Shut down vs Obamacare

Como siempre, The West Wing lo contó antes. En su quinta temporada de la serie creada por Aaron Sorkin, la Administración Bartlet se enfrenta a un cierre de la Administración federal de los EEUU como el que vivió Bill Clinton en 1996 y que se prolongó durante 22 días (del 15 de diciembre al 6 de enero de 1996).

Este martes, la negativa del Congreso -de mayoría republicana- a aprobar el presupuesto presentado por el presidente de EEUU derivó en un cierre de la Administración federal tras la negativa de Barak Obama a aceptar las condiciones para obtener el visto bueno: la eliminación de los fondos para seguir adelante con la reforma sanitaria, el Obamacare, cuya parte más importante entraba este martes en vigor.

Ante la negativa del presidente de EEUU a dilapidar la medida con la que pretende construir su legado, y que permitirá extender el seguro médico a millones de estadounidenses que carecen de él -bien por falta de ingresos, bien por tener enfermedades previas que llevaron a las aseguradoras a rechazarlos como clientes-, la mayoría republicana propuso retrasar un año la aplicación del plan que lleva el nombre del presidente. Éste se negó y, a la par que hacía frente a las primeras horas del cierre de la Administración, su perfil en Twitter difundía un mensaje que transmite confianza en su plan y, sobre todo, capacidad de liderazgo:

CapturaObama

Obama no se escondió. Rodeado de beneficiarios de su reforma, habló ante los medios de comunicación y sugirió, abiertamente, el secuestro del Partido Republicano por una minoría extremista, vinculada al Tea Party: “Los republicanos en la Cámara de Representantes han querido el cierre del Gobierno por una cruzada ideológica para negar cobertura sanitaria asequible a millones de americanos”. El Tea Party es, quizás, el grupo que más crítica pública realizó al Obamacare al considerarlo una intromisión del Estado en la vida de los ciudadanos y una muestra más de que Obama pretende llevar el país hacia una “economía socialista”.

El “shut down” conlleva que todos los servicios públicos, incluidos la sanidad, la educación y las fuerzas armadas, se mantienen con el mínimo legal posible. Ministerios y oficinas del Estado cerraron sus puertas, y hasta 800.000 funcionarios de los 2.1 millones de los que consta la Administración federal se hayan quedado en casa, sin cobrar sueldo. Más allá de la anécdota, la medida se nota, por ejemplo, en el cierre de los museos y monumentos históricos de Washington o Nueva York.

En diciembre tuvimos nuestra ración de precipicio fiscal, salvado in extremis antes de que comenzara el año. Octubre arranca ahora con un cierre de la Administración que podría ser el preámbulo de un problema mayor si no hay acuerdo para elevar el techo de la deuda permitida (16.7 billones de dólares) y que será sobrepasado a mediados de este mes. Si no hay acuerdo, el país deberá declarar la suspensión de pagos, otra fase de esta partida que tiene que ver, y mucho, con la debilidad parlamentaria con la que Barak Obama afronta el resto de su mandato.

Hasta el momento, el presidente de EEUU lleva las de ganar y, en general, se suele cargar las tintas contra la intransigencia de los republicanos ante una ley aprobada y ratificada por el Tribunal Supremo. Prueba de ello es el comportamiento de los mercados, que cerraron en positivo. A pesar del temor a un efecto bursátil del cierre parcial de la Administración, el Dow Jones avanzó el 0,41 %.

Si tenemos en cuenta que, a partir del año próximo, hablaremos de Obama como de un “pato cojo” -figura con la que se representan los dos últimos años del segundo mandato de un presidente de EEUU- y que en unos meses estaremos hablando de los candidatos a las primarias republicanas y demócratas para elegir candidato a las elecciones de 2016, podemos concluir que la partida sigue pintando mal para el Partido Republicano, donde aún no han emergido posibles liderazgos.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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