Fin del conflicto Repsol-YPF: Repaso de damnificados

Hace un año y medio escribimos un post a propósito de la nacionalización del 51% de la participación de la argentina YPF en manos de Repsol. Esta decisión de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, fue recibida con un público y notorio malestar que llevó a los ministros más directamente relacionados con el asunto, José Manuel Soria y José Manuel García-Margallo, titulares de Energía y de Asuntos Exteriores, respectivamente, a elevar el tono del malestar patriótico español. Esta reacción, por supuesto, fue aplaudida y jaleada por la prensa más cercana a los intereses de Génova.

Entonces, distintos miembros del Gobierno anunciaron que se tomarían represalias y que se elevaría el conflicto entre una empresa y el Gobierno del país en el que pretendía hacer negocios, con expresiones como: “Si en alguna parte del mundo hay gestos de hostilidad contra esos intereses, el Gobierno los interpreta como gestos de hostilidad hacia España y hacia el Gobierno español. Y si hay gesto de hostilidad, trae consigo consecuencias” (Soria) o “El Gobierno tomará las decisiones que correspondan. Pero le voy a decir una cosa: las medidas no se anuncian, se adoptan” (Soraya Sáenz de Santamaría).

Entonces, escribimos:

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Año y medio después, el conflicto empresarial está resuelto. Soria voló este lunes a Buenos Aires en compañía de los principales accionistas de Repsol [Isidre Fainé, por CaixaBank, y el responsable de la mexicana Pemex] para buscar una solución. Esta delegación, que decidió dejar en casa a Antonio Bruffau, presidente de Repsol, se reunió con el flamante nuevo ministro de Economía argentino, Axel Kicillof, con miembros de su departamento y con los responsables de YPF. Así, al filo de la medianoche, hora española, se anunció un principio de acuerdo que “implicará fijar el monto de la compensación y su pago con activos líquidos”. Este martes se supo que esta cuantía asciende a 3500 millones de euros [Repsol exigía inicialmente 8000], que se obtendrá a partir de deuda soberana argentina, y su aceptación implica que “ambas partes desistirán de las acciones legales en curso”.

El acuerdo, en esta ocasión, ha suscitado titulares mucho más recatados en los medios de información general españoles [resaltamos las portadas durante el conflicto, en abril de 2012, y las actuales]

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Consideraciones

  • España retira el órdago planteado hace año y medio, en buena medida debido al desinterés de buena parte de la comunidad internacional de acompañar al Gobierno de Madrid a un proceso en instancias que, como mínimo, prolongaría el contencioso durante años [con el consiguiente perjuicio para las inversiones en la zona]. Ésta ha sido la actuación de la UE  y de EEUU, que han mostrado comprensión  hacia los requerimientos del Gobierno español y de Repsol pero que se han cuidado mucho de acompañar con acciones legales esa cercanía.
  • Más allá de toda consideración, el acuerdo confirma la desmesura de una reacción testicular del Gobierno, muy alejada de los cauces diplomáticos que deberían regir la acción exterior de un país como España, inmerso en una crisis total y que parece que ni siquiera aspira ya a ser una potencia regional en el mapa global.
  • Recordemos el papel que desempeñaron aquellos días García Margallo y Soria, ministros que encabezaron la protesta airada, al parecer con escasa consistencia real. Ninguno de los dos ha puesto su cargo a disposición del presidente del Gobierno.
  • El acuerdo refleja cómo España no deja de perder influencia en América Latina, en buena medida por reacciones como las que han protagonizado Repsol y otras empresas españolas en la zona ante procesos de nacionalización de sectores clave decretados por gobiernos ubicados en la nueva izquierda latinoamericana [que en España se despacha con el cartel de populismos].
  • A pesar de la propaganda del ICEX y de otros organismos enfocados a la inversión exterior, las empresas españolas no gozan de buena imagen en el exterior, en buena medida por prácticas de rapiña como las que ejercieron en América Latina en los años 90 (al calor de las Cumbres iberoamericanas auspiciadas por Felipe González).
  • Este tipo de actuaciones, que confunden intereses de empresas privadas [que tienen sus propias estrategias, como se ha visto en la elección de astilleros de Corea del Sur para construir los buques metaneros de Gas Natural], desdibuja el papel que debería ejercer la diplomacia española, sobre todo, insistimos, con países con los que se comparte base cultural, idioma y formas de vida al margen de lo simpáticos que nos resulten sus gobernantes.
  • Por otra parte, la negociación con el Gobierno de CFK ha puesto en evidencia el papel de Bruffau, presidente de la empresa y que fue apartado de la negociación por el Gobierno español, que prefirió acompañarse de los grandes accionistas de la petrolera para desbloquear la situación

Este miércoles, el consejo de Repsol votará el preacuerdo alcanzado para compensar la nacionalización de YPF. Está previsto que se apruebe.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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