Blesa y Aznar, trayectorias convergentes

El ex presidente del Gobierno se convirtió el martes en el protagonista indiscutible de la semana tras la moción de censura en público contra Mariano Rajoy,  en horario de máxima audiencia, matizada desde las filas del Ejecutivo y del PP. Casi sin fisuras, los dirigentes ‘populares’ respaldaron la labor de gobierno de Rajoy, mencionaron las dificultades a las que se enfrenta en la actualidad para justificar los incumplimientos de su programa y, según el caso, se interpretaron las palabras de José María Aznar como una reflexión en voz alta sin más intenciones.

En general, se habla de un órdago de Aznar, a través de la televisión propiedad de Planeta, a Rajoy por la decisión del PP de pasar por encima de los casos Gürtel y Bárcenas, que se gestaron mientras Aznar y su núcleo duro (en el que figuraba Rajoy, por cierto) cimentaban las bases del PP como partido cohesionado, unitario, muy jerárquico y aparentemente homogéneo.

Las explicaciones de Aznar sobre su desconocimiento de la supuesta contabilidad b del PP y los manejos de la red Gürtel, que también habría hecho negocios con eventos personales relacionados con la familia del ex presidente, no resultaron ni mucho menos convincentes, sobre todo a la luz de las nuevas informaciones periodísticas.

Hoy, la noticia vuelve a ser Miguel Blesa, amigo personal de Aznar, al que nombró presidente de Caja Madrid cuando el PP ganó las elecciones de 1996. Según cuenta hoy Alicia Gutiérrez en Infolibre, el PP habría pagado a Blesa 600.000 euros desde 1999 y hasta 2006 por informes de asesoría, plazo que la Cadena SER eleva hasta 2008 (con ampliación de la cuantía: 670.000 euros).  Blesa habría estado cobrando del PP, y por lo tanto, del dinero público (dado que el partido que sustenta al Gobierno reconoce qeu el 95% de su financiación procede de fondos públicos) hasta una un año antes de dejar la presidencia de la caja de ahorros madrileña, cargo que dejó en 2009:

Blesa

El PP ya habría reconocido estos pagos al ex presidente de Caja Madrid en concepto de aseoramiento, incumpliendo, de paso, el precepto incluido en la Ley de Cajas de 2003, que prohíbe que los presidentes de las entidades de ahorro tengan cualquier otra actividad remunerada que no sea la de la presidencia de la entidad.

De paso, se comienza a poner por fin luz sobre la forma en la que se llevaron a cabo los procesos de liberalización y privatización de sectores estratégicos en España a lo largo de los años 90, primero a cargo del último gobierno de Felipe González y, luego, a partir de 1996, por parte del Ejecutivo de Aznar, sobre el que pilota el aura del “milagro económico español”.

Durante su primera legislatura, con el mantra de salir de la crisis y con la excusa de las directrices de la UE, el Estado se deshizo de las empresas públicas más rentables, en cuyo proceso Aznar aprovechó para situar a personas de su absoluta confianza, en muchos casos amigos personales (Villalonga en Telefónica, Blesa en Caja Madrid, Pizarro en Endesa). Pasado el tiempo, algunas de estas personalidades han comenzado a protagonizar escándalos por la vía de la presunta financiación ilegal del PP (sobre todo, constructores) o a través de pelotazos financieros que se confirmaron ruinosos, como Caja Madrid.

Las informaciones que hoy se publican sobre Blesa, el responsable que permitió que el volumen de negocio de Caja Madrid se multiplicara por seis, como señala su biografía, son de extrema gravedad. Certifican la relación simbiótica entre el PP y la cuarta entidad financiera del país, con el pago de dinero al responsable de Caja Madrid, aún no se sabe a cambio de qué. De paso, se demuestra cómo algunos entendieron lo público como un coto de negocio exclusivo para una elite económico y financiera que creció al amparo del poder político mientras llenaban los discursos de apelaciones al liberalismo económico que,en la práctica, tuvieron más de liberismo (en palabras de Sartori) cuando no de rapiña.

Definitivamente, Aznar tiene motivos para preocuparse.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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