Merkel gira a la izquierda: “Economía social de mercado”

Primer discurso de legislatura de Angela Merkel, la canciller alemana que afronta los próximos cuatro años con un gobierno de coalición con el SPD tras los acuerdos para reeditar la “gran coalición” que gobernó Alemania entre 2005 y 2009.  Y se notó.

Merkel salpicó su discurso, que duró una hora, con propuestas que están en las antípodas de las recetas defendidas (e impuestas) a los países de la periferia de la UEM que han tenido que solicitar rescates.  Aseguró que hay que poner a los ciudadanos en el centro de lo que calificó de una “economía social de mercado” idea que, luego, su vicecanciller, Sigmar Gabriel interpretó de la siguiente forma: “toda política económica, en el sentido de la economía social de mercado es siempre política social. Este país siempre se ha metido en líos cuando ha entendido la economía social de mercado orientada a los accionistas”.

No fue el único cambio registrado. Tras liderar el grupo de países de la Eurzona que reclama mayor flexibilidad laboral y empresarial, en aras de la consolidación fiscal y del equilibrio de las cuentas públicas, Merkel criticó en el Bundestag  los excesos en el mercado laboral germano, una tendencia que prometió corregir: “La gran flexibilidad que ha modificado el sistema laboral alemán desde la Agenda 2010 de Gerhard Schröder ha dado lugar a excesos que serán corregidos en esta legislatura”, prometió.

La canciller alemana anunció:

  • La reducción de la edad de jubilación de los 67 años a los 63 sin penalización a los trabajadores que hayan cotizado al menos 45 años, una medida aprobada por Gerhard Schröder en su último mandato. El excanciller ya se ha mostrado en contra de esta medida, sobre todo por el mensaje que se enviaba a otros socios a los que, como a España, se le está obligando a alargar la edad de jubilación.
  • El aumento de ayudas para madres con hijos nacidos antes de 1992 y para las pensiones más bajas [prerrogativa del acuerdo de gobierno firmado con los socialdemócratas]
  • Aumento de las las prestaciones a personas dependientes o que estén en periodo de rehabilitación
  • La reintroducción del salario mínimo de 8.50 euros la hora, que fue la condición puesta sobre la mesa por el SPD en la campaña electoral y que forma parte del acuerdo de gobierno
  • El establecimiento de una cuota femenina del 30% en los consejos de administración de las empresas que cotizan en Bolsa a partir de 2016
  • Una reforma financiera en la que “ni un solo agente financiero, ni un solo producto financiero, quede sin responder ante el principio que dice que quien asume el riesgo debe asumir las pérdidas”.

Merkel confirmó que Alemania no incurrirá en nuevas deudas a partir de 2015, descartó subidas de impuestos este año y se fijó como reto la transición energética [con cierre progresivo de centrales nucleares, desarrollo de renovables y todo ello combinando garantía de suministro sin aumento de la factura].

En clave europea, pidió a sus socios europeos compromiso para avanzar en la unión bancaria [a la que, por cierto, Berlín está poniendo pegas desde que se planteó su desarrollo] y para reforzar el funcionamiento de las instituciones comunitarias a través de un mayor desarrollo de los tratados europeos: “Podemos acostumbrarnos a vivir con la crisis, pero no podremos decir que la hemos superado hasta que no hayamos organizado debidamente nuestras estructuras”, aseguró.

Además, volvió a dejar claro que la solidaridad alemana pasa por que “cada socio europeo haga sus deberes en casa”, un argumento que se relaciona, directamente, con la filosofía que ha regido los rescates a Grecia, Irlanda, España, Portugal y Chipre, sobre todo en términos de quitas.

Recordemos que Alemania fue uno de los primeros países en afrontar las recetas del austericidio que la Troika ha manejado desde 2009, cuando el mundo desarrollado renunció a “refundar el capitalismo” (Nicolás Sarkozy). Schröder puso en marcha la Agenda 2010, un programa de reformas que explican el llamado “milagro alemán” y que ha suscitado no pocas críticas por ser la piedra de toque de la situación de desigualdad que se ha ensanchado durante estos años. Este programa incluía:

  • Bajada del impuesto sobre la renta: se pasó del tipo de retención máximo del 48,5% al 42% y el tipo mínimo del 19,9% al 15%
    Recorte de la  pensiones, con ampliación de la edad de prejubilación y jubilación, hasta los 67 años)
    Pago de  determinados servicios de la asistencia sanitaria por los ciudadanos, independientes al seguro
  • Recorte de la  ayudas del estado al sector privado y estimulación de la creación de empresas  unipersonales.
  • Reforma laboral, con aplicación  de la llamadas Leyes Hartz, que, de manera sucinta, suponían: la creación de  empresas privadas de trabajo temporal; aumento aumento del número de oficinas  públicas de empleo; la introducción de los contratos para desarrollar trabajos de muy baja remuneración, poca duración y exentos, para el asalariado, de cotización a la seguridad social [los famosos minijobs]. Muchos aseguran que esta filosofía laboral es la que ha permitido que Alemania tenga una de la tasa de desempleo más baja de la UE, un 7% de la población activa.

Si subimos de la esfera alemana a la europea, este programa tiene aún más importancia porque fue el modelo que sirvió para poner en marcha una serie de políticas que los países periféricos de la UE han asumido en plena crisis financiera y de proyecto europeo a cambio de recibir fondos por parte de los socios europeos. De nuevo socialdemócratas asumiendo políticas económicas escoradas a la derecha y al neoliberalismo, como en su día Felipe González en España o Tony Blair en Reino Unido.

Ahora, Merkel inicia un giro que podemos definir como más socialdemócrata mientras el conjunto de la UE sigue la senda marcada por Berlín en 2003, una senda que ahora comienza a recorrer Francia. Otro presidente socialista, François Hollande, anunció recientemente recortes de hasta 50.000 millones de gasto público entre 2015 y 2017 mientras recibe recomendaciones de la UE para que adopte el camino emprendido por países como España, con los efectos que esta política está teniendo en términos de empobrecimiento, aumento de la desigualdad y desaparición de esa clase trabajadora que un día soñó con ser clase media.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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