Caso Bárcenas: La china en el zapato de Génova

La estrategia del PP es transparente: a medio año de las elecciones europeas y a dos de las generales (con la prueba, en mayo de 2015, de los comicios muncipales y autonómicos), Génova ha puesto el acelerador para vender un proyecto económico exitoso que parte del reconocimiento de los esfuerzos de los ciudadanos. A ellos se refirió el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante su balance de legislatura, y a ellos se están dirigiendo algunos de los mensajes que, en los últimos días, ofrecen miembros del Ejecutivo y el PP.

Así se entiende el guiño que Cristóbal Montoro, titular de Hacienda, hizo este lunes a los empleados públicos, a los que prometió devolver uno de los tres días de libre disposición (los llamados moscosos), eliminados en verano de 2012, cuando Rajoy, en el Congreso, anunció la reactivación de la motosierra que adelgazará el Estado español. Montoro, el mismo que minimizaba hace un año la movilización del personal público, a los que incitó a trabajar, este lunes anunció la devolución de uno de sus derechos laborales “porque están haciendo una aportación extraordinaria en la salida de la crisis”. A esta altura del partido, Génova ha decidido lanzar mensajes hacia una parte de base social, la de los funcionarios, una de las primeras afectadas por los recortes impulsados desde el Palacio de la Moncloa.

Con el fin de rescate bancario (a pesar del periodo de 15 años para su devolución) y con los organismos internacionales refrendando los datos macroeconómicos que maneja Economía, sólo hay dos aspectos que pueden hacer fracasar la estrategia de comunicación y propaganda que el PP puso a funcionar antes del verano y que cada vez se percibe con mayor fluidez:

  • Los malos datos de empleo, que harán imposible vender un cambio de ciclo económico cuando el país se encuentra en parálisis económica [cuya metáfora, por ejemplo, son los problemas y averías que a diario registra el Metro de Madrid, hasta no hace mucho la infraestructura emblema de la pujanza económica de la Comunidad de Madrid]
  •  El oleaje en torno al llamado ‘caso Bárcenas’ y su impacto en la honorabilidad de la cúpula dirigente del PP, comenzando por el propio Mariano Rajoy.

El viernes, el juez de la Audiencia Nacional que instruye el caso relativo a los llamados Papeles de Bárcenas, Pablo Ruz, emitió un auto en el que certificó, en sede judicial, la impresión que tiene buena parte de la sociedad: Que el PP ha funcionado durante años con una contabilidad b, dinero de origen incierto que ha servido para pagar sobresueldos, para actividades relacionadas con actos electorales y otras consideraciones.

En concreto, el Ruz considera probada la existencia “de una cierta corriente financiera de cobros y pagos continua en el tiempo, al margen de la contabilidad remitida por el Partido Popular al Tribunal de Cuentas” usada, específicamente, para el pago de las obras que el partido llevó a cabo en su sede central, en la calle Génova, entre los años 2005 y 2011, es decir, cuando Rajoy ya presidía el partido:

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A pesar del contenido del auto, esta información apenas suscitó movimiento en las redes sociales y mucho menos en forma de movilización ciudadana, la prueba quizás más evidente del hartazgo de una sociedad que, desde hace meses, parece haber asumido las consecuencias de la crisis política:

  • Se confirma la estrategia ‘popular’ a propósito de que el caso Bárcenas y la presunta corrupción que salpica al partido que sustenta al Gobierno [encargado, entre otros asuntos, de la persecución del fraude fiscal]: está amortizado.
  • Además, existe la impresión de que, a pesar de los indicios y evidencias, será muy difícil que al final de todos los procesos en marcha haya sentencias firmes y que éstas requieran ingreso en prisión. Puesto que los grandes partidos se escudan en el resultado de las urnas y en que si no hay responsabilidades penales no tiene por qué exigirse responsabilidades políticas, al final el resultado es una calidad democrática que hunde sus raíces en un círculo vicioso.

Por si quedara alguna duda, María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP incidió en estas tesis. En la primera comparecencia de un dirigente del PP desde que se conoció el auto de Pablo Ruz, que el viernes se despachó con un comunicado de prensa, Cospedal sugirió con el aplomo al que nos tiene acostumbrados que el juez se equivoca (o que miente), que en el PP sólo hay una contabilidad y que ésta está en disposición del Tribunal de Cuentas y de la Audiencia Nacional: “Este partido sólo tiene una contabilidad. Los papeles o las cuentas que tengan otros serán de otros. Y por otros ya sabe usted a quién me refiero. Pero este partido, el PP sólo tiene una contabilidad. Y, por cierto, en esa contabilidad figura bien pagada la obra de la remodelación de Génova”, aseguró.

Insistió en que el coste de las obras figura en los datos remitidos por el partido al Tribunal de Cuentas y, e un triple salto mortal, recordó que el PP había buscado a empresas externas para que auditara sus cuentas y que éstas habían declinado el ofrecimiento porque las cuentas del PP estaban fiscalizadas por un motivo: No aceptaron los límites impuestos por Génova a sus posibles inspecciones.

Cospedal se suma así a la estrategia planteada el viernes la vicepresidenta del Gobierno,Soraya Sáenz de Santamaría; tras el Consejo de ministros, y al ser preguntada precisamente por el auto del juez Ruz, obvió tirar de argumentario [el Gobierno respeta las decisiones judiciales y declina valorarlas en aras de la independencia del Poder judicial] y vendió las bondades de la Ley de Transparencia, norma que, según el Ejecutivo, evitará que situaciones como las que se están juzgando en estos momentos se vuelvan a repetir. Ni Santamaría ni Cospedal tuvieron a bien explicar que la contabilidad de la que habla Ruz y que la mayoría de la sociedad da por cierta necesariamente no figura en los documentos remitidos al Tribunal de Cuentas, que auditará, en su caso, las cuentas oficiales.

Así que, casi un año después de que estallara el caso Bárcenas, seguimos estando en el mismo punto que Rajoy resumió y que parafraseamos: “Nadie podrá probar que [el PP ] no es inocentes”. Cosa distinta es que lo sea.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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