Berlusconi se inmola y precipita el fin de una era

Coherente con su personaje, Silvio Berlusconi puso este miércoles el broche final a su carrera política volviendo sobre sus pasos y pidiendo en el Senado a los suyos que votaran por la continuidad del Gobierno de Enrico Letta, al que trató de derrumbar el fin de semana pasado por la negativa del primer ministro y del presidente de la República a modificar la ley que obliga a su expulsión de la Cámara Baja tras su condena por corrupción.

Antes de la votación de la moción de censura convocada por Letta para conocer el alcance de sus apoyos, tras la dimisión en bloque de los cinco ministros del Partido de la Libertad (PDL), la formación que lidera aún Il Cavaliere, Berlusconi pidió la palabra y manifestó su apoyo a la continuidad del Ejecutivo: “Hemos escuchado con atención las declaraciones del primer ministro y escuchado sus compromisos. Poniendo juntas todas estas expectativas y el hecho de que Italia necesita de un Gobierno y de reformas, hemos decidido, no sin trabajo interno, otorgar un voto de confianza al Gobierno”.

Tras la votación, que resultó 235 votos a favor y 70 en contra, Letta emerge como el vencedor de una crisis política auspiciada por Berlusconi y que, como ocurrió en diciembre de 2012, cuando la retirada del apoyo del PDL supuso la dimisión de Mario Monti y la convocatoria de elecciones legislativas. En esta ocasión, había signos que apuntaban a que estábamos ante una situación diferente.

Tras la dimisión de los cincos ministros pertenecientes al PDL, varios de ellos mostraron públicamente su discrepancia ante una decisión que tenía raíces puramente personales: la supervivencia política de Berlusconi, una supervivencia que requería la violación explícita de la ley que lo expulsará este viernes del Senado por su condena en firme por corrupción.

Una vez anunciado que Letta se sometería a la moción de confianza, se multiplicaron los contactos para garantizar la supervivencia del Gobierno y evitar, de nuevo, tener que acudir a las urnas, apenas ocho meses después de haber consultado a la ciudadanía. Así, se difundían hipotéticas divisiones internas, por primera vez en los 20 años en los que Berlusconi todo el centroderecha italiano -con apoyos con partidos de corte neofascista como la Liga Norte, de Umberto Bossi, también en horas bajas-.

Este martes, la rebelión interna se hacía realidad en la persona de Angelino Alfano, secretario político del PDL, dimisionario viceprimer ministro y delfín de Berlusconi, que se rebeló contra él y que se dirigió a sus diputados para pedirles el respaldo al Gobierno de Letta: “Sigo firmemente convencido de que todo nuestro partido tiene que votar la confianza a Letta. No hay ni grupos ni grupitos”, apuntó. Comenzaba el cataclismo que se ha escenificado hoy, con la rectificación pública incluida.

Berlusconi saltó a la arena política en 1992 como una de las consecuencias de la voladura del sistema de partidos que surgió de la Segunda Guerra Mundial en Italia debido al proceso Tangentópolis, la operación que comenzó Manos Limpias y que destapó las raíces corruptas de las formaciones italianas que se habían turnado en el poder.

Emergió como un hombre de negocios exitoso, como el hombre más rico de Italia, dueño de un imperio mediático que, dos décadas después, creció al ritmo de sus excentricidades, de su implicación en casos de corrupción pendientes en los tribunales y de la difusión de un modelo de ciudadanía que se puede resumir en sus fiestas en Villa Certosa y de su querencia por las velinas.

A veinte años de distancia, ya conocemos los resultados: desaparición de las viejas formaciones políticas, obligadas a una remodelación profunda; situación de debilidad extrema de la izquierda, lo que permitió que Berlusconi acometiera gobiernos personalistas, muchas veces más interesados en beneficiarle -a él y a sus empresas- que en el bien público; y, en general, una crisis institucional profunda, sólo matizada por el funcionamiento del Poder Judicial, sometido a los ataques de Berlusconi y de sus terminales mediáticas por atender procesos de corrupción contra él.

A pesar de todo, en los comicios de febrero, la coalición de centroderecha -de la que forma parte fundamental el PDL- logró el 21.56% de los votos de la candidatura de centroderecha (29.1%) y el control del Senado. Hoy, según los últimos sondeos, un 25% del electorado italiano estaría dispuesto a votar por la lista de los conservadores:

CapturaItaiaSept2013

De acuerdo con la media de los últimos sondeos de las cinco empresas demoscópicas referidas [resultados recopilados a través de @electionista], el PDL se haría con el 25.12% de los votos, 3.5 por encima del resultado que obtuvo en las urnas. En el caso del PD de Letta, las cosas van mejor con horquillas que le dan hasta el 30% de los votos (casi 5.5 puntos más que en febrero). La media de los resultados de las encuestas le sitúan en torno al 28.46%, +3 puntos que en febrero y apenas un punto por debajo del resultado que la coalición de centroizquierda alcanzó entonces (29.5%).

Por su parte, vemos que la lista de Monti sigue en caída libre. En febrero su partido se hizo con el 8.30% del electorado (hasta el 10.5% del total alcanzado por su lista). Hoy se mueve en torno al 6.4% y su papel en la crisis política abierta el pasado fin de semana ha sido irrelevante. Lo mismo puede decirse del M5S que, a pesar de todo, sigue con una intención de voto media del 21.54%, -4 puntos respecto a febrero, pero un buen nivel si se tiene en cuenta los problemas internos y las críticas externas hacia su actitud de abocar al país a una nueva convocatoria electoral.

El paisaje tras la batalla parece claro:

  • Letta emerge como un líder capaz de aglutinar al centroizquierda y de aparecer como un hombre de Estado. No sabemos las consecuencias que eso puede tener entre sus filas, donde sigue a la espera Mateo Renzi, alcalde de Florencia y, dicen, mirlo blanco del PS en le futuro
  • Los conservadores pueden haber firmado su aniquilación interna. Guste más o menos, Berlusconi servía de pegamento entre sectores políticos bastante más irreconciliables de lo que parece desde la distancia. Con la marcha de Berlusconi de las instituciones, que se consumará, previsiblemente, este viernes, podríamos estar ante el inicio de una guerra interna por el control interno del PDL o de Forza Italia (la formación que Berlusconi iba a revitalizar). A partir de ahora, a la división de duros y blandos se sumará lo que muchos entienden como una traición de los más cercanos a Il Cavaliere, con Alfaro a la cabeza. Al sector vinculado a la democracia cristiana no les debe hacer ninguna gracia los mensajes que, durante la crisis, legaron desde el Vaticano a propósito de la irresponsabilidad del PDL.
  • Queda por ver el papel que adoptará el M5S en el ciclo político que se abre ahora, un tiempo en el que el país seguirá aprobando reformas y nuevos recortes, además de la Ley electoral que debería mitigar los escenarios de caos que plantea la política italiana de manera periódica.

Por si quedara alguna duda de la separación entre política y economía en la Europa actual, a pesar del resultado de la crisis, la Bolsa de Milán cerró con una subida del 0,68 %, hasta situarse en los 18.098 puntos. La prima de riesgo italiana llegó a los 256 puntos básicos.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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