Detroit: “Esperamos lo mejor. Resurgirá de sus cenizas”

Así reza el lema de la ciudad más grande del estado de Michigan, en latín [Speramus meliora; resurget cineribus] y bien podría ser la declaración de intenciones para intentar reflotar la ciudad tras su declaración de bancarrota por una deuda que llega a los 18.500 millones de dólares y que pone el foco sobre el futuro de las ciudades postindustriales en plena era de deslocalizaciones, primero hacia los estados del sur y, a partir de los años 80, fuera del país.

Detroit, que fue capital mundial de la industria automovilística, ratifica estos días su declive a pesar de cierta recuperación del sector [gracias a las ayudas que la Administración Bush y la primera de Obama destinaron a Ford, General Motors y Chrysler]. Nos referimos a la misma ciudad que, durante la Segunda Guerra Mundial, asumió casi el 35% de la producción de guerra total del país, que Franklin Roosevelt la apodó el ‘arsenal de la democracia”.

Es la misma ciudad que, durante la década de oro del capitalismo estadounidense, en la década de los años 50, llegó a ser la cuarta ciudad más grande de EEUU, sólo por detrás de Nueva York, Los Ángeles y Chicago. Contaba con 1.8 millones de habitantes y servía de foco de atracción de mano de obra, que respondieron a las intenciones de las tres empresas del motor, establecidas en Michigan entre 1900 y 1930, en la ciudad del motor de EEUU.

Sesenta años después, Kevin Orr, gestor externo de la ciudad, nombrado por el Estado de Michigan, emitió la orden de bancarrota que luego anunció Rick Snyder, gobernador de Michigan, del Partido Republicano, que señaló: “Detroit, simplemente, no puede generar recursos suficientes para hacer frente a sus obligaciones y eso es una situación que sólo prevé un empeoramiento si no se declara la bancarrota”:

Tras la imposibilidad de llegar a acuerdos con los acreedores, acuerdos que suponen una quita de la deuda de la ciudad de entre el 75 y el 90% y la devaluación de las pensiones de ahorro de los funcionarios municipales, argumento esgrimido por una juez que ordenó retirar la orden de bancarrota, mediante el Capítulo 9 de la Ley de Quiebras, para señalar que sólo un juez federal está capacitado para ordenar la suspensión de pagos.

Detroit tiene que hacer frente a varias realidades confluyentes que explican su decadencia, fotografiada por la revista Time hace unos años y que es parte del argumento del documental Detropía, del que trataremos de insertar un enlace directo cuando nos sea posible:

  • Las dimensiones de una ciudad que, en los años de mayor prosperidad, tuvo casi dos millones de habitantes, un millón en los años 90 y que hoy no supera los 700.000 habitantes. Detroit es, junto a Baltimore, la única gran ciudad de EEUU que pierde población de forma sostenida, y ha perdido desde el año 2000 a 200.000 personas de su núcleo urbano ¿Los motivos? Hay quien menciona la salida masiva de población, sobre todo clases medias, del centro a los suburbios en lo que Daniel Inneratity denomina “suburbanización (…) hacia la figura del adosado” , en el que se diluye el concepto de “centro” en la ampliación en torno a él, hasta perder su conexión [El espacio público, 2006]. Así,  se asumen problemas en cuanto al diseño de la ciudad y su capacidad para amoldarse a las nuevas circunstancias: “El diseño de la ciudad, que creció dirigida por los intereses industriales y ligada a un modelo de producción,  comenzó a manifestar un proceso irreversible de degradación urbana y social al no tener capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias que describían los nuevos modelos productivos”
    Este proceso, que arrancó en los años 70, se combina, a partir de 2007, con los efectos de la crisis de las hipotecas subprime, que dejó prácticamente vacíos barrios tras procesos de desahucios y que aceleró el cierre de negocios, que se trasladaron hacia localidades cercanas. Sin embargo, la extensión de la ciudad siguió siendo la de sus años dorados, con lo que eso implica en términos de gasto público [basuras, electricidad, sanidad y educación].
    Se calcula que existen 100.000 viviendas vacías [160.000 familias para residir en 270.000 viviendas], que se han comenzado a derribar con la idea de concentrar a la población en zonas para poder así retomar el suministro de servicios básicos. Desde comienzos del año, sólo circulan un tercio de las ambulancias de la ciudad, el 40% de los semáforos no funcionan, se ha retirado alumbrado eléctrico y los suministros de agua y basura funcionan de forma irregular.
  • Otro de los motivos es el declive del sector del automóvil de EEUU desde los años 70 y 80, cuando los mercados asiáticos comenzaron a fabricar vehículos más baratos, que consumían mucho menos que los estadounidenses, y cuando las clases acomodadas comenzaron a comprar vehículos europeos (singularmente alemanes), como marca de prestigio. Los índices de desempleo -en torno al 20%, cuando la media del país está cerca del 8%- redundan en los índices de pobreza y en la incapacidad recaudatoria de la Administración local, incapaz de mantenerse o de costear servicios básicos como el alumbrado o la recogida de basuras, lo que redunda en la primera problemática.
  • A esta situación se añaden los problemas raciales, que prendieron en 1941 y 1943. Sin embargo, se recuerda los disturbios raciales de 1967, en los que se mezclaron críticas hacia la discriminación laboral y de las condiciones laborales de la población afroamericana (con ocupación de fábricas incluidas) como el inicio de la decadencia. Hubo 43 muertos, miles de heridos y millones de dólares en daños, pero, sobre todo, aceleraron el proceso white flight, es decir, la salida de población blanca, normalmente de clase media, del centro de las ciudades hacia los suburbios. Esta tendencia luego se completaría con la difusión, e implantación, de políticas fundadas en ideas como las formuladas por James Q. Wilson en su teoría de la ventana rota.
    El cambio morfológico de la urbe, y la negligencia para amoldarse a los cambios, incidió en la capacidad recaudatoria de las administraciones locales y en un aumento de la segregación, como se puede comprobar en este mapa del Detroit News sobre la evolución de la población desde 1940 en términos raciales: en la década de los 40, sólo el 9.3% era población afroafricana, porcentaje que subió al 16.24 en los 50; al 29% en los 60; al 44% en los 70; al 63% en los 80; al 77.5% en los 90, hasta el 81% del periodo 2000-2010:CapturaPobla
  • Hoy Detroit es una ciudad con una renta per capita de 15.000 dólares, con más del 81%  de la población afroamericana, que convive con un 30% de tasa de pobreza y con el 60% de los niños viviendo por debajo del umbral de la pobreza, que presenta una de las tasas de delincuencia más altas de EEUU: durante los últimos 27 años, Detroit lideró la lista de ciudades más violentas en 24 ocasiones. Detroit se presenta así en el retrato de la Baltimore de ficción que elaboró durante cinco temporadas David Simon en la aclamada e imprescindible The Wire.
  • A este abanico de problemas se suma una gestión municipal caótica desde los años 80, primero a cargo de Coleman Young, alcalde de Detroit durante 20 años, que hizo frente a los efectos de la reconversión industrial, el aumento del crimen y los conflictos raciales. En 1994, llegó al Ayuntamiento Dennis Archer, artífice del lavado de cara de Detroit, consistente en la apertura de casinos y en la construcción de grandes estadios deportivos, al ritmo de la burbuja inmobiliaria. Por último, entre 2002 y 2008 Kwane Kilpatrick se encargó del gobierno municipal, y su mérito consistió en protagonizar casos de corrupción tan sonados que acabó en prisión. Hoy Dave Bling, ex estrella de la NBA, trata de sentar las bases del Detroit del futuro, y de ahí que haya defendido la quiebra como el mal menor para tener alguna posibilidad de renacimiento.

Con estos esbozos tenemos el diseño de una ciudad que, en sí misma, representa el declive del capitalismo productivo estadounidense, cuya incapacidad para competir con los mercados asiáticos o de Europa del Este estuvo en el centro del debate de la campaña electoral de EEUU, a propósito del anuncio de Chrysler, con la voz de Clint Eastwood, emitido en el descanso de la Supebowl, o éste del rapero Eminem, producto Detroit [conocido a través de @egocrata]:

Detroit ahora negocia con acreedores y centrales sindicales, que muestran aún su poder en huelgas sectoriales como la de los profesores el pasado año, la de los trabajadores del Departamento de aguas y Alcantarillados (DWSD), contra la privatización del servicio, en otoño de 2012, o el paro del mes de mayo del sector de los trabajadores de comida rápida, que engarzan con la historia sindical de Detroit:

Durante la Depresión, se fundó el Sindicato de Trabajadores Automovilísticos (UAW), una organización de trabajadores que, por ejemplo, presionó sobre las empresas automovilísticas para contratar sólo a trabajadores miembros del sindicato o a aceptar negociaciones entre empresas y trabajadores. El UAW sigue siendo uno de los mayores sindicatos de los EEUU y representa a todo trabajador empleado en cualquier gran empresa automovilística en el país desde 1941.

El logro se consiguió gracias a una serie de huelgas, como la que montó contra General Motors a través de la huelga en la planta Fisher Body de Flint, en 1937, que sirvió de ejemplo para la huelga de brazos caídos de un centenar de mujeres  en uno de los 40 almacenes de Woolworth de la ciudad [que se prolongó durante una semana, también en 1937]. Otro de los hitos que figuran en la historia sindical de Detroit fue la huelga de siete semanas que mantuvieron los medios de comunicación en 1995.

Este es uno de los argumentos contra los sindicatos que esgrimen los responsables empresariales y por aquellos trabajadores que se autodefinen como ‘clase media’ y que se caracterizan por huir de la representación sindical como si de un producto tóxico se tratara. Algunos dirigentes sindicales han hecho méritos para ganarse esta fama, basada en conexiones con el crimen organizado y que representa, por ejemplo, la desaparición de Jimmy Hoffa, el responsable del sindicato de camioneros de EEUU, desaparecido desde 1975 y cuyo cadáver se busca en un campo a las fueras de Oakland Township, precisamente cerca de Detroit.

“Resurgirá de sus cenizas”

Y ésa es la mentalidad que está detrás de proyectos dirigidos  revitalizar zonas abandonadas, como el centro de Detroit, a partir de un modelo de urbanismo que cuestiona la tendencia expansiva del modelo urbanístico de EEUU -exportado a buena parte del mundo- y que pasa por revitalizar las zonas deprimidas. En general, se trata de retomar la idea de la calidad de vida y de las distancias cortas como filosofía de vida, aprovechando la cantidad de parcelas vacías que hay y que, probablemente,  habrá en el futuro, si siguen adelante los planes de derribar viviendas vacías para concentrar a la población en núcleos urbanos más asequibles.

Indirectamente, este tipo de grupos, que hunden sus bases en las raíces asociacionistas de las que habló Alexis de Tocqueville en La democracia en América, busca cambios en términos de calidad de vida para el individuo y, de paso, favorecer las colectividades revitalizando el sentimiento comunitario. Así, distintos grupos promueven la implantación de huertos urbanos y, con la decadencia del sector manufacturero, promover el autoabastecimiento mediante el contacto con la tierra. Algunos de los proyectos puestos en marcha en Detroit es el de Urban Roots [cortesía de María Lois ] o de Greening of Detroit:

En la retina queda la influencia de Detroit en el fenómeno Motown, creado por Berry Gordy[magníficamente escrito por Frédéric Martel en Cultura mainstream], en raperos como Eminen o en la marca Detroit de una de las disciplinas de la música techno, influencia que llega hasta algunos de los DJ más reconocidos de la actualidad:

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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3 respuestas a Detroit: “Esperamos lo mejor. Resurgirá de sus cenizas”

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