Ucrania y la relación trasatlántica: “Que se joda la UE”

No escribimos nada nuevo si señalamos que, desde el final de la Guerra Fría, la importancia de Europa en el mapa geoestratégico mundial ha perdido relevancia, algo que se comenzó a ver en los años 90 y que ya es una realidad. El hecho de que la UE aparezca como una potencia comercial y económica ha caminado de forma paralela a su pérdida de poder relativo en el mapa global, circunstancia que se percibe en al menos tres aspectos:

  • La puesta en cuestión del llamado “sueño europeo”: “altos estandartes de vida, democracias profundamente arraigadas y respetuosas con los derechos humanos, un estado protector y solidario, una sociedad incluyente, una cultura tan rica como variada y un orden basado en el Derecho, la negociación y el diálogo entre los gobiernos” [José Ignacio Torreblanca, La fragmentación del poder europeo]
  • En paralelo con la puesta en cuestión de este modelo, sobre el que se aplica exclusivamente criterios economicistas, asistimos a la pérdida de importancia relativa de los organismos internacionales en los que el continente europeo aún conserva su peso histórico [el Consejo general de la ONU, el FMI].
  • En la forma en la que EEUU está virando su política exterior hacia Asia y el Pacífico, zonas que han cobrado mayor importancia en este arranque del siglo XXI debido al potencial chino pero también al desarrollo económico de los antiguos ‘tigres asiáticos’. En el último discurso sobre el estado de la Unión, Barak Obama mencionó la palabra “Europe” en tres ocasiones, aunque sólo realizó una mención a la relación entre EEUU y la UE. En el de 2013, Obama redujo la mención a Europa a una sola ocasión para hablar de las relaciones históricas entre ambos bloques. Como bien señala Torreblanca, “las actitudes [de EEUU] hacia Europa oscilan entre la simpatía y la indiferencia” hacia la “pesadez institucional de la UE, la fragmentación de su política exterior o sus actitudes hacia el uso de la fuerza en las relaciones internacionales”, algo que se puso de manifiesto durante las Administraciones de George W. Bush.

Quizás con estos antecedentes se entienda mejor el exabrupto de la secretaria de Estado adjunta para Asuntos europeos, Victoria Nuland, que en una conversación interceptada y difundida hace una semana, se refirió al nombramiento de un enviado especial de la ONU para Ucrania y al papel de la UE de esta forma: “Que le jodan a la UE”:

Igual que ocurrió con las guerras de la antigua Yugoslavia, que se enquistaron en el tiempo en buena medida por la división interna del bloque de Los Quince, situación que sólo se desbloqueó con la intervención de Bill Clinton, Nuland pone en evidencia, de nuevo, el malestar de Washington ante la inacción de la UE como actor de política exterior. Y a pesar de que las revueltas ucranianas se enmarcan, desde la perspectiva de EEUU, en lo que bien podría catalogarse como el “patio trasero de la UE”.

Como hemos venido señalando en las últimas semanas, Ucrania supone una suerte de bastión de influencia entre Moscú y Bruselas. Desde Rusia, tal y como mantienen los teóricos que revisitan la teoría del corazón continental de McKinder, se concibe Ucrania [y Bielorrusia], como el bastión para una hipotética extensión. “Desde el punto de vista ruso si la OTAN se expandiese hasta Ucrania amenazaría los intereses rusos tanto como si el Pacto de Varsovia hubiese llegado hasta México”, escribe George Friedman [Los próximos cien años. Pronósticos de los acontecimientos que alterarán el mundo en este siglo]. Como recuerda este autor, si Ucrania y Bielorrusia se insertan en la zona de influencia rusa, Moscú “habrá vuelto más o menos a las fronteras con Europa que tuvo entre las dos guerras mundiales”.

La difusión del audio fue difundida por un asistente del primer ministro ruso a través de su cuenta de Twitter, motivo por el cual el Departamento de Estado se negó a valorar estas afirmaciones por formar parte de una “conversación diplomática privada”. En dicha conversación, Nuland se posiciona en contra de que Vitaly Klitschko, exboxeador y uno de los líderes de la oposición, forme parte de un futuro gobierno de concertación nacional propuesto por Víktor Yanukovich.

Se da la circusntancia de que Klitschko es el líder de la oposición ucraniana favorito de Angela Merkel, la única mandataria europea que rechazó con firmeza el tono de las declaraciones de la diplomática estadounidense. La canciller alemana calificó de “totalmente inaceptable” el comentario de la adjunta de EEUU y recordó que Washington y Bruselas persiguen los “mismos objetivos” en Ucrania.

Este lunes, los ministros de Exteriores de la UE garantizaron su disposición a “responder rápidamente a cualquier deterioro sobre el terreno” de la crisis ucraniana, pidieron el cese de la violencia y manifestaron su preocupación por la violación de los derechos humanos en el Euromaidán: “El Consejo está alarmado por la situación de los derechos humanos, incluyendo los casos de personas desaparecidas, tortura e intimidación, y deplora los muertos y heridos sufridos por todas las partes”, recogió el escrito.

CODA. Recomendamos leer a Pedro Costa Morata en www.cuartopoder.es, especialmente interesante en plantear el papel de Alemania en esta crisis:

“Ucrania ofrece, en esta coyuntura histórica, la posibilidad para la Alemania en auge de un Estado satélite de hecho, suministrador de materias primas sin cuento y de mano de obra barata y sumisa. Los norteamericanos también parecen proceder por su cuenta en su descarada ofensiva, aunque lo que pretenden es, desde luego, instalarles la OTAN a los rusos desde Ucrania, ese flanco sur-suroeste del Mar Negro, amenazando los movimientos de la flota basada en Sebastopol (Crimea); este objetivo de la inclusión en la OTAN se alcanzaría siguiendo el modelo observado en las ampliaciones europeo-orientales de los años 2004-2007, es decir, tras la etapa previa de la integración en la UE. Por supuesto que Alemania no plantará cara a una Rusia decidida a liberar sus fronteras de amenazas indeseables (es pronto para Berlín para enfrentarse a Moscú en el terreno estratégico, y cuando esto se produzca será con toda probabilidad en el Báltico). Pero lo lógico es pensar en la sintonía, básica y global, entre la Unión Europea y los Estados Unidos a la hora de frenar a Rusia”.

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Politóloga y periodista en transición
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