My Word: Nuevos repertorios de acción y ciudadanía

El sondeo del Observatorio de My Word para la Cadena SER insiste en el mismo escenario que dibujan otros trabajos demoscópicos: el país vive una contestación institucional sin precedentes en nuestra historia democrática. Se cuestiona tanto el fondo (la democracia representativa en una economía de mercado) como la forma (el sistema de partidos como vehículo de representación de la soberanía popular) y se abre la puerta a otras formas de participación política, menos institucionalizado y, sobre todo, con un mayor contacto con la realidad.

El trabajo [que se puede consultar entero en el siguiente enlace: http://cort.as/3tC2], con datos a partir de 1000 entrevistas realizadas entre los días 8 y 11 de abril, confirman el cuestionamiento del sistema de partidos, como los efectos que nuestra Ley electoral provoca. El 87% asegura estar en contra el bipartidismo y se pronuncia a favor de un sistema en el que haya más formaciones políticas y con menor tamaño. No se habla de sistema proporcional, aunque todo apunta a que la ciudadanía no vería con malos ojos esa forma de repartir los votos.

Esta consideración se completa con la afirmación de que el 88% de los ciudadanos considera que los políticos forman parte de un aelite, junto con los grandes banqueros y empresas, que trabajan en beneficio propio; sólo un 12% considera que los políticos trabajan para defender los intereses generales. En esta línea, el 43.1% cree que los partidos son necesarios para el funcionamiento de la democracia, mientras que el 57.1% plantea que la democracia podría funcionar sin partidos políticos; su solución, plataformas sociales que los ciudadanos elegirían para la gestión de los asuntos públicos.

En este sentido, el 61% todavía piensa que la democracia es el mejor de los sistemas políticos, frente al 39% que asegura que es un sistema que tiene demasiados fallos y que no funciona mejor que otros sistemas. Respecto a la economía de mercado, la opinión es aun peor: el 30% considera que el capitalismo genera desigualdades y malestar para la mayoría, mientras que sólo un 40% considera que, a pesar de la desigualdad, garantiza ciertos niveles de bienestar general.

El vacío que deja el apoyo a las formas tradicionales de participación política lo ocupan plataformas cívicas o movimientos sociales, con resultados que deberían llevar a algunos a reflexionar sobre la legitimidad que los llamados despectivamente “perroflautas” genera en una buena parte de Plataformasla ciudadanía. Cuando se pregunta por la opinión de los movimientos sociales con más proyección pública y mediática de los últimos tiempos, los datos no llaman a engaño: Un 75% ve bien o muy bien la actuación de la PAH, seguida por Cáritas (73%), el movimiento 15M (67%) y los afectados pos las preferentes (65%). El trabajo de la “marea blanca” en defensa de la sanidad pública,  a pesar de que no es conocida por el 35% de los ciudadanos, recibe el respaldo del 49%. En el otro extremo, la labor sindical sólo es apoyada por el 18% de los ciudadanos, frente al 53% que define su actuación como mala o muy mala.

Este cambio también se percibe en las formas de protesta. El 62% asegura haber firmado una petición en Internet en el último año (el 28% no lo ha hecho pese a tener razones) mientras que sólo el 29% hizo huelga (frente al 47% que asegura que no la hizo pero que podría haberla hecho). El 36% participó en una manifestación o concentración (frente al 43% que no lo hizo pese a tener motivos) y, entre los motivos de los que sí lo hicieron, se movilizaron a favor de la sanidad o educación pública (75%), contra la corrupción (69%), contra los recortes(72%), por la subida de impuestos (54%) y por la mejora de la democracia (46%).

La gran mayoría, el 64%, considera que la protesta es eficaz para conseguir una rectificación o cambio de política y también se nota un cambio en el repertorio de actuación, con el apoyo a los escraches, con condiciones, y con una negativa a secundar acciones de violencia incuestionable como el ataque a bancos y domicilios de grandes sucursales o el apoyo a los escraches incluso cuando hubiera extralimitación:

Instrumentosd

My Word pregunta también por el impacto de la imputación de la infanta Cristina en el caso Noos: el 57% considera que perjudica a la imagen de la monarquía, hasta el punto de llegar a cuestionarse como institución, mientras que el 35% reduce el impacto a la mala imagen pero sin riesgo hacia la institución. Sólo el 7% circunscribe el daño a la propia actuación de la hija del Rey.

A nivel social, el 59% habla de cambios grandes a propósito de la crisis (+6.2 puntos respecto a septiembre de 2012) y la mayoría considera que el Gobierno tiene más margen de actuación de lo que sugiere: de un baremo de 0 a 10, en el que el 10 es la máxima actuación del Gobierno, recibe una puntuación de 5.3. Además, la mayoría sigue calificándose de centro izquierda (media de 4.3, en el que el 0 es la extrema izquierda y 10 la extrema derecha).

Consideraciones

  • Como venimos apuntando desde hace meses, la crisis económica ha derivado en una crisis política e institucional, en la que los agentes que hasta ahora tenían el monopolio de la iniciativa política y de la representación están siendo cuestionados por los ciuadadanos, que comienzan a mirar a los movimientos sociales y las plataformas cívicas como los instrumentos idóneos para desarrollar los derechos cívicos en sentido activo.
  • El sondeo de My Word confirma la ruptura del consenso de cierto modelo de sistemas políticos que vinculaban el desarrollo económico -capitalista- con los derechos políticos y la ciudadanía en términos democráticos. El desarrollo económico de China -economía de mercado en un sistema político de partido único, comunista- puso en evidencia esta teoría, sólidamente asentada en la vida académica y mucho más asumida por los que se llaman democracias plenas de lo que parece.
  • Los datos sobre España insisten en esta visión: una buena parte de la ciudadanía entiende la economía como problema y no como oportunidad. Probablemente ayude a entenderse esta visión la asunción, por parte de sectores cada vez más amplios de la sociedad, de las deficiencias de grandes palabras como la meritocracia o la igualdad de oportunidades.
  • En otro orden de cosas, resulta interesante ver la deriva de lo que se entiende como instrumentos de la acción política y la representación, sobre todo porque conjuga elementos propios del posmodernismo con una recuperación de los temas de la agenda del materialismo. Lo que cambia, eso sí, es el compromiso con las organizaciones, que ya no se entiende de forma tan cerrada y jerárquica. Si tenemos en cuenta, además, los ejercicios de democracia deliberativa y/o directa que se practican en movimientos como el 15M o la PAH, ya tenemos pistas sobre lo que, hoy por hoy, se demanda y a lo que se debería estar dando respuesta.
  • Los partidos políticos están en crisis en todos los países, una crisis que se hace más profunda en España, dado el papel relevante que se dio a las organizaciones políticas durante la Transición. Su negativa a la apertura y a mejorar los canales de relación con la sociedad civil se pueden ver como elementos de la desconfianza y el rechazo que suscitan.
  • En un país acostumbrado a unas redes asociativas fuertes, no resulta extraño vincular la presión de la sociedad civil hacia el poder político para modular su acción política. En un país como España, en el que, desde el poder, se ha intentado desactivar o controlar las demandas de la sociedad civil, es llamativo cómo también este punto ha saltado por los aires al cuestionar el sistema político y representativo. Si partimos de este supuesto, resulta coherente que se apoyen acciones como las de la PAH: hasta que no se visibilizó su acción en la calle el Gobierno no tuvo los desahucios como tema central de su agenda política.
  • En este sentido, resalta el apoyo a acciones como los escraches, sobre todo si tenemos en cuenta la puesta en marcha de la maquinaria del PP y de sus terminales mediáticas para tacharlo de violencia y, en una exageración que se vuelve en contra de quien la pronuncia, equipararlo con el nazismo, como ha hecho estos días la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. Por si no quedara claro, he aquí un sondeo, sin valor estadístico, planteado por la edición digital del diario La Vanguardia:

LV 16-04 Escraches

  • Los sondeos sobre intención de voto confirman cómo PP y PSOE, como formaciones centrales del sistema de partidos, pierden apoyos de forma paulatina. En el de My Word se pregunta directamente, y los datos son contundentes: el 87% preferiría un sistema que se abriera a otras formaciones políticas de menor tamaño; un 57.1% plantea, directamente, un sistema democrático sin partidos políticos como cauce de la representación; y un 88% se refiere a los políticos profesionales como una suerte de casta en connivencia con los intereses de grandes corporaciones económicas.
  • Esta opinión se explica por el papel de PP y PSOE, como formaciones que se han turnado en el Gobierno, en la gestión del país y, sobre todo, en sus respectivos papeles a partir de 2008. Una gran mayoría percibe que sus decisiones han ido en la línea de salvar a las grandes empresas -particularmente, bancos- mientras se legisló contra el interés de la mayoría. Estos datos hablan de una ruptura del consenso y del pacto social a propósito del trabajo sobre el común y la constatación de que comienza a recuperarse un germen de lo que fue la teoría de clases.
  • En este sentido, la ciudadanía percibe que los representantes políticos vinculados a partidos políticos son los principales responsables de esta situación. Decisiones para salvar bancos, negativas a tomar medidas que puedan molestar a las entidades financieras o sospechosos cambios legislativos, hechos a la medida de los intereses de determinadas personas en el mundo de la gran banca añaden más gasolina a esta situación.
  • Sin embargo, parece que el descrédito del bipartidismo y del sistema mayoritario tiene que ver con los efectos de la crisis y no por una reflexión en profundidad del presente y futuro del país. Así, aunque se empiece a asumir la idea de que en España funcionaría mejor un sistema proporcional, se trata de un comportamiento superficial que no ha estudiado, por ejemplo, las implicaciones de un sistema proporcional en términos de gobernabilidad, sobre todo en un país poco acostumbrado al pacto y a la geometría variable como España.
  • Lo mismo puede decirse de los sindicatos como principales organizaciones de representación laboral; la mayoría de la ciudadanía entiende que su acción no sirve ya. Eso viene explicado por la campaña mediática pero también por una forma de entender la acción sindical y las relaciones laborales por parte de las organizaciones sindicales, parte responsable, por inacción, de la división del mercado de trabajo en dos segmentos: los fijos y superprotegidos (nicho de sus organizaciones) y los precarios, cada vez más numerosos.

Sondeo a sondeo, tenemos el mismo retrato del país: el cuestionamiento del sistema político, económico y social, y a una ciudadanía cansada de los representantes políticos, que se perciben como un problema y no como una solución. Así, la búsqueda de soluciones se deriva hacia otras formas de organización social y política, en buena medida porque está formada por personas reconocibles, con trayectorias similares a las del ciudadano de a pie, más en la línea de las repúblicas del renacimiento italiano que de los sistemas democráticos representativos que se implantaron durante los siglos XIX y XX.

En el apartado de responsabilidades, resulta evidente el papel de los partidos políticos y, sobre todo, de sus elites, para frenar los llamamientos a una mayor vinculación con la sociedad, a través de la sociedad civil, y a la selección de las elites, estructura de poder que se repite en la esfera parlamentaria y ejecutiva ya denunciado en su momento por Robert Michels, Vilfredo Pareto o Gaetano Mosca. Los datos de My Word incide en la crítica y avisa de un posible camino de no retorno.

De ahí que resulten del todo increíbles las informaciones filtradas por los spin doctors de Génova, a propósito de la implantación de los distintos partidos a partir de sondeos de consumo interno [ver datos completos en el siguiente enlace de El Confidencial Digital: http://cort.as/3tDy]:

ECD

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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6 respuestas a My Word: Nuevos repertorios de acción y ciudadanía

  1. Almudena dijo:

    Soberbio querida, esto debería ser publicado por tierra, mar y aire. Felicitaciones

  2. Iñaki dijo:

    Esta mañana viendo “Los desayunos” he tenido que cambiar de canal cuando -después de que los tres tertulianos pusiesen en duda, sin aportar pruebas más allá de su opinión, el resultado de las elecciones venezolanas y asegurasen que el fraude electoral era evidente (que digo yo que si montas un pucherazo no ganas sólo por el 1%)- dos de ellos (el calvo de ABC y E. Uriarte) han calificado los escraches de “totalitarismo”, “comunismo” y “violencia de extrema izquierda”; mi capacidad de asimilar propaganda y estulticia tiene un límite.
    ¿ El PP descalifiCA a la PAH llamándoles fascistas (habló de putas la tacones) para provocar o porque no les da para más?
    ¿Cuál es el sentido de publicar encuestas que nadie se cree?
    Ánimo, no te intoxiques con tanto tertuliano sabelotodo.

    • Saturada de tertulianos y de argumentos que, salvo matices, son los mismos. Y como hablamos de una plantilla de 40-50 personas que se reparten por todos los programas, escuchas los mismos argumentos de indocumentados en todo momento.
      Siempre digo lo mismo: uno no puede saber de todo, prrimero porque no todo le interesa. Por eso no entiendo por qué hablan de todos los temas sin tener un mínimo acercamiento.
      A ver si ya se satura la gente y deja de ver estos programas: con suerte, empezarán a montarse tertulias políticas de cierto nivel y no estos Sálvame de la política (o de lo que ellos entienden por política)

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