Siria, el nuevo problema de la comunidad internacional

Dos años después del fracaso de la “primavera siria”, que cristalizó en marzo de 2011 al calor de los movimientos de oposición de Egipto, Túnez y Yemen y que fue duramente reprimida por el régimen del presidente Bashar al-Asad, la comunidad internacional decide poner velocidad de crucero hacia una intervención militar que, esta vez, y como bien recuerda Hugo Martínez Abarca, no tendrá enfrente una oposición ciudadana al grito de “No a la guerra”.

El punto de inflexión fue la difusión de una serie de vídeos, la semana pasada, en los que aparecen decenas de cuerpos afectados por ataques con armas químicas. En un primer momento se habló de 1300 víctimas entre la población civil, vinculada a los grupos opositores al régimen, que dirigió la atención hacia el uso de este tipo de arma por parte del Gobierno de Assad.

Desde Damasco se negó su vinculación con este ataque, que se produjo muy cerca del lugar donde se encontraba una delegación de inspectores de la ONU.  Tras la condena internacional y después de varios días de tensión, el Gobierno sirio anunció su disposición a que una delegación de la ONU visite la zona en la que habrían sucedido los hechos.

A la espera de un diagnóstico de los inspectores de la ONU, se suceden las reacciones en la comunidad internacional, que en esta última semana vuelven a situar el conflicto sitio en las agendas. Tras la decisión de la UE y de países como Turquía de, primero, reconocer a la oposición del Ejército Libre de Siria y, segundo, de favorecer la llegada de armas a través de los cauces habituales (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Ankara), se diseña en estos momentos una operación de la que habrá que conocer sus dimensiones

  • EEUU y Reino Unido ya han dejado claro que, si se confirmara un ataque con armas químicas contra la población civil por parte del régimen de Assad, esta acción no quedará impune. En este sentido, y para recordar aventuras anteriores, el ministro de AAEE británico, William Hague, habría apuntado a la posibilidad de una intervención militar en Siria sin el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU. Esta línea es la que también se defiende en Turquía
  • Hague responde así al probable veto a la intervención por parte de Rusia, uno de los cinco Estados miembros permanentes del Consejo de Seguridad. En esta línea, Moscú habría expresado a EEUU su “profunda alarma” por las declaraciones oficiales de Washington sobre la disposición de las Fuerzas Armadas a intervenir en Siria, país sobre el que Rusia mantiene alianzas desde los tiempos del bloque soviético. Así, en un comunicado de la cancillería de Asuntos Exteriores plantea: “la parte rusa instó a abstenerse de políticas de presión militar hacia Damasco, a no caer en provocaciones y a crear condiciones normales para que la misión de expertos químicos de la ONU pueda llevar sus investigaciones sobre el terreno de manera exhaustiva e imparcial”
  • Francia, uno de los países que con mayor virulencia se opuso al ataque contra Irak, es uno de los Estados que, desde la revuelta, lidera el bloque de apoyo a la oposición siria. Desde la semana pasada, París también se postula como uno de los países más proclives a una intervención, e incluso se apuntan plazos:  “Todo se va a decidir esta semana. Hay varias opciones sobre la mesa, que van del refuerzo de las sanciones internacionales a las incursiones aéreas, pasando por armar a los rebeldes”, indicó el jefe de Estado francés al diario Le Parisien, según recoge la agencia Europa Press.

Ante los acontecimientos, que parecen dirigirse hacia una intervención de la que sólo queda decidir el momento y la forma, Damasco advirtió: atacar su país “no será un picnic para nadie bajo ninguna circunstancia, porque una agresión tendría graves repercusiones y sería una bola de fuego que haría arder todo Oriente Medio”.

No le falta razón. Desde el inicio de su primer mandato, y tras apelar a la reconciliación entre el Islam y Occidente en la Universidad de El Cairo, Barak Obama se ha visto obligado a volver la vista al Mediterráneo, donde sus planes han saltado por los aires tras las revoluciones árabes (durante estos días en retroceso), tras la constatación de que la Turquía de Erdogan ya no puede ser el modelo de democratización en los Estados musulmanes y con un Irán posibilista tras la victoria de Hassan Rohani en las elecciones presidenciales del pasado mes de junio.

La intervención que parece diseñarse para Siria recuerda, y mucho, a la que se llevan a cabo de acuerdo al principio de injerencia asumido por el Derecho internacional desde la primera guerra de Irak (1991), las sucesivas intervenciones en la antigua ex Yugoslavia, la segunda guerra de Irak (2003) y Libia (2011):

  • En 1991, el argumento esgrimido por la comunidad internacional, con la OTAN a la cabeza, fue la invasión de Kuwait por parte del régimen de Sadam Hussein.
  • En la guerra de Bosnia (1992.1995), el bombardeo del mercado de Sarajevo constituyó la gota que colmó el vaso de una comunidad internacional reticente a la intervención en el patio trasero de una Europa que brindaba por la puesta en marcha del edificio aprobado en Maastricht y que comenzaba a celebrar la unión de las economías más desarrolladas de Los Quince en torno a la moneda única.
  • La intervención de la OTAN en Kosovo (1999) se realizó para frenar la expulsión de albanokosovares de Serbia, una guerra que concluyó con el bombardeo de Belgrado por parte de las fuerzas de la OTAN.
  • La campaña a favor de la segunda guerra de Irak (2003) se hizo a partir de las evidencias de que el régimen de Sadam Hussein tenía en su poder armas de destrucción masiva, argumento defendido por EEUU y repetido por los Estados aliados -entre los que figuró el Gobierno español- y que, una década después, constituye una de las mentiras más burdas de la propaganda del Nuevo Orden Mundial.
  • Al calor de la ‘primavera árabe’ y, tras décadas en las que se consideró a Muamar Gadafi como el responsable de uno de los Estados canalla [nomenclatura que apareció tras el 11-S para referirse a países como Irak, Corea del Norte y Libia por parte de EEUU], EEUU, Reino Unido y Francia lideraron una operación militar basada en incursiones aéreas y en el bloqueo naval como apoyo a las fuerzas rebeldes a Gadafi. La operación, asumida luego por la OTAN, ejecutó el embargo de armas decretado por las resoluciones de 1970 y 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, que defienden “la necesidad de proteger a civiles, hacerles llegar la ayuda humanitaria necesaria y, en una perspectiva más  amplia, en el hecho de que la situación libia amenaza la paz y a la seguridad  internacional, razón por la cual se actúa bajo el Capítulo VII de la Carta de  Naciones Unidas”. La operación de la OTAN obligó a Gadafi a replegarse a Sirte, donde fue capturado y ejecutado

Nada mejor que los datos para conocer los efectos de la revuelta siria, aplastada a sangre y fuego por Assad y que, desde el comienzo, derivó desde su inicio en guerra civil:

  • El efecto más inmediato, sobre la población civil: Distintas fuentes arrojan la cifra de 100.000 muertos en poco más de dos años.
  • La Media Luna Roja estima que hay 2.5 millones de desplazados, de los que un millón sería niños. Los desplazados de la guerra están llegando a Irak [país que registra, a lo largo de este 2013, un incremento de la violencia sectaria, con atentados suicidas casi a diario], Jordania, Líbano [donde la semana pasada hubo una cadena de atentados contra iglesias cristianas que causó medio centenar de muertos] y Turquía [país que vivió su particular revuelta al comienzo del verano, revuelta silenciada por los medios internacionales, que siguen también callados ante la campaña del Gobierno de Erdogan para minar a los sectores movilizados]
  • Desde el comienzo, el conflicto interno sirio se ha visto como la plasmación de tensiones ya detectadas por Bassam Haddad en 2006: entre islamistas y la clase empresarial urbana tradicional, adversarios del partido Baaz; entre la pequeña burguesía ante la expansión del sector público desde 1973 mientras el régimen se acercaba a los “sectores más selectos de la vieja burguesía, a  quienes concedió derechos económicos adicionales como parte de las irregulares  medidas de liberalización que fueron adoptadas en aquel momento”; entre los que esperaban cambios en la arquitectura institucional y económica del país.
  • El resultado es la confrontación directa entre las estructuras de poder del partido Baaz (en el poder desde 1963 y que controlan los servicios de seguridad y la Guardia Republicana) y las opciones de oposición -caracterizadas, de nuevo, por una congruencia de intereses contrapuestos entre sectores que sólo tienen en común el interés por derrocar a Assad-. No es casualidad que la oposición se haya construido en torno a Alepo -donde vivía un cuarto de la población total siria y que constituía el motor de la economía- y Homs. Eso explica también la importancia de estos enclaves en el diseño de la ofensiva rebelde y el interés del régimen por mantener la zona controlada.
  • La guerra siria ha tenido y tiene efectos en la política regional, con una nueva reedición del conflicto entre la rama suní y chíi del Islam. Las consecuencias en países como Líbano o en Irak, donde sigue funcionando de facto la división del país en tres partes como una de las soluciones creativas de la intervención militar que derrocó a Sadam Hussein.
  • Destrucción de las estructuras productivas del país, que en 2010 presentaba un PIB de 45.1863 millones (+15% respecto al año anterior), con un PIB per capita de 2.112 euros /habitante [en 1999era de 978 euros], una tasa de natalidad de 2.4% (índice de fecundidad de 2.87 hijos/mujer) y una esperanza de vida de 75.84 años.
  • Destrucción del patrimonio cultural de Siria (como el Crac de los caballeros, la ciudad greco-romana de Apamea, Palmira, y un número significativo colinas repletos de yacimientos arqueológicos.
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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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