EEUU tiene un problema…

… Y se llama espionaje generalizado de Estados aliados a través de sus agencias de seguridad.

Lo avanzaron las filtraciones de Wikileaks y lo confirmó el analista Edward Snowden, que sigue como refugiado en Rusia  tras haber puesto en circulación una trama de interceptación de las comunicaciones de ciudadanos y de Gobiernos extranjeros en virtud de la aplicación de la Patriot Act.

Estos días, Der Spiegel confirmó que el teléfono de la canciller alemana  fue interceptado por los servicios de inteligencia de EEUU, motivo por el que Angela Merkel telefoneó a Barak Obama para transmitirle su queja, que ha trasladado a la reunión del Consejo Europeo, que se celebra desde este jueves en Bruselas.  Además, Berlín convocó al embajador de EEUU en la capital para transmitirle oficialmente la queja.

Sin embargo, esta forma de trabajar podría venir de los tiempos en los que EEUU  actuaba como la superpotencia vencedora de la Guerra Fría y, por usar la terminología de Noam Chomsky, como el guardián del mundo.  Según avanzó la revista alemana Die Welt, la NSA estadounidense  habría comenzado  a espiar las comunicaciones de Alemania desde 1999, último año de mandato de Bill Clinton en la Casa Blanca.

A pesar de las novedades, la situación parece tranquila en las cancillerías europeas. La UE sigue enfrentada a su modelo de crecimiento económico, un modelo que se resume en el siguiente gráfico publicado por The Wall Street Journal y que explica por qué cinco años después del tsunami  provocado por la caída de Lehman Brothers los Estado europeos afrontan el final de año con tímidos crecimientos (como el 0.1% del PIB español en el tercer trimestre).

WSJEc

En el caso de España, con un ministro de AAEE que asegura que no le consta que se hayan intervenido comunicaciones de ciudadanos españoles (a pesar de las denuncias que ha realizado países como Francia e Italia), la crisis económica y la demolición del Estado de bienestar tienen un nuevo acompañante en la agenda política: la revitalización del discurso antiterrorista anterior a 2008.

Desde hace días, hemos asistido al posicionamiento del Gobierno y del partido que le sustenta contra la sentencia del TEDH a propósito de la derogación de la Doctrina Parot en el caso del encarcelamiento de la etarra Inés del Río. Tras el desencuentro entre la posición del Gobierno  y las asociaciones de víctimas del terrorismo más conectadas con el sector duro del PP, Génova confirmó que finalmente secundará la manifestación convocada por la AVT el próximo domingo contra la sentencia del TEDH.

Después de días en los que Moncloa y Génova parecían no saber qué hacer -y eso explica que la posición del Gobierno se centralizara en los ministros de Interior y Justicia-, el PP ha decidido tomar el guante y anunció que acudirá a la concentración convocada el domingo bajo el lema ‘Justicia para un final con vencedores y vencidos’ . Sin embargo, existen serias dudas de que se logre frenar las crítica contra el Ejecutivo de Mariano Rajoy, al que muchos acusan de no haber hecho lo suficiente para evitar la ejecución de la sentencia de Estrasburgo. Tal vez por este motivo, el presidente del Gobierno se sobrepasó y aseguró que no le gustaba la sentencia, que calificó de “injusta y equivocada”.

Así, con la UE volcada en el discurso económico y con España vendiendo recuperación, aderezada con la vuelta del discurso antiterrorista, el caso del espionaje de EEUU apenas trasciende más allá de las quejas oficiales. En ningún momento se está hablando de una forma de actuación al margen de la legislación (puesto que estas prácticas quedaron amparadas bajo la Patriot Act, aprobada tras el 11-S) que mina las bases sobre la que se construye el Estado de derecho en regímenes democráticos y que marca una línea en torno a la manera más efectiva de gobernar la globalización, aunque sea asumiendo la doctrina del mal menor [Ignatieff].

Existen otras opciones, y la más preocupante pasa pensar que la NSA carece de control ante las actuaciones de otras agencias de seguridad que depende de ella debido a dos consideraciones: Por un lado, el avance de la técnica, que hace muy difícil legislar en términos de protección de derechos a la intimidad individual (más en el caso del mandatario de un Gobierno, sobre todo cuando hay otros agentes dispuestos a conseguir la información, cueste lo que cueste); y por otro, por las privatizaciones acometidas en este tipo de trabajos, que antes estaban en manos de las agencias de inteligencia.

La respuesta de la Casa Blanca, que se ha negado a confirmar las últimas informaciones aparecidas [según publica The Guardian EEUU habría pinchado los teléfonos de hasta 35 líderes mundiales], indican la podredumbre del legado que, en teoría, Barak Obama debería estar construyendo en su segundo mandato.

El sábado, la plataforma Stop Watching Us ha convocado una manifestación en Washington para pedir al Estado que deje de espiar las comunicaciones de los ciudadanos estadounidenses. Éste es el vídeo, protagonizado por personalidades como los actores John Cusack y Maggie Gyllenhaal o el director Oliver Stone:

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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