EEUU: El pulso de la deuda y sus consecuencias

Cuando se cumplen dos semanas del cierre parcial de la Administración de EEUU, la Casa Blanca, republicanos y demócratas negocian a contrarreloj para abordar la segunda fecha marcada en rojo en el calendario: el 17 de octubre, día en el que el país entrará en suspensión de pagos si no se aprueba aumentar el techo de deuda, actualmente en los 16,7 billones de dólares.

A pocas horas de que se llegue al límite del plazo fijado, el presidente de EEUU, Barak Obama, multiplica sus apariciones en los medios de comunicación para señalar que aún confía en un acuerdo entre ambas formaciones, una propuesta bipartidista, “de buena fe”, que ponga fin una “crisis fabricada que ya ha perjudicado a familias y empresarios estadounidenses”. De paso, reafirma públicamente la sensación de que es la irresponsabilidad de partido republicano y, sobre todo, de las filas del sector vinculado al Tea Party, la que puede abocar al país a la suspensión de pagos, con el efecto tsunami que eso tendría para el resto de la economía mundial.

En las últimas horas, Harry Reid (demócrata) y Mitch McConnell (republicano) mostraron ser “optimistas” al “retomar” las negociaciones para alcanzar un acuerdo en el Senado que reabra la Administración federal y evite la suspensión de pagos. Todo ello después de que la Cámara de Representantes decidiese cancelar la votación sobre un plan alternativo de los republicanos debido a la falta de acuerdo interno. De acuerdo a este plan, cuya votación anunció el propio John Boehner (presidente de la Cámara de Representantes, republicano), se aceptaba prolongar el límite de deuda hasta el 7 de febrero y la apertrua de la Administración federal hasta el 15 de enero, con modificación en la financiación del Obamacare. Ni siquiera se llegó a llevar el texto al hemiciclo ante las críticas del Tea Party hacia la posición débil que personalizaron en Boehner.

En estos momentos, casi todos los analistas consideran que los demócratas y la Casa Blanca están ganando la partida, por lo que solo les queda esperar a que los republicanos desanden el camino que iniciaron hace dos semanas. Y es que el órdago presentado por los republicanos, que pusieron sobre la mesa la derogación de la reforma sanitaria a cambio de dar su apoyo a la Casa Blanca, ha evidenciado las tensiones internas que ya se detectaron a nivel interno, sobre todo, en la campaña de las presidenciales de 2008, con el ticket formado por John McCain y Sarah Palin.

Casi todos consideran que lo que se está dirimiendo, en el fondo, es el liderazgo y la dirección del partido conservador, con la emergencia de posibles candidatos de cara a las legislativas del próximo año y, sobre todo, a las presidenciales de 2016. En esta batalla interna, muchos miran a Boehner como una de las probables víctimas políticas del sainete, del que la mayoría de los ciudadanos culpa al partido republicano, hundido en un índice de aprobación del 26%.

Mientras tanto, la enésima crisis política interna en EEUU, que vaticina que el resto del mandato de Barak Obama se fundamentará en el bloqueo constante, apunta a un funcionamiento perverso de la teoría de pesos y contrapesos del sistema político y que, en los últimos años, genera la parálisis de la primera economía del mundo. Por si esto no fuera suficiente, este martes, la agencia de calificación Fitch situó en perspectiva negativa la nota que otorga a la deuda estadounidense, que por ahora sigue la triple A, ante el riesgo de impago.

Más señales: El domingo, desde la agencia de noticias oficial china Xinhua se volvía a incidir en la necesidad de una “desamericanización de las finanzas” y de ir hacia un nuevo orden mundial (adoptando, por cierto, con la que George Bush afrontó el derrumbe de la URSS y el fin de la Guerra Fría). En este escenario, se abogaba  por buscar una nueva moneda de reserva mundial, más estable y segura, con argumentos como: “Mientras que los políticos estadounidenses” no han logrado “encontrar un acuerdo viable para volver a hacer funcionar de manera normal las instituciones políticas de las que están tan orgullosos, puede ser el buen momento para un mundo confundido de comenzar a plantearse la construcción de un mundo desamericanizado. Los días de preocupación en los que los destinos de otros países se encuentran en manos de una nación hipócrita deben llegar a su fin y un nuevo orden mundial debe ponerse en marcha, donde todas las naciones (…) vean respetados y protegidos sus intereses con una base de igualdad”.

No es nuevo. Ya en 2011, a través de este mismo cauce, se avisaba de la necesidad de un cambio en la moneda de reserva, dados los niveles de deuda de EEUU (con China como el principal tenedor internacional, con 1,3 billones). La diferencia es que, ahora, los hechos parecen dar la razón a Beijing, que no esconde su interés por fijar su moneda, el yuan, como esta moneda alternativa.

Sería irónico que, finalmente, el partido republicano, que desde hace décadas asume el papel de EEUU como superpotencia con la obligación de intervención de acuerdo a una interpretación del llamado ‘excepcionalismo americano’, haya contribuido a fortalecer las bases de la decadencia estadounidense interna y externa.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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