Ucrania: Crimea, democracia de plazas y bancarrota

Se veía venir. El punto y final de los Juegos Olímpicos de Invierno, organizados por Moscú, ha derivado en una mayor implicación del país vecino en la crisis de Ucrania que, el pasado fin de semana, derivó en un golpe de Estado, tal y como se interpreta por las palabras recogidas por el comunicado difundido por el presidente electo, Víktor Yanukóvich, en paradero desconocido desde hace una semana.

Yanukóvich se reivindicó como el presidente del país y pidió ayuda a Rusia para que se garantice su seguridad ante las acciones “extremistas”, petición ya aceptada desde Moscú. En el comunicado remitido a la agenica RIA Novosti, se recoge: “Yo, Viktor Yanukovich, me sigo considerando en jefe legítimo del Estado ucraniano, elegido tras la libre expresión de la voluntad de los ciudadanos ucranianos”. Tachó de decisiones “no legítimas” las adoptadas por el Parlamento desde el sábado pasado, que se han adoptado “en ausencia de muchos diputados del Partidos de las Regiones”, por lo que exige el “inmediato regreso de nuestro país a la senda constitucional”.

Crimea dispara la tensión

Desde hace semanas, Crimea denuncia la evolución del Euromaidan. Tras el movimiento ejecutado hace hoy una semana, con el nuevo poder establecido tratando de poner en marcha la legalidad que permita justificar la legitimidad que está recibiendo de la comunidad internacional, esta región autónoma lo ha dejado claro: no reconoce el poder emanado de Kiev y amenaza con independizarse.

Por ahora, salió adelante una moción de censura contra el Gobierno y eligió a un nuevo gabinete encabezado por el líder del partido Unidad Rusa, Sergei Aksenov. Además, votó a favor de celebrar un referéndum para reclamar más autonomía, consulta que se celebrará el próximo 25 de mayo, coincidiendo con las elecciones presidenciales adelantadas.

No es un asunto menor. Crimea, situada en la costa norte del mar Negro, es una pieza clave para entender el interés de Moscú por Ucrania. Con dos millones de habitantes, la península, que estuvo en manos rusas hasta 1954, es la única república autónoma del país, que se rige por la constitución de 1996 (que enmendó un texto aprobado un año anterior, con mayores competencias).

Como recuerda Rafael Poch en un artículo imprescindible publicado en La Vanguardia: “Tanto en Simferópol como en Sebastopol (Crimea), así como en Odesa, la gran ciudad portuaria del sur de Ucrania, con gran población rusa y judía, ha habido grandes manifestaciones y mítines contra el Maidán de Kiev. Varias decenas de miles de manifestantes desfilaron el lunes por el centro de Odesa al grito de “Odesa, ciudad heroica” (por su lucha contra los nazis en la segunda guerra mundial) y “El fascismo no pasará”. En este ambiente la OTAN discute (…)  en Bruselas “la situación en Ucrania”.

BBC

Fuente BBC

Su importancia se resume en una palabra, Sebastopol, la ciudad donde está instalada la principal base de la flota rusa en el Mar Negro. Todo ello en una zona geográfica de mayoría rusoparlamente, con fuertes vínculos en eso que se ha denominado Ucrania eslava: casi un 60% de su población es rusa. El 25% es ucraniano y el 12% es tártaro (aunque esta minoría represente el 0.5% de la población total del país). Es decir, lo que en Derecho internacional se conoce como un enclave [parte de territorio de una jurisdicción territorial que está completamente rodeado por el territorio de otra jurisdicción]

Durante toda la semana se ha registrado un aumento de la tensión, que este jueves comenzó a ser más que preocupante: Este jueves, un grupo armado prorruso tomó las sedes del Parlamento y el Gobierno de la república autónoma de Crimea. Se permitió salir a los agentes de la policía que custodiaban el edificio y, según imágenes difundidas, se han atrincherado en su interior.

Tras esta acción, que llegó después de que el miércoles se celebraran manifestaciones proucranianas y prorrusas que tuvieron lugar junto a la sede del Parlamento autonómico, la reacción. El ministro del Interior en funciones, Arsén Avákov, ordenó poner en estado de alerta a la policía y las tropas dependientes de su cartera que se encuentran en la república autónoma. En un intento de desvincular esta actuación de la que protagonizaron aquellos que les han llevado al poder en Kiev, recomendó: “Los provocadores están actuando. Es la hora de tener la cabeza fría, de consolidar las fuerzas sanas y de dar los pasos precisos”. Avakov es el mismo que decidió desmantelar las Berkut, las fuerzas especiales antidisturbios de la policía.

Por su parte, este jueves, Vladimir Putin ordenó  un ejercicio urgente para probar la preparación de las fuerzas armadas en el oeste de Rusia. El Distrito Militar Occidental tiene su cuartel general en San Petersburgo y cubre las regiones rusas que hacen frontera con Finlandia, los países bálticos y buena parte de Ucrania.

En coherencia con esta orden, el Ministerio de Defensa puso en alerta de combate a las unidades de cazabombarderos de la Fuerza Aérea rusa emplazadas junto a la frontera occidental del país. Un día antes, había anunciado: “Estamos adoptando medidas para garantizar la seguridad de las instalaciones, la infraestructura y arsenales de la Flota del Mar Negro”. Insistimos: Sebastopol. Basta ver un mapamundi para saber la importancia estratégica del enclave como centro de operaciones militares en torno a Europa y al Mediterráneo.

Los movimientos del Kremlin fueron ya valorados por el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, que instó al Gobierno de Rusia a ser “muy cuidadoso” en sus declaraciones sobre Ucrania y a “respetar la integridad territorial y la soberanía” del país: “Creo que Rusia necesita ser muy cuidadoso en las valoraciones que hace a partir de ahora”. También negó que Ucrania sea la próxima batalla de confrontación entre Washington y Putin, una suerte de “paz fría” con reminiscencias al enfrentamiento de bloques después de la Segunda Guerra Mundial.

Por su parte, tres expresidentes del país, Leonid Kravchuk, Leonid Kuchma y Víktor Yúschenko, firmaron una declaración conjunta para denunciar la intervención de Rusia en los asuntos internos ucranianos, sobre todo en Crimea: “Rusia, que todo el tiempo tacha de ‘injerencia’ en los asuntos internos de Ucrania los esfuerzos de nuestros socios internacionales por normalizar la situación por medios pacíficos, recurre ahora a la intervención directa en la vida política en Crimea”.

Los ministros de Defensa de la OTAN firmaron una declaración en la que reafirmaban que “seguirán apoyando la soberanía e independencia, integridad territorial, desarrollo democrático y principio de inviolabilidad de fronteras de Ucrania”. Incidieron, así que la estabilidad y el compromiso con la democracia de Kiev es “clave” para la seguridad euroatlántica.

Legitimidad política plebiscitaria vs legitimidad parlamentaria

En Kiev, siguen los movimientos para atribuir legitimidad al poder establecido tras la huida del presidente electo en los últimos comicios celebrados en el país, en 2010, unos comicios, que, ironías de la vida, fueron calificados como limpios por parte de la comunidad internacional. Un ejemplo, el informe elaborado por el Real Instituto Elcano, que hoy da rubor revisar.

Este miércoles, asistimos a un hecho notable que no hace sino reafirmar el carácter excepcional de la situación política que vive el país. Los candidatos a tomar las riendas del poder Ejecutivo comparecieron ante los manifestantes de la Plaza de la Independencia de Kiev, que respaldaron con sus votos asamblearios a Arseni Yatsenyuk, mano derecha de Yulia Timoshenko y el favorito de EEUU, como nuevo primer ministro en el Gobierno de unidad nacional que fue ratificado por el Parlamento este jueves.

Como escribe Rafael Poch en La Vanguardia, “el número dos del gobierno, será Aleksandr Sych, del partido fascistoide Svoboda, que ha mantenido estrechas relaciones con el partido neonazi de Alemania, el NPD. La jefa de la oficina anticorrupción, Tatiana Chornobil, es una periodista que destacó con reportajes anticorrupción. Chornobil, también oriunda del oeste de Ucrania, fue secretaria de prensa de la organización fascistoide, Una-Unso, heredera histórica de los colaboradores hitlerianos de Ucrania Occidental, aunque ahora milita en el partido de Yulia Timoshenko. El cargo de vicesecretario del Consejo de Seguridad Nacional se ha ofrecido a Dmitri Yarosh, líder del partido neonazi, el Pravy Sektor”.

Ya no estamos solo ante un golpe de Estado, sino que las nuevas autoridades pasan por encima del Parlamento, donde reside la soberanía nacional de más de 45 millones de habitantes (36.5 millones de votantes), que este jueves se limitó a refrendar la decisión adoptada por unas pocas de miles de personas concentradas en esa plaza. Si, además, mencionamos la adscripción política de la mayoría de los concentrados en el Maidán, la situación parece menos presentable.

De acuerdo con lo que ha ocurrido durante los tres meses de protestas, la mayoría de los manifestantes que el miércoles ratificaron al nuevo gobierno que asumirá el control del país hasta los comicios de mayo se encuentra vinculada directamente a los ultranacionalistas de Svoboda y a los neonazis del Pravy Sektor, con presencia minoritaria de los partidarios de Patria y Udar.

Si optamos por el análisis institucionalista de la crisis política ucraniana, aún es peor. Los datos electorales que recopila Ricardo Royo-Villanova en su blog lo dejan claro: En 2010 Svoboda obtuvo el 10.44% de los votos en el país, un 17% en Kiev y un 38% en Lviv (la región donde se extendieron los brotes de violencia registrados en la capital). Este partido se movió en torno al 15% en las regiones del oeste pero su representación osciló en el 5% en las regiones centrales, este y sur del país. Si sumamos la influencia de una fuerza extraparlamentaria, como el Pravy Sektor, parece que la solución política planteada debería llevar el sonrojo a las instituciones europeas y a Washington.

Al tiempo que se pone en marcha todas las medidas para superar la crisis política, la realidad económica asoma a la puerta. Ya se asume con total naturalidad que el país está al borde de la bancarrota, mientras destacados prohombres de la escena mundial, como Javier Solana, abogan por un pacto tripartito entre la UE, EEUU y Rusia para rescatar el país. Ésta es la tesis recogida también medios como la BBC: Las elecciones parlamentarias pueden proporcionar a Rusia y la UE más incentivos para cooperar porque Moscú ni Bruselas están interesados ​​en que Ucrania se hunda.

Por si acaso, distintas fuentes informaron que las nuevas autoridades tienen previsto firmar el 20 o el 21 de mayo el acuerdo de asociación entre Ucrania y la UE que en noviembre rechazó Yanukovich, la causa primigenia del movimiento que ha llevado a su derrocamiento. El objetivo es que, pase lo que pase en las elecciones presidenciales de mayo, el acercamiento de Kiev a Bruselas no tenga marcha atrás.

Un país al borde de la bancarrota

El presidente interino ucraniano, Oleksander Turchinov, ya avisó de el nuevo Ejecutivo deberá tomar medidas impopulares para contener la sangría económica, que ya se asume como la verdadera madre del cordero de la situación que tenemos entre manos y que no es reciente.

En una entrada de El Blog Salmón se explica claramente el inicio de la crisis económica del país, que arrancó en 2008 por las consecuencias que, para el sector del acero, tuvo el fin de la burbuja inmobiliaria y que hizo que el pasar de crecer un 7% entre 2000/2007 a hundirse al 15% en 2009. Un año antes, Kiev solicitó al FMI un préstamo de 16000 millones de dólares, cancelado hace un año por la negativa de Yanukóvich a implantar algunas de las recetas made in FMI.

El fin de semana pasado, la agencia de calificación de riesgo Standard and Poor (S&P) evaluó la fiabilidad de crédito de Kiev a CCC, al borde de la insolvencia, con la grivna, la moneda ucraniana, devaluándose un 20% sólo este mes de febrero. El miércoles, la decisión del Banco Nacional de Ucrania (NBU) de dejar flotar libremente en los mercados el cambio de la grivna se tradujo en un desplome de la moneda hasta registrar el cambio más bajo de su historia frente al dólar y el euro: 10.4 grivnas por dólar y 13.9 grivnas por euro.

Tal y como pasaba en los Estados latinoamericanos durante los años 80 y parte de la década de los 90, el cambio político, aunque sea con tan pocos escrúpulos como el que se dio  en Ucrania el pasado fin de semana, tiene una cara b: el abrazo de las tesis difundidas por las instituciones de la Gobernanza a través de peticiones de ayuda financiera.

Así, en su discurso tras ser elegido primer ministro, Arseniy Yatseniuk dibujó el panorama económico. Aseguró que Yanukovich había desviado 70 billones de dólares del sistema financiero desde que llegó al poder, en 2010, que la Tesorería del país tiene apenas 400.000 dólares y que la fuga de capitales asciende a 15.000 millones desde el 1 de febrero (antes, se habían registrado salidas por valor de 13.000 millones). La deuda del país asciende a 73.100 millones y necesita 7.000 millones sólo para cubrir las deudas externas este año (aquí figuran 1800 millones a Gazprom). Por estos motivo, Kiev solicitó al FMI un nuevo plan de asistencia financiera y promete que en breve se hará público un programa de medidas anticrisis.

Hace unos días, las nuevas autoridades señalaron que el país necesita 35.000 millones de dólares para reestructurar la economía y evitar la bancarrota. No está claro qué ocurrirá con el paquete financiero acordado por Yanukovich y Putin en diciembre, ayuda que ascendía a 15.000 millones y cuyo desembolso se antoja ahora difícil.

CODA. El término de paz fría se atribuye a Jeffrey Garten, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de Yale. Se refería  a los roces, en aumento, entre EEUU, Alemania y Japón por la hegemonía mundial, y citaba la guerra económica, la seguridad nacional, la formación de nuevo imperios regionales y las rivalidades destructivas en las organizaciones globales como temas que podrían entrar en la agenda.

CODA 2. Aprovechando la coyuntura ucraniana, The Economist publicó un interesantísimo texto a propósito de las últimas transiciones democráticas, fundamentadas en el poder de la calle frente a autarquías, poder que ha contado con el respaldo de la comunidad internacional occidental y que han demostrado ser incapaces de construir un régimen alternativo viable.

Así, ofrece un buen testimonio sobre la salud de las democracias las olas democratizadoras (Huttington), asumiendo que estamos ante el mejor sistema político de los conocidos por cuestiones como las que se deja claras en el segundo párrafo: Las democracias son más ricas que los sistemas no democráticos; tienen menos probabilidades de ir a la guerra; y tienen un mejor historial de lucha contra la corrupción.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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