Egipto: El golpe de Estado será tuiteado (II)

Lo hemos visto en Turquía y en Brasil y, dos años después, volvemos a verlo en Egipto.  Tras su particular ‘primavera árabe’, que acabó con la caída del régimen de Hosni Mubarak, la situación política, económica y social se fue enquistando en torno a Mohamed Mursi, el presidente del partido que ganó las elecciones de 2011, elegido a su vez en junio de 2012 en segunda vuelta, con el 24.8% de los votos. Su logro, tener el apoyo de los Hermanos Musulmanes -germen inspirador, por cierto, de Hamás en Palestina-, la única organización estable y fuerte tras la demolición del régimen que cayó con Mubarak.

Un año después su elección como presidente, el lema de la revuelta  -“paz, pan y justicia social”- no sólo no se ha cumplido sino que se ha confirmado un empeoramiento de las condiciones de vida del país que, con 85 millones de habitantes, juega un papel fundamental en la zona, como bien puede atestiguar Israel, EEUU o la ausente diplomacia europea. Su renta per cápita asciende a 2.270 dólares (según datos del Banco Mundial correspondientes a 2009) y con un 40% de la población que vive con menos de dos dólares al día, situación que ha empeorado pro el desplome del sector turístico tras la inestabilidad del proceso político desde febrero de 2011.

Desde hace más de una semana, la atención ha estado puesta precisamente en la actuación de los Hermanos Musulmanes, la organización que mantuvo una relación tensa con el régimen de Mubarak y que, tras su caída, contaba con la experiencia de décadas de acción en la clandestinidad y redes de apoyo, comenzando por la base asistencial, en buena parte del país. Su disciplina y organización le hizo aparecer como un grupo político identificable para la población, al tiempo que ofrecía la posibilidad de plantear, desde el poder, su modelo de país. La aprobación de un texto constitucional no consensuado, unido a la deriva islamista y a la incapacidad de mejorar el apartado “pan” explican por qué la situación se ha deteriorado tanto y en tan corto espacio de tiempo.

Desde hace días, los egipcios respondieron al llamamiento del movimiento Tamarod (Rebelión) y han llenado la plaza de Tahrir de El Cairo, como en febrero de 2011, para pedir la renuncia de Mursi. Enfrente, toda la oposición: movimientos estudiantiles, movimientos sociales revolucionarios de izquierdas, partidarios del Ejército, y nostálgicos del régimen de Mubarak [concentración ante el Palacio Presidencial el domingo].

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Este lunes, las Fuerzas Armadas egipcias lanzaron un ultimátum al Gobierno para que atendiera a la opinión de la calle o se marchara. En su hoja de ruta figuraba la supresión de la Constitución, la disolución del Parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones anticipadas, que se entendió como la respuesta del Ejército a las masivas manifestaciones que, durante el fin de semana, sacaron a la calle a millones de personas contra el Ejecutivo.

La reacción de Mursi ante la presión de la calle, simbolizada en las lonas de la plaza Tahrir, fue la de lanzar mensajes de unidad a través de las redes sociales y protagonizar discursos televisados para invocar la legitimidad de las urnas. Este miércoles, a través de su cuenta en Facebook, lanzó un comunicado en el que se negó a renunciar de forma humillante: “Que sepan nuestros hijos que sus padres y abuelos fueron hombres que no aceptan la injusticia y que no aceptarán nunca renunciar de forma humillante a su patria, su legitimidad y su religión”.

Era tarde. El golpe de Estado ya había comenzado.

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Fuente: @saramsalem

Tras expirar el plazo del ultimátum ofrecido a Mursi, comenzaron a difundirse a través de Twitter informaciones sobre la presencia de tanques y blindados militares en distintas zonas de El Cairo, además de la entrada del Ejército en las instalaciones de la televisión pública egipcia. Según distintas agencias, el Ejército, tradicional poder fáctico en Egipto, habría dado la orden para que ni Mursi ni los Hermanos Musulmanes, en clara retirada tras la dimisión de la mitad del gabinete durante estos días, puedan salir del país.

Ésta fue la situación en Egipto. Desde el exterior, se ha podido asistir al primer golpe de Estado retransmitido en directo a través de las redes sociales -con especial relevancia de Twitter-, que se han empleado para difundir informaciones en torno júbilo con el que se Tahrir recibió el comunicado del Jefe del Ejército egipcio que sirvió para derrocar al régimen. Las redes sociales también han sido las plataformas a través de las cuales distintas organizaciones de derechos humanos confirmaron que un centenar de violaciones de mujeres, en la mayoría de los casos en grupo, con la complicidad del resto de manifestantes:

Debido al clima de impunidad, que muchos atribuyen a la disminución de la presencia policial en las calles en los últimos meses, se han establecido grupos la capital egipcia dedicados a identificar el abuso sexual y a proteger a las mujeres durante las
protestas. Uno de estos grupos ha creado una página en Facebook para contribuir a la denuncia de los abusos contra las mujeres, quizás conscientes de que, sin ellas, cualquier movimiento calificado como “revolución” no será más que continuidad:

Tahrir

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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