Rajoy cede a las presiones y acudirá al Congreso

Y lo hará, según dice, a petición propia, para dar cuenta “de la situación económica y la política, y eso que a usted le preocupa”, que es no es más que el ‘caso Bárcenas’. Así lo anunció Mariano Rajoy en la rueda conjunta con el primer ministro de Rumanía, de visita en España, en la que no hubo preguntas pactadas y una de las preguntas que recaía en la prensa rumana se dirigió a Rajoy para preguntar por el caso de presunta corrupción que salpica a la dirección del PP desde hace 20 años y que ha atravesado nuestras fronteras.

Mariano Rajoy confirmó que este domingo llamó al presidente de las Cortes para solicitar una comparecencia a petición propia en sede parlamentaria, con la excusa de hacer balance de curso político y, según el presidente del Ejecutivo, para dar “su versión” ante el caso que protagoniza el ex tesorero y gerente del PP, del que Rajoy sigue negándose a mencionar su nombre.

En los días pasados se barajó la posibilidad de que Rajoy dinamitara la estrategia del PSOE y su órdago de presentar una moción de censura con una entrevista en horario de máxima audiencia en una cadena de televisión. Esa posibilidad, que hubiera ratificado el desprecio al Parlamento gracias al rodillo de la mayoría absoluta del PP, quedó invalidada por el presidente del Gobierno, que aseguró: “creo que mi sitio es el Parlamento, donde está representando el conjunto de la soberanía nacional”.

A su favor juega que dicha comparecencia será a finales del mes de julio o comienzos de agosto, es decir, con buena parte del país de vacaciones, y que en ese Pleno insertará el llamado ‘caso Bárcenas’ en un discurso global sobre la situación económica, social y política del país, de forma que el nombre del ex tesorero podría quedar como una anécdota más en el discurso del presidente del Gobierno.

Si tenemos en cuenta, además, que las intervenciones del resto de los grupos parlamentarios estarán medidas por tiempos, ya tenemos una idea del espectáculo que se podrá comprobar en el Congreso la próxima semana, con formaciones políticas centradas en reclamar explicaciones sobre el caso Bárcenas y que deberán neutralizar la maquinaria de propaganda sobre los supuestos éxitos económicos que esgrimirá en Ejecutivo. Si no lo hacen, podrían dar la imagen de querer derribar a un gobierno que salió legitimado con casi 12 millones de votos y 186 diputados, anteponiendo la corrupción a la recuperación económica.

El anuncio de Rajoy, que hace sólo una semana negó que él, como presidente del Gobierno, tuviera que salir todos los días a dar explicaciones sobre informaciones o afirmaciones de las partes, intenta dar la impresión de que La Moncloa tiene la iniciativa. Así, avisó de que este año no se celebrará la habitual rueda de prensa protagonizada por el presidente del Gobierno, una comparecencia que sirve como balance de curso y en la que los periodistas pueden preguntar por tiempo ilimitado. En esto también se echará de menos a Rodríguez Zapatero, el impulsar de este tipo de encuentros.

Consideraciones

  • A pesar de la petición propia de comparecencia, y de la habilidad de insertar el caso Bárcenas en un pleno que servirá de cajón de sastre, este movimiento ha puesto en evidencia la fragilidad del Gobierno, en buena medida gracias a una estrategia mal diseñada.
  • No hace ni siquiera dos semanas que el portavoz parlamentario del PP se negó a que Rajoy tuviera que dar explicaciones por la estrategia judicial “de un delincuente”, argumentario que defendió el Gobierno y el PP en pleno. Sólo a lo largo de la semana pasada, comenzó a virar esta posición, hasta la sugerencia de que Rajoy daría explicaciones cuando lo considerara “oportuno” (García-Margallo)
  • Al final, se mire por donde se mire, el PSOE puede apuntarse un tanto al argumentar que ha sido su amenaza de moción de censura la que ha obligado a Rajoy a salir de la Moncloa y exponerse a un debate parlamentario que la oposición hará girar sobre el presunto caso de financiación ilegal del PP. A su favor juegan las informaciones publicadas por medios anglosajones, como Financial times, The Economist y The New York times, todos ellos críticos con la actitud de Rajoy de esconderse.
  • Este error en el planteamiento de una estrategia de crisis, deja una lección: ni siquiera la mayoría absoluta del PP pudo servir de parapeto en un caso que, por el momento, el PP parece tener perdido por la calle. La insistencia de sus dirigentes -con la notable excepción de María Dolores de Cospedal- a mencionar el nombre de su ex tesorero no hace más que añadir irritación social a una batalla que parece tener perdida de antemano.

La imagen de Rajoy queda seriamente dañada tras este espectáculo. Recordemos que se vendió como un dirigente que se postuló como el presidente de la gente común, del sentido común, normal, con amplio conocimiento de España por ser un hombre de provincias. Al llegar a La Moncloa, se intentó la idea de ser un Gobierno con un plan, imagen que duró tres meses. Entonces, quizás hubiera hecho falta un liderazgo de Rajoy más sólido y proactivo, y nos encontramos precisamente lo contrario: un hombre atrincherado en La Moncloa, al frente de un gobierno incapaz de explicar las decisiones políticas que adoptaba, con cierta tendencia a la superficialidad al anunciar que se iba al fútbol tras pedir un rescate o fotografiado fumándose un puro en Nueva York.

Esta primavera se percibió cierto intento de remontar su imagen, y comenzó a vérsele más, liderando incluso la política de comunicación del Gobierno, gracias a las buenas noticias de empleo y al pacto con PSOE, CiU y PNV sobre la posición española en Europa. El caso Bárcenas le lanzó de lleno de vuelta a Moncloa, y allí sigue, transmitiendo la idea de que está en un búnker, protegido por su entorno, que comienza a ver como enemigos a la oposición, a la mayoría de la prensa española (y extranjera) y a los que pretendan hablar de nimiedades y no de “lo importante”.

A pesar del intento de camuflar lo que no es más que una rectificación, la fotografía que queda podría ser un más dañina: la de un país gobernado por un presidente que tuvo que ser llevado a rastras a cumplir con su obligación en un sistema parlamentario como el nuestro, sin ser capaz de admitir que se ha equivocado al minimizar el caso Bárcenas. Y eso sin contar con las sorpresas que pudiera tener el ex tesorero, como cierta grabación que podría salir a la luz estos días, tal y como ya señalan algunos tertulianos de la Villa y Corte.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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