Accidente del Metro de Valencia: Trabajo a cambio de silencio

Es una evidencia que los liderazgos políticos se adquieren en situaciones de crisis. La gestión de situaciones difíciles dan cuenta del nivel del político y, casi con seguridad, determina su lugar en la Historia, no siempre en sentido positivo, como puede atestiguar, por ejemplo, George Bush, que dejó un legad, a pesar de contar con el respaldo mundial tras el 11-S, que ni siquiera recuerda el Partido Republicano de EEUU.

En España, tenemos ejemplos parecidos, en la figura del rey Juan Carlos, que tras décadas de recibir elogios por la gestión del 23F, vive sus momentos más bajos. En situación parecida se encuentra Mariano Rajoy, en mitad de la construcción de su herencia: si termina la legislatura con una situación económica de crisis o de mejora insuficiente, habrá perdido la ocasión de ser el líder que hubiera podido apelar a la unión de todos los ciudadanos para hacer frente al sacrificio para construir un país mejor. Su manera de entender la dirección del país no parece ser congruente con la visión del “sangre, sudor y lágrimas” que se recuerda siempre al hablar de Winston Churchill y su papel en la II Guerra Mundial.

Los errores en las gestiones de la crisis se pagan, como puede atestiguar Francisco Camps, presidente de la Generalitat elegido a dedo por su antecesor, Eduardo Zaplana y modelo de gestión de Mariano Rajoy cuando éste aún estaba en la oposición. Camps, retirado de la política -a pesar de que sigue siendo diputado en Les Corts- por su papel en la red Gürtel y sus derivadas pendientes en el caso Noos. Sin embargo, muchos le recuerdan por su gestión del accidente del metro de Valencia, el 3 de julio de 2006, días antes de que comenzara la visita del Papa Benedicto XVI, en el que fallecieron 43 personas y hubo medio centenar de heridos:

La Asociación de Víctimas del Metro hizo público la siguiente entrega del documental “0 responsables”, en el que denuncian cómo, tras el accidente, miembros del gobierno d ela Generalitat y funcionarios visitaron a algunos de los familiares de las víctimas, tanto en los tanatorios como en sus casas particulares, para ofrecerles trabajo o “cualquier tipo de ayuda que necesitaran”.

A pesar de que Francisco Camps nunca se reunió con ellos, sus emisarios sí se dedicaron a preguntar, en mitad del drama personal de cada uno, sobre su intención de personarse en la causa judicial que investigaría el siniestro y que se cerró, años después con la conclusión de que el accidente de debió a un error humano, que se atribuye al conductor del convoy, fallecido.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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