Realidad e información: ‘ABC’ mezcla Venezuela y Egipto

En periodismo se suele decir que las opiniones son libres, mientras que los hechos son sagrados. En la práctica, nos deslizamos por pendientes en las que todo se mezcla y en la que la manipulación, en el mejor sentido de la palabra, no se circunscribe sólo en la selección de los temas que son noticia. En los últimos tiempos, cobra altura el sentido más peyorativo del término, esto es, la manipulación entendida como transformación de la realidad para que ésta sea lo que nosotros queremos.

Uno de los ejemplos paradigmáticos, que hace replantear el sentido de la prensa, tal y como está concebida, lo hemos tenido en las últimas semanas, con el tratamiento informativo de la muerte de Hugo Chávez y de los comicios presidenciales en medios que consideran que la distancia de 1.6 puntos entre Nicolás Maduro y Henrique Capriles fue síntoma de la deriva dictatorial del régimen chavista -pese a que distancias similares en procesos electorales de EEUU o Francia se vieron con naturalidad-y que insisten en la tesis de los intentos de los dirigentes latinoamericanos de perpetuarse en el cargo, desde países en los que no hay límites de mandatos, como el nuestro.

Esta forma de entender el periodismo y la información se confirma en el reflejo que las elecciones venezolanas tuvieron en artículos de opinión, como los que publicó El País bajo epígrafe Análisis, en los que se publicaron cosas como éstas: “Esta vez los que no quieren ser pobres, los que desean vivir en un país normal y no en un experimento supuestamente revolucionario, los que están convencidos de que el patriotismo es el último refugio de los canallas, han dicho basta”  [ver artículo completo en el siguiente enlace: http://cort.as/3tTf].

ELPAIS

Otros medios aún van más allá y, directamente, retuercen la realidad para que ésta quepa en sus marcos. Éste es el caso de ABC, que publicó hoy un artículo de opinión de su corresponsal en Venezuela, que, en general, se caracteriza por emplear un tono ABC 19-04 2abiertamente contrario al chavismo.

Esa tendencia, que en otros países suscitaría suspicacias en cuanto a la credibilidad del medio, no se plantea en España, donde la tendencia mediática es unánime respecto a los procesos políticos y económicos de América Latina, en especial de los países que han cuestionado la implantación de empresas de titularidad españolas a coste cero.

Sin embargo, ABC hoy fue más lejos en esta forma de trabajar que, como decimos, no suscita la crítica social ni la queja de las asociaciones de la prensa patrias. El diario conservador por excelencia ilustró su visión de la situación política venezolana tras los comicios con una fotografía extraída de un vídeo que dio la vuelta al mundo al mostrar la represión en Egipto, un año después de la “primavera árabe” que acabó con el régimen de Hosni Mubarak.

De esta forma, ABC confirmó su nivel de profesionalidad, su respeto a la veracidad de los hechos y, de paso, la torpeza de sus responsables: Si se quiere manipular la realidad, mejor elegir una instantánea que no haya dado la vuelta al mundo como ejemplo de la represión en Egipto y, especialmente, del trato que en este país se le otorga a las mujeres.

Ante el revuelo que se montó en Twitter, ABC retiró la información de su edición digital. Hasta el momento de elaboración de este post, no había explicado lo que había ocurrido:

ABC 19-04

Tenemos ante nosotros un ejemplo que ilustra que, cuando denunciamos la línea editorial de los medios de comunicación españoles en las informaciones de Venezuela, no lanzamos brindis al sol.  Desde una perspectiva tradicional, y a pesar de que el derecho a la información sea un derecho reconocido en la Constitución Española, en la práctica este derecho ha sido monopolio de las empresas periodísticas, con intereses propios, modelos de negocio y, con su conversión en plataformas multimedia, en estructuras susceptibles de vender como información lo que no era más que propaganda o manipulación informativa.

No es algo nuevo ni centrado en España, aunque, en nuestra particular reflexión de país, en la línea de lo que planteó la Generación de 98, comprobamos cómo se destapan intereses nunca explicitados que hacen sospechas en manos que dirigen determinadas informaciones que coinciden en medios aparentemente distintos (como la polémica de la posible candidatura de Eduardo Madina como secretario general del PSOE, referenciados en La Razón y El Mundo); la semejanza de determinados argumentos contra el mismo hecho noticioso (como ocurre estos días con el decreto de expropiación temporal de viviendas en Andalucía para hacer frente a los desahucios); o, simplemente, en la defensa de posiciones de partido por presna aparentemente independiente pero que confirma conexiones con determinados partidos o facciones.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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