El modelo islandés (y III): Involución y esperanza

Ya en 2011 había voces que ponían en duda que, en realidad, en Islandia se estuviera gestando una revolución -aunque fuera a la manera de las revoluciones de colores- con argumentos como el alcance de la decisión de llevar a los responsables de la crisis a los tribunales o el mito de la nacionalización de la banca [más argumentos en el siguiente enlace de La saga de Dashiell: http://cort.as/0zzC].

A pesar de la creencia popular, de los tres bancos nacionalizados, sólo uno, el Landsbanski, quedó en manos del Estado, debido al contencioso con Reino Unido y Países Bajos a propósito de las cuentas Icesave. Como se narra en un post del blog El dedo en el dato, “tras la nacionalización, las entidades financieras pasaron, en un plazo de quince meses, a ser propiedad de sus acreedores, de forma que no se ha llegado a implantar una reforma financiera de calado” [ver entrada completa en el siguiente enlace: http://cort.as/3sJu].

Tampoco en la vía política ha habido cambios sustanciales, de manera que incluso los más entusiastas con la vía islandesa como herramienta de transformación política, económica y social se quejan de una parálisis del empuje inicial. Casi dos años después del inicio de la reforma constitucional, se asume ya un riesgo de involucionismo, sobre todo si combinamos la posición de las fuerzas parlamentarias islandesas al proceso constituyente y los sondeos sobre intención de voto, que apuntan a una derechización del electorado. Las encuestas sobre intención de voto no pueden ser más claras [datos recopilados gracias a @electionista]:

CapturaIslandia4

Los partidos que hasta ahora formaban parte del Gobierno -socialdemócratas y el Movimiento de izquierda verde- pasan del 51.5% de representación a un 23.5%, en el mejor de los casos (con la horquilla máxima que le aporta Gallup: 15% a los socialdemócratas y 8.5% a la izquierda ecologista).

En la práctica, esto significa que el electorado castiga la falta de soluciones prácticas, plasmadas institucionalmente, y devuelve el apoyo a los partidos tradicionales: El Partido Progresista, que obtuvo menos del 15% de los votos, podría recibir casi el 31% de apoyo (volviendo, así, a los niveles de apoyo anteriores al crash) con el Partido de la Independencia como segunda fuerza, con niveles parecidos a los que obtuvo en los comicios de 2009.

Será interesante saber qué apoyo recibe finalmente el Bright Future, el partido de nueva creación creado por Jon Gnarr, alcalde de Reikiavik, que, de acuerdo con los sondeos, no superará, en ningún caso el 13% de los votos (recordemos que en las municipales de 2010 su formación obtuvo el 34.7% para gobernar el consistorio de la capital islandesa). En cualquier caso, las fuerzas que suponían una alternativa al establishment no reciben más del 30% de los votos.

Además, hay que tener en cuenta, tal y como se recoge en la siguiente información de www.vientosur.info,  que el  Partido de la Independencia estaría en contra del contenido del texto constitucional, sobre todo en lo relativo “derechos humanos, la separación de poderes, los recursos naturales y los referendos”. Por su parte, los partidos que sustentan al gobierno saliente estarían a favor de seguir con el proceso constituyente [ver post en el siguiente enlace: http://cort.as/3qOd]. Si se confirman los sondeos sobre intención de voto, ya imaginamos cuál será la deriva que adoptará Islandia.

Consideraciones

  • Islandia tuvo que hacer frente al colapso de su sistema económico y financiero en 2008, una crisis total que afectó, directamente, a su identidad y contrucción como sociedad. Como en la mayoría de los países con dificultades, la responsabilidad se encuentra en unas prácticas bancarias auspiciadas por la falta de controles, por el dinero rápido y por la leyenda de que ya no era posible vivir grandes crisis económicas como las de 1929, 1873 o 1973.
  • El sistema bancario islandés quebró en unos meses, al calor de la crisis de la crisis de las hipotecas subprime y en mitad de gestiones de los líderes mundiales para evitar la quiebra de sistemas bancarios totalmente expuestos, como el británico. El rescate de los bancos, con dinero público, lo pone de manifiesto.
  • Islandia fue también el país precursor del modelo de rescate que, a partir de 2009, se implantaría en la Zona Euro: rescate a la banca, conversión de la deuda privada en pública y responsabilidad frente a los acreedores a costa del músculo del Estado. El Gobierno islandés no pudo hacer lo primero y los islandeses dijeron no a asumir el coste de la acción de los bancos. Debido a que Grecia formaba parte del euro, el Ejecutivo no pudo adoptar esta línea y condenó a sus ciudadanos a asumir el coste de los desmanes de sus bancos. Éste es el mismo modelo que se siguió en los rescates de Irlanda, Portugal y del cuasirrescate español; a partir del rescate de Chipre, todo está listo para asumir la vía chipriota: rescate a la banca, sacrificios ciudadanos y quitas.
  • En el caso de Islandia, y para sorpresa de la minoría gobernante, la sociedad fue capaz de salir del shock y comenzar a organizarse. Tras esa decisión se esconde el papel de personajes relevantes de la vida cultural islandesa: Torfason es poeta; Gnarr es cómico; Björk es cantante, etc. También jugaron un papel notable las mujeres, sobre todo como símbolo de una manera distinta de entender las relaciones de poder.
  • La sociedad civil rompió una pauta de desmovilización y apatía política y, a diferencia de otros países, asumió su responsabilidad como parte de la solución dirigiendo su ira hacia las instituciones, para plantear una queja a la situación y ofrecer soluciones: reforma de la Constitución y petición de asunción de responsabilidades.
  • De fondo, en Islandia también se aprecia la filosofía que subyace en los escraches y que tanto rasga las vestiduras a nuestros asentados representantes políticos y sus terminales mediáticas. Ante la decisión del poder político de obviar la opinión de quienes les eligen, sólo queda la dimisión y /o el vacío social por su papel en el ejercicio de sus responsabilidades políticas.
  • Como en otros países en los que crisis financiera impactó de forma directa, una sociedad civil aparentemente despolitizada reaccionó haciendo frente a las medidas impulsadas por los mismos que habían provocado la crisis. Como en otros países, la brecha entre sociedad y representantes políticos y establishment se hizo más evidente.
  • A diferencia de otros países de la Eurozona -en los que las dimisiones llegaron cuando el mandatario de turno perdió la confianza parlamentaria y/o de la Troika-, fue la organización en forma de protestas la que consiguió que el Gobierno presentara su dimisión. Ese momento, según Elvira Méndez, se aprovechó para discutir sobre “la integridad, la transparencia y el buen gobierno; la responsabilidad cicil y penal de los gobernantes; los derechos y las obligaciones de los ciudadanos en una sociedad democrática; la necesidad de incrementar la información y la participación de la socieda civil en la administración y la toma de decisiones; la rendición de cuentas de una elite económica, política y financiera”.
  • No es casualidad que ésas sean algunas de las peticiones que se efectúan desde algunos de los focos de protesta hacia el poder establecido, ya sea en Madrid, Atenas o Portugal a partir de 2011, cuando quedó claro que no iba a haber refundación del capitalismo, como dijo Nicolas Sarkozy, ni acción coordinada para salvar a los ciudadanos desde foros como el G-20.
  • Islandia fue el primer país europeo en recibir ayuda del FMI en 40 años (luego se sumarían a esa lista Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre, en forma de Troika, y España, con el mito de la recapitalización de la banca). También ha sido el único país que ha intentado buscar responsabilidades penales, consiguiendo llevar al primer ministro ante un tribunal especial. En realidad, sólo ha conseguido encarcelar a dos banqueros, aunque hay que destacar el simbolismo de obligar a Haarde a comparecer ante un tribunal especial en una suerte de rendición de cuentas penales.
  • A diferencia de los países de la Eurona, Islandia vuelve a crecer en 2011 debido al programa de emergencia aprobado en octubre de 2008 -que minimizó el impacto de la crisis financiera del país- y que se basó en una condonación de la deuda externa; la consolidación fiscal a largo plazo (medidas austeridad y subidas de impuestos); sistema bancario viable; y controles para evitar la salida de capitales. En 2012, su PIB creció un 2%, situación que contrasta con la recesión que viven los países rescatados y, en menor medida, el resto de socios de la Eurozona o de la UE.

A pesar de las sombras de la vía islandesa, en muchos casos provocada por el desconocimiento o por cierto análisis romántico de sus proyectos, que parte del supuesto de que la ciudadanía, por sí sola, encuentra alicientes para optar por participar de forma activa en la política, es importante tener en cuenta la base de su propuesta, porque ofrece lecciones en varios sentidos. Por un lado, en lo positivo que puede salir de un colectivo organizado, aunque esa coordinación sera provocada  por una situación de shock nacional. Por otro lado, porque ha supuesto una forma más de cuestionar la incuestionable deriva ideológica que nos ha traído a esta situación. De esta forma, aunque la vía cívica no haya avanzado tanto como se esperaba, sí se puede hablar de un cambio en la cultura política del país y, sobre todo, en la mentalidad de unos ciudadanos que han vivido, en primera persona, cómo se puede ganar influencia si se tienen las herramientas adecuadas.

El de Islandia también ha sido un ejercicio de democracia deliberativa, que tomó vuelo cuando estaban fijados los objetivos en forma de reforma constitucional y llevar a los responsables políticos de la crisis ante los tribunales. Los límites legales y la necesidad de tiempo para poner en marcha los mecanismos técnicos necesarios parecen haber revertido negativamente en el activismo de una ciudadanía. Aun así, el hecho de que el 25% de los ciudadanos participara en alguno de los actos de protesta que conllevaron la dimisión del primer ministro lo dice todo respecto a la conciencia de ciudadanía adquirida en aquel otoño e invierno de 2008.

En este sentido, hay que tener en cuenta que, de los países europeos hundidos de forma total o parcial, los islandeses han sido los únicos en plantear la crisis económica como el mejor escenario para dar salida a su situación política e institucional, con una propuesta de cambio democrático desde la base. Su no pertenencia a la UE propició este planteamiento y, probablemente, este recuerdo esté detrás del 28% del electorado islandés que hoy votaría sí a la adhesión a la UE.

Ese cambio, que representa el texto de reforma constitucional, ha quedado en suspenso, en buena medida por la evidencia de que, una vez que se pasa el shock, las viejas prácticas vuelven y al final es sólo una minoría la interesada por cambiar la situación. Esa minoría es la que pugna con la otra minoría que pretende que las cosas sigan como están y que sabe cómo aprovecharse de la apatía ciudadana.

En España, esa minoría es la que guarda silencio, de forma inteligente, y dejó que sean los responsables de la patronal o del Banco de España los que incidan en políticas de flexibilización del mercado laboral, como si fuera el remedio mágico que va a romper la dinámica económica del país.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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Una respuesta a El modelo islandés (y III): Involución y esperanza

  1. almenena dijo:

    Fantástico¡ Muchas gracias

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