos de los que se pronuncian en contra de estas acciones que se interpretan como una suerte de presión y/o coacción a la voluntad general representada en un diputado. Desde este prisma, se abordan las acciones de escrache como un ejemplo antidemocrático que roza la antipolítica, por lo que apoya la decisión del Gobierno de ordenar a la policía que actúe y, en su caso, identifique y detenga a quien protagonice estos actos. Se prioriza, de esta forma, el orden social, a toda costa, y se asume implícitamente que los ciudadanos tendrán la oportunidad de dictar su veredicto contra las políticas del Gobierno en la próxima cita electoral, prevista para 2015. Podemos hablar de una concepción restrictiva de la democracia representativa.

Por otro lado, los que entienden esta forma de movilización, importada de América Latina, porque sostiene que, más allá de conceptos como la disciplina de voto, el diputado/senador se debe a la ciudadanía. Se sostiene que los representantes políticos viven alejados de la realidad, que durante estos días se presenta en forma de escraches en la puerta de su casa, y que busca, sobre todo, que los representantes políticos asuman su responsabilidad en torno a las consecuencias que provocan decisiones en las que participan. Los partidarios de estas posiciones apuntan a la necesidad de profundizar en una mejor calidad de la democracia, abrazando tesis propias de la democracia directa y/o deliberativa. Desde un prisma más positivo, pretende reconectar la voluntad popular con la representación de la misma.

Existe una tercera vía que, si bien considera que ésta no es el mejor ejemplo de activismo, sí se asume el supuesto de la ruptura del vínculo entre políticos y ciudadano, tendencia asentada que durante estos años cobra aun mayor relevancia. A esta situación no ayuda la vulneración de los programas electorales (comenzando por el primer Felipe González y su referéndum “OTAN, de entrada no”) y la negativa a explicar y asumir decisiones y responsabilidades en su caso.

En las tres opciones, palpita una sensación, muy asentada, de que los grandes partidos gobiernan en contra de la ciudadanía y a favor de los intereses de una minoría, tendencia que se ve reforzada por la plasmación de la teoría de la puerta giratoria y por los efectos que, en tiempo de crisis, suponen medidas adoptadas, por acción u omisión en tiempo de bonanza.

Según sondeos no científicos, realizados por la Cadena SER y 20 minutos durante el pasado fin de semana, parece que, pese a las críticas de políticos y de una parte de opinadores mediáticos, esta práctica goza del apoyo de una buena parte de la ciudadanía:

CapturaEscraches20min

Con 8.700 votos, la encuesta de 20 minutos señala que el 89% comparte esta forma de acción social, con matices: el 19% reclama que los escraches se hagan de forma respetuosa y sin violencia mientras que el 70% incide en la idea de la brecha entres políticos y representantes, por lo que estiman que esta acción es la única manera en la que los diputados del Congreso entiendan cuáles son las consecuencias de sus decisones.

CapturaEscrachesSERTampoco hay novedades respecto al sondeo que abrió el sábado la Cadena SER en su página web: el 92% de las 875 que habían respondido a la preguntan habían mostrado una opinión mayoritariamente favorable a esta forma de protesta. En ese sentido, llama la atención el escaso apoyo que recibe la opción “Hay otras formas de protestar”, sobre todo porque plantean los escraches como el último recurso para que los representantes políticos reciben cuál es la opinión que sus decisiones provocan en la sociedad -al menos en la sociedad dispuesta a movilizarse-.

Desde que la crisis impactó de frente en la economía española la sociedad se ha organizado en forma de oleadas contra las medidas puestas en marcha por el Ejecutivo de Zapatero, primero, y por el de Rajoy después. Se han convocado tres huelgas generales contra las sucesivas reformas laborales; ha habido movilizaciones de grupos con intereses particulares (como los funcionarios); se han convocado marchas  con conexiones líquidas, según la terminología de Baumann, de las que el 15M es un referente fundamental; se han planteado movilizaciones en forma de mareas, en defensa de intereses particulares pero conectados con un interés mayor, que es la defensa de las políticas públicas que sustentan el Estado de bienestar.

La novedad, desde finales de año, es que los ejemplos de movilizaciones sectoriales parecen haber confluido en una concepción generalizada contra la forma de entender la política, plasmada, sobre todo, en las decisiones, sustentadas por los votos de PP y PSOE -y con el apoyo de partidos como CiU o el PNV-, que consideran que la mejor forma de hacer frente a la crisis pasa por hacer recaer sobre la mayoría de la sociedad el coste de la misma. Este tipo de política -desde la constitucionalización del techo de déficit a la aprobación de la Ley de Estabilidad presupuestaria, pasando por los sucesivos del recorte del gasto público, sin orden ni concierto- parte de la evidencia de que los responsables directos del desaguisado concluyen sus servicios con cuantiosas indemnizaciones, con contratos en empresas privadas que antes fueron de titularidad pública y que, en un ejemplo de cinismo, consideran que la salida de la crisis pasa por abaratar aun más los salarios.

El hecho de que en España no parezca existir una formación política capaz de aglutinar la oleada de descontento y que provoca que se esté hablando de porcentajes de participación en unas futuras elecciones legislativas del 55% y de una dispersión de voto que nunca se había dado en el país explicar las formas de organización alternativas que, sobre todo a partir de mayo de 2011, son evidentes.

Probablemente la PAH sea la forma de organización más exitosa, en buena medida porque, a la puesta en marcha de un repertorio perfecto en términos de movimiento social y por el éxito de haber colocado sus reivindicaciones en la agenda pública. Su éxito también se debe al conocimiento de la historia de otros movimientos sociales del pasado, como explica la forma de entender el desafío a la autoridad o la manera de referirse al poder.

Hace unas semanas, la PAH anunció el inicio de la campaña de escraches para que los diputados tengan toda la información disponible de cara al debate sobre la ILP que pretende cambiar la Ley hipotecaria, sobre todo para instaurar la dación en pago con carácer retroactivo, el fin de las cláusulas abusivas de la banca y el fomento del alquiler como alternativa a la compra de vivienda. El vídeo llevaba por título #DeAfectadoADiputado y supone un buen ejercicio para mostrar el perfil de los activistas que hoy forman parte de la PAH: inmigrantes, personas de mediana edad que hipotecaron sus casas (en muchos casos para créditos dirigidos a sus hijos), jóvenes que compraron en época de bonanza, al grito del crédito barato, etc:

España tiene una tasa de desempleo del 26%, con previsión de que llegue al 27% a finales de 2013. Detrás de estas cifras se esconden personas, tres millones, que ya no cobran ningún tipo de prestación de desempleo. Según la última EPA, el paro juvenil llega al 55%. De ahí que, en los últimos tiempos, se haya comenzado a hablar de una realidad muy presente pero de la que no se hablaba en público: la emigración de jóvenes, muchos de ellos sobrecualificados, que, en muchos casos, suponen el grueso de los comités de bienvenida del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuando éste viaja al extranjero.

El pasado martes ocurrió en París, donde se reunió con el presidente francés, François Hollande, y donde fue recibido por grupos vinculados a Juventud Sin Futuro y el 15M francés. Antes ocurrió en Bruselas, donde el 15M de españoles residentes en Bélgica le entregaron, a través del presidente el Eurogrupo, un sobre vacío, un guiño a uno de los casos de presunta corrupción que afecta a la planta noble de Génova.

El 22 de marzo,, un grupo de españoles residentes, vinculados al 15M y al colectivo que edita el blog Berlunes [http://berlunes.com/], organizaron un acción ante la embajada de España en la capital alemana, con presencia de sobres incluida:

Las previsiones económicas sobre España son nefastas, por mucho que el Gobierno y los grandes empresarios repitan el argumento de que lo peor está a punto de pasar y que 2014 será el año del renacimiento económico español. Los datos para 2013 son terroríficos, tanto en términos de crecimiento económico (negativo) como en destrucción de empleo.

A pesar de que el Gobierno abogue por una mayoría silenciosa civilizada y, a ser posible, desorganizada hasta la próxima cita electoral, con seis millones de parados parece evidente que hay mucha gente con tiempo libre suficiente para salir a la calle contra decisiones que se entienden como ataques hacia la mayoría, para idear formas de protesta ante un poder que se percibe autoritario y para perseguir, de forma más o menos elegante, a los representantes políticos, sobre todo si éstos insisten en no asumir sus responsabilidades y en disparar hacia el exterior.

Cuanto más se tarde en asumir que hay una ruptura en la concepción de la política, la democracia representativa y el sistema de partidos (con su respuesta sindical en la organización del trabajo), mucho peor para los que siguen instaurados en la cúspide del sistema. Corren el riesgo de que la realidad les pase por encima.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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