Ucrania responde al Maidán y a benefactores

Si alguien tenía alguna duda de que el Maidán no representaba al conjunto del país, lo que acontece en el país desde hace una semana lo confirma.

Más allá de la retórica revolucionaria de nuevo cuño en torno a las revoluciones cívicas aparentemente espontáneas que acompañó a los acampados en Kiev – y en algunas ciudades al oeste del país, en su mayor parte vinculadas al control de Svoboda-, sorprendía el silencio de la otra parte del país que, parafraseando a Mariano Rajoy, no se manifestaba ni estaba en la calle mostrando su opinión sobre Yanukovich e incluso sobre los movimientos registrados en la capital del país.

Sorprendía la ausencia de esa otra Ucrania, más numerosa según nos alejamos más de Kiev, que apenas reaccionó ante la escalada de violencia que registró la protesta y que incluso se mantuvo más o menos impasible ante la pérdida de poder real de Víktor Yanukovich, confirmada la misma noche que abandonó la capital del país en dirección al este.

Y quizás eso fue lo que llevó a minimizar las consecuencias de la imposición de un cambio de régimen por la vía parlamentaria en una cámara, la Rada Suprema, que, simplemente, ha ignorado el resultado que arrojó las urnas en las elecciones de 2010 para acordar un cambio hecho a la imagen y semejanza de los nuevos líderes del país, aplaudidos con cada vez con menos entusiasmo por la comunidad internacional.

Esa Ucrania comenzó a cambiar de actitud la pasada semana para mostrar su discrepancia ante la deriva política impulsada, con medidas como la prohibición del ruso como segunda lengua en las 13 provincias donde era lengua cooficial o la petición de ayuda al FMI [con los efectos que sus recetas tienen para el conjunto de la población]. Poco a poco, esa Ucrania eslava confirmó algo que pasó desapercibido en el análisis que desde Occidente se hacía del Euromaidán: que estábamos ante un conflicto identitario y la capacidad de convivencia de esas dos almas que dividen el país.

La Ucrania silenciosa, la más industrializada y vinculada económicamente a Rusia, salió a la calle este fin de semana para mostrar su oposición a las medidas que los nuevos líderes están ejecutando, con el fin de dejar todo atado antes de las elecciones presidenciales de mayo. También para señalar su opinión contraria ante la velocidad con la que se están ejecutando unos cambios que no se consideran legítimos.

Miles de personas se manifestaron en muchas de las ciudades del este del país contra el sistema que se ha impuesto y a favor de la vuelta al statu quo que había en el país antes de que Víktor Yanukovich abandonara precipitadamente la capital de Ucrania, según él por miedo a su seguridad privada. En otras ciudades, manifestantes prorrusos izaron banderas en los edificios gubernamentales y llamaron a Rusia a defenderlos:

En Járkov, la segunda ciudad más grande del país y considerada capital de la Ucrania rusófila, ciudad a la que, en teoría, había viajado Yanukovich para recomponer el poder del Partido de las Regiones, se registraron manifestaciones masivas, con exhibición de banderas rusas y comunistas, además de incidentes como los que recogen este vídeo. Antes, el gobernador de la región, Mykhaylo Dobkin, ya había rechazado la autoridad del nuevo gobierno del país:

Estos movimientos se producen mientras sube la tensión en torno a Crimea y después de que Víktor Yanukovich confirmara que es un cadáver político.

El presidente depuesto compareció ante los medios de comunicación, en Rostov del Don, territorio ruso, y ante ellos insistió en la vigencia del acuerdo firmado con la oposición el pasado 21 de febrero y en el contenido del mensaje que dirigió a la nación la semana pasada: su cese es completamente “ilegal” e inconstitucional porque, como se temía, las leyes aprobadas en el Parlamento no contaron con su firma, requisito previo para su entrada en vigor.

Por si quedara alguna duda de lo que opina del Euromaidan, respondido desde el este del país y, con especial atención, en Crimea, habló de “respuesta natural al golpe de Estado obra de unos bandidos en Kiev”, aunque apuntó: “Como presidente legítimo de Ucrania, quiero decir que Crimea debe seguir siendo parte del Estado ucraniano manteniendo unos amplios derechos de autonomía”, dijo.

El presidente ucraniano, “el único eliminado en esta compleja partida estratégica”, según Ramón Lobo, rompió a llorar en público y pidió perdón por la represión que supuso el inicio del fin de su relevo como Jefe de Estado, con el aplauso unánime de la comunidad internacional occidental: “Quiero pedir perdón. Si estuviera en Ucrania me arrodillaría ante cada uno. Me faltaron fuerzas para mantener la estabilidad e impedir la anarquía en el país”.

Poco después de su comparecencia, la Fiscalía General de Ucrania pidió a Rusia su extradición, situación curiosa si se tiene en cuenta las críticas públicas que Yanukovich vertió ante el silencio de Vladimir Putin, al que incitó a actuar: “Creo que Rusia debe actuar. Conociendo el carácter de Vladímir Putin no entiendo por qué él sigue guardando silencio. Ésta es la pregunta”, aseguró.

Mientras, se suceden los movimientos internacionales en su contra: El Gobierno suizo publicó la lista de veinte personas de nacionalidad ucraniana, entre las que figuran Yanukóvitch, su hijo y otras personas de su entorno político, a las que se les congelarán los bienes que puedan tener en el país. Lo mismo hicieron los gobiernos de Austria y Liechtenstein.

En clave económica, está previsto que el FMI envíe en los próximos días una misión a Ucrania para analizar una eventual asistencia financiera a ese país realizará una evaluación “técnica e independiente”. Ésta fue la respuesta del FMI a la petición formal de ayuda por parte de las nuevas autoridades de Kiev, que han solicitado 35.000 millones de dólares (25.000 millones de euros) para hacer frente a sus compromisos de cara a los dos próximos años.

Mientras siguen los movimiento de cara al rescate internacional, las autoridades ya han impuesto medidas que ya se adoptaron en otros países. Desde el viernes, se ha puesto en marcha el corralito ucraniano, es decir, la limitación para retirar dinero de cuentas de divisas para evitar la especulación y la salida de moneda extranjera (15.000 millones desde comienzos del mes de febrero). Desde el 28 de febrero, sólo se pueden retirar  15.000 grivnas al día (1.090 euros o 1.500 dólares al cambio), mientras la moneda siguió cayendo (25% en una semana).

CODA. Hace unos días, Isaac Rosa publicó en www.eldiario.es un magnífico texto que incide, una vez más, en el uso del lenguaje, mucho menos neutral de lo que sospechamos:

“Cuando un país tiene “régimen”, todo lo que suceda en ese país es atribuible al régimen. Nunca diremos “la policía carga contra los manifestantes”, sino “el régimen carga contra los manifestantes”. Nunca “un juez condena a un opositor”, sino “el régimen condena a un opositor”. Y ahí está otra palabra inevitable: opositor. Todo régimen debe tener opositores, y cualquiera que haga algo contra el régimen se convierte de inmediato en un opositor que, como no se opone a un gobierno sino a un régimen, cuenta con nuestra simpatía y tiene carta blanca: contra un régimen vale todo, desde la violencia hasta el golpe de estado, como hemos visto en el “régimen ucraniano”. Y quienes lo intentan saben que pueden contar con nuestro apoyo, nuestro dinero y a menudo nuestras armas”

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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