Sobre los motivos del fracaso de Madrid 2020

Así abrieron el domingo y el lunes los principales diarios de información general y los deportivos editados en Madrid:

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En ellos, ni la más mínima autocrítica a la campaña a la que todos los medios, sin excepción, se subieron a lo largo de la semana pasada con un objetivo: conseguir que Madrid fuera elegida sede de los Juegos Olímpicos de 2020. Para ello no se privaron de nada y en sus especiales informativos, de varias horas de duración, se transmitió unanimidad y confianza ante la solvencia de un proyecto jamás explicado ni contrastado.

Sorprendentemente, durante la mañana del lunes los programas informativos radiofónicos dieron cabida, por primera vez desde el inicio de la última locura olímpica colectiva, a las dudas en torno a la conveniencia de repetir candidatura por tercera vez consecutiva de un país con los mimbres que se presentan hoy. Así, los flamantes analistas políticos de dividieron en dos grupos: Los defensores testiculares de un proyecto inmejorable y los que ahora, tras la decision del COI, manifestaron sus dudas ante la candidatura que con anterioridad apoyaron como palanca de cambio para salir de la situación de depresión económica y social en la que está inmerso el país.

Así, y aunque ahora muchos se sumen a la ola de críticas que se reflejaron en medios alternativos, conviene recordar cuál fue su cobertura hasta el instante en el que el presidente del COI comunicó que España no pasaba la primera ronda de las votaciones:

  • En ningún caso se dio cabida a los puntos débiles de la candidatura española ni a discursos alternativos, que se han podido seguir en medios alternativos y, sobre todo, redes sociales, que este fin de semana se convirtieron en un contrapoder a propósito de la oportunidad de organizar un evento de este tipo por parte de un país rescatado, en quiebra social, con buena parte de su ciudadanía sufriendo los efectos de la crisis (en forma de desempleo, pobreza, emigración, desahucios), con su tejido productivo bloqueado por unas entidades bancarias que no cumplen su función y unos poderes públicos incapaces de modificar la tendencia impuesta por desde instancias comunitarias.
  • En todos los casos se repitió como si fuera una verdad absoluta el apoyo del 91% de la ciudadanía al proyecto, apoyo que Rajoy elevó al 94% y que ocultaba: 1) que la empresa encargada de este estudio no era un instituto demoscópico sino una empresa de marketing; 2) que a poco que se rascara, casi todo el mundo tenía a su alrededor opiniones contrarias al proyecto en una ciudad en la que el número de pobres en las calles se ha incrementado desde 2008, con hospitales que tiene plantas cerradas por falta de personal, edificios vacíos en las zonas que, hasta 2008, eran sinónimo de pelotazos económicos o con universidades públicas a punto de quebrar por falta de recursos.
  • Los que hablaron de los problemas de Madrid 2020 se fijaron en cuestiones menores: Así, el principal problema que, según TVE, tenía la candidatura española era los casos de dopaje de deportistas. En general, no se habló de las dificultades financieras o de la imagen que proyectaba una delegación compuesta por caras como la del Príncipe (con su cuñado imputado en el caso Noos); Mariano Rajoy (responsable de un partido sobre el que recae la sospecha de un caso de financiación ilegal y de cobro de sobresueldos en b de buena parte de su cúpula); Ignacio González (mano derecha de Aguirre, con información sin aclarar en torno al origen del dinero con el que compró un ático de lujo en Marbella); o Ana Botella (esposa del ex presidente del Gobierno José María Aznar, con el aval de haber organizado la trama de presunta corrupción que hoy salpica a su partido durante sus años de mandato).
  • En ninguna estancia se criticó la puesta en escena de una candidatura que proyectaba una imagen de país anticuado, casposo en muchos casos, con las referencias tradicionales a la especialización como país de sol y turismo. Se insistió en la misma campaña publicitaria sobre las bondades de España como país que se lleva haciendo desde hace lustros, insistiendo en el papel de los deportistas españoles. Apenas se esbozaron las ideas fuerza que ofrece España, como su oferta cultural y artística (diezmada por las políticas culturales de este Gobierno), la proyección en el mundo del castellano como tercera lengua más hablada, los esfuerzos por cambiar el modelo productivo invirtiendo en I+D+i (cortado por el Ejecutivo), como país que registra anualmente el mayor número de donaciones de órganos o la imagen de una España combatido con los derechos de los homosexuales (no en vano fue el primer país del mundo en el que se pudieron casar) o que ante el mayor atentado de su historia supo reaccionar con mesura y solidaridad (sin los excesos cometidos en Reino Unido y EEUU con la minoría musulmana). En definitiva, Madrid parecía presentar una candidatura hermanada con la de Barcelona en 1992, sin tener en cuenta que en estos años la sociedad española ha cambiado y que puede ofrecer otras posibilidades al mundo.

Después de saberse que Madrid 2020 recibió 26 de los 94 votos en juego del COI en la primera votación (45 en la votación de desempate con Estambul), comenzaron a difundirse versiones de todo tipo que se resume en una frase: El COI tiene un funcionamiento interno opaco y sus miembros funcionan como mercenarios. Y este funcionamiento, que en el caso de haber sido elegida Madrid sede de los JJOO de 2020 no hubiera sido trascendente, fue el eje sobre el que han girado las versiones difundidas por los medios, que insisten en la “traición” de los miembros del COI a los miembros de la delegación española (por asegurarles votos que no dieron finalmente) o que denuncian el trato que los miembros del COI dispensan a representantes elegidos democráticamente en las urnas, sin valorar que quizás el problema es que esos mismos representantes bajen a la arena y pujen al mejor postor la elección de sus países para estos fastos.

Los medios españoles, por supuesto, omiten las otras consideraciones de este resultado, consideraciones que pueden resumirse en:

  • Tal vez Tokio tenía un mejor proyecto, que se complementa con la visión de Japón como un país rico, que funciona, en el que un sobrecoste del proyecto olímpico no implica la ruina presente o futura del país.
  • Tras los JJOO de Londres y los próximos de Río de Janeiro, sería razonable pensar en un país asiático como sede del olimpismo para 2020. En este apartado podría haber entrado Estambul, pero quizás los miembros del COI consideraron que Turquía es un país más europeo que asiático. Si se tiene en cuenta que hay quien habla que en 2024 se presentarán París y Roma (que renunció a presentar su proyecto en 2020 por la crisis), resulta creíble que hubiera quien prefiriera que no fuera Madrid la sede olímpica en 2020.
  • Si tenemos en cuenta, además, que el epicentro del mundo lleva décadas girando a Asia, entenderemos por qué cada vez resulta más irrelevante lo que ocurra en Europa y en cada uno de sus Estados.
  • Desde hace años constatamos el declive de España como país regional secundario, a lo que no ayudan sus desplantes con América Latina (recordemos lo que pasó con el presidente de Bolivia, Evo Morales, hace una semana), las salidas de tono con Reino Unido o la tendencia a ponerse de perfil ante asuntos que implican posicionarse, como la intervención en Siria o las revueltas en el norte de África u Oriente Medio. España, país que servía de puente con América Latina y uno de los interlocutores para los países árabes, hoy simplemente no está ni se le espera. He aquí uno de los efectos del diseño de nuestra política exterior.
  • De la evidencia de cómo los poderes públicos españoles insisten en la construcción como la única vía para salir de la crisis económica, recomendamos leer las entradas que este lunes publicaban Hugo Martínez Abarca, Carlos Segovia y Antón Losada. Es difícil encontrar mejores argumentos para señalar que, aunque el establishment no lo crea, el COI nos hizo un favor al despertarnos de un sueño que se habría prolongado durante siete años para terminar con el mismo amargo despertar que en estos momentos.

Tras el fiasco olímpico es hora de analizar las consecuencias de una decepción mayúscula, la verdadera cruz de haber creado unas expectativas irreales e infundadas:

  • Mariano Rajoy fue claro al señalar, en la rueda de prensa ofrecida tras la decisión del COI, que este asunto no tendrá consecuencias políticas. Bien, es lo que tocaba, aunque tanto él como el resto del mundo sabe que si Ana Botella hubiera podido liderar la organización de los JJOO de 2020 las críticas a su capacidad hubiera rebajado los decibelios que se escuchan durante estos días contra ella, más por su valentía al dirigirse en un inglés básico a los miembros del COI que por el fondo de su intervención y puesta en escena: no es de recibo que una profesional de la política, que lleva en primera línea como consorte de un líder del PP desde 1989, hiciera el ridículo con un discurso que parecía un intento de revisitar el “caca, culo, pedo, pis” en inglés. Lo mismo puede decirse de Ignacio González, en el punto de mira de Génova por su estrecho vínculo con Esperanza Aguirre, que puede ser el artífice de que Madrid deje de estar en manso ‘populares’ por primera vez desde 1995.
  • Los medios conservadores y monárquicos llevan días resaltando el buen trabajo desempeñado por el Príncipe, en lo que parece el inicio de una nueva campaña por la abdicación del Rey Juan Carlos en su hijo. Si Madrid hubiera conseguido lso JJOO, es probable que estas terminales mediáticas hubieran comparado la labor del Príncipe con la que tuvo su padre el 23 de febrero de 1981, parando el golpe de Estado. Puesto que no ha podido ser, el heredero al trono y su entorno debe buscar una nueva causa que le permita ganar el favor de la ciudadanía hacia un relevo en la Jefatura del Estado sin consulta previa.
  • Tras la labor de propaganda puesta en marcha, con especial énfasis durante los últimos días, toca volver a la realidad, y eso pasa por abordar algunos de los asuntos que habrían dañado la candidatura española de cara al olimpismo: la corrupción, la crisis económica, las altas tasas de paro (que se dispararán con el fin de la temporada) y, sobre todo, la percepción de que el país no proyecta signos de cómo saldrá del agujero económico y de depresión psicosocial que evidencia.

Mientras los medios de masas difundían la imagen de un país consternado y casi en shock por la decisión que llegaba de Buenos Aires, en Brasil se celebraban marchas por el Día de la Independencia, marchas en las que también se coreó contra la corrupción de las autoridades brasileñas y el diseño de un país volcado en la celebración de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en 2016, mientras se escatima inversión en gasto social. Las protestas acabaron con más de 300 detenidos en distintos puntos del país y componen un espejo en el que, quizás, deberíamos estar mirándonos:

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
Esta entrada fue publicada en Brasil, Comunicación Política, Gobierno, PP, Rajoy, recortes, rescate. Guarda el enlace permanente.

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