Occidente se desentiende y deja a Ucrania sola

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A estas alturas, y vista la reacción de la comunidad internacional ante la reacción de Moscú ante el proceso político abierto en Ucrania, resulta evidente que alguien no midió bien sus fuerzas cuando decidió lanzar la última apuesta, olvidándose de las implicaciones que tiene Ucrania como centro de tránsito del 80% del gas ruso que llega a Europa [especial mención a Austria, Bélgica, República Checa, Finlandia, países báltico, Hungría, Alemania o Polonia]:

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Desde luego, no lo hicieron los artífices del golpe de Estado ucraniano, que pensaron que expulsar del poder Víktor Yanukóvich y adelantar las elecciones presidenciales al mes de mayo, conllevaría un apoyo explícito de la comunidad internacional a sus postulados.  Este sector, que por simplificar englobamos como partidarios de todo signo del Euromaidan, han descubierto que las cosas no son tan sencillas como parecen, que además de la división entre los amigos internacionales -y seguramente benefactores financieros de su protesta, hay divisiones importantes. Quizás se les hizo llegar que había una traslación directa entre el apoyo apenas disimulado en torno al Euromaidán y la ayuda al país tras la caída de Yanukóvich en al menos dos aspectos: ayuda para evitar la bancarrota y apoyo de cara a la posible reacción de Moscú.

Se equivocaron en ambos aspectos. Este martes llegó a Kiev la misión del FMI que deberá fijar las necesidades financieras de Ucrania -y el precio que se pagará-.  Por ahora, Londres ofreció 12 millones de dólares de ayuda para hacer frente a la bancarrota del país, una cantidad irrisoria si se piensa que Kiev ha valorado en 25.000 millones de euros las necesidades financieras para cubrir los dos próximos años (1400 sólo para pagar el gas ruso que adeudan).

Tampoco midió bien sus fuerzas la comunidad internacional, que entendió que el silencio de Moscú ante el Euromaidán -limitándose a destacar la legalidad establecida y la legitimidad del Partido de las Regiones como la formación más votada- implicaba: por un lado, contención ante el alejamiento de Ucrania respecto a su espacio de influencia; por otro, que no había en Ucrania oposición suficiente que contrarrestaran los movimientos políticos ejecutados desde Kiev. Se equivocaban, como refleja el apoyo a Rusia que se manifiesta en las principales ciudades del sur y este del país:

NYT

Lo ocurrido desde la clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno, organizados por Moscú, evidencia la importancia del juego que ha situado Ucrania como centro de operaciones para medir sus fuerzas y que Vladimir Putin es el único mandatario que ha mostrado sus cartas. Este martes, ordenó a las fuerzas militares desplegadas en la frontera con Ucrania volver a sus cuarteles, decisión que se explica por el fin de las maniobras militares ordenadas convenientemente por el Kremlin. Estos movimientos no tienen nada que ver con Crimea, península que sigue bajo el apoyo total de las tropas rusas.

Este martes, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, descartó que sea necesario lanzar una intervención militar sobre Crimea. Rechazó que Moscú quiera anexionarse la Península. calificó de “golpe de Estado” la destitución de Yanukóvich, al que definió como “el único presidente legítimo”, y advirtió a Occidente que los “daños serán mutuos” si finalmente deciden imponer sanciones contra Rusia. En este sentido, Putin amenazó con hundir el dólar, y de repente muchos dirigen los ojos hacia China, que actualmente tiene 1.317 billones de dólares en bonos de EEUU.

Putin reacciona así a la evolución de los acontecimientos, que llevó al singular ministro de AAEE británico, William Hague, a hablar del acontecimiento más importante del siglo XXI, o al titular español, José Manuel García-Margallo, que señaló que ésta es la “situación más grave que el mundo ha vivido desde la caída del Muro de Berlín”. Tras las grandes frases, la realidad, y es que Occidente parece haber medido bien sus fuerzas con un objetivo: evitar una confrontación directa con Moscú, aunque se den rodeos para lanzar este mensaje:

  • El Pentágono anunció la decisión del Gobierno estadounidense de suspender todos los contactos militares con Rusia a raíz de la crisis en Ucrania.  “Pedimos a Rusia que dé pasos para rebajar la crisis en Ucrania y que las fuerzas rusas en Crimea regresen a sus bases, tal y como estipulan los acuerdos que rigen la Flota rusa en el Mar Negro”, apuntó un portavoz del Pentágono.
  • Segun el Wall Street Journal, EEUU también ha suspendido sus negociaciones para estrechar sus lazos comerciales y de inversión.  Tal y como avanzó este lunes Barak Obama, el objetivo es “aislar” internacionalmente a Moscú. Londres no estaría por la labor de adoptar sanciones comerciales contra Rusia.
  • El primer ministro británico, David Cameron, aseguró que Rusia afrontará “presiones diplomáticas, políticas, económicas y de otro tipo”. Esta posición contrasta con las informaciones que publica el diario The Guardian a propósito del diseño de planes de contingencia por parte de Downing Street para no evitar el cierre de la City londinense al capital ruso: No apoyar, por ahora, las sanciones comerciales; desalentar discusiones sobre la preparción de contingencias militares; las amenazas a Rusia deben hacerse en privado; perseguir el despliegue de la OSCE o de la ONU (pero no de la UE) en Crimea; y respaldar el apoyo de una reunión de jefe de Estados y de Gobierno de la UE el jueves, en Bruselas. La evolución de los acontecimientos parece darles la razón.
  • Los países de la OTAN se reunieron este martes abordar la crisis en Ucrania bajo el artículo cuatro del Tratado de la Alianza Atlántica, que prevé consultas entre aliados cuando una de las partes ve amenazada su independencia, soberanía o integridad territorial. La petición procede de Polonia, uno de los países que está empleando el trazo más grueso para referirse a la crisis ucraniana. Su primer ministro, Donald Tusk, llegó a afirmar que esta crisis reúne “todas las características de un conflicto que puede preceder a una guerra que afecte a todos los países del mundo”

Por supuesto, contención en la respuesta de Occidente tiene una consecuencia directa: Ucrania se queda sola para hacer frente al órdano moscovita, con una más que probable anexión de Crimea como resultado de este juego. Y entonces pasamos a hablar de números, todos aplastantemente a favor de la fuerza militar rusa:

BBC

Si obviamos el ardor guerrero que parece haber inundado los análisis de la crisis de Ucrania, que llevó a que la BBC y Al Yazira difundieran este lunes que Moscú había dado un ultimatum para que las tropas ucranianas que aún controlan bases en Crimea se entregaran (información desmentida poco después), nos queda la evidencia de que, más allá de las disputas de los oligarcas, Ucrania y Rusia están condenadas a entenderse.

En este sentido, Rafael Poch cita un sondeo que se conoce estos días y que resulta bastante clarificador:  el 68% quiere que Ucrania y Rusia sean países independientes pero amigos, con  fronteras abiertas y sin aduanas; el 12,5% opta por la reunificación con un único estado (en Rusia, el 16%) y un  14,7% quiere que los dos países mantengan relaciones normales, es decir con  fronteras, visados y aduanas estrictas.

Eso, el efecto que la crisis ucraniana pueda tener en la recuperación de la Eurozona y la insistencia de Rusia de hablar sobre de soluciones, bajo el cumplimiento del acuerdo firmado el pasado 21 de febrero entre el presidente ucraniano Víktor Yanukóvich y la entonces oposición con la mediación de la UE, abre posibilidades de acuerdo futuras. Este martes, las bolsas europeas y la rusa se recuperaron de los desplomes que registraron el lunes (con una caída del 12% del parqué de Moscú, 3.5 % Frankfurt y un 2.3 la española)

CODA. La reacción rusa a la crisis de Ucrania ha vuelto a activar, y de qué forma, todo el ideario construido en torno a la Guerra Fría, ideario sepultado tras la caída del Muro de Berlín y la victoria incontestable del bloque occidental. 23 años después del desplome de la URSS, volvemos a estar en el mismo punto, con una crítica feroz hacia las decisiones adoptadas por Vladimir Putin -a pesar de que no hace nada distinto a lo que haría el resto de actores internacionales ante una situación similar- y hacia la reconsideración del cordón sanitario, no tanto por ideología sino por la colusión de intereses contrapuestos. De ahí que resulte interesante comprobar el papel que está jugando en este punto Alemania, cuya emergencia como actor de política exterior no deja de ser llamativa.

CODA 2. Recomendamos la lectura del texto que Eduardo Febrro publica en Página 12 sobre el papel de la UE en este sainete. Sin desperdicio:

La brutalidad y la incompetencia parecen presidir esta crisis, en cuyo desenlace los europeos tienen una enorme responsabilidad. Fueron ellos quienes empujaron a la calle a los pro europeos ucranianos que provocaron la caída del régimen del tiranosaurio del Este Viktor Yanukovich; fueron ellos quienes, desde hace más de 8 años, vienen intentando sin una consolidación previa arrimar a Ucrania a la ladera más europea, con ofertas de asociaciones estratégicas con el Oeste que no hicieron sino avivar las susceptibilidades históricas de Putin con respeto a Ucrania y Crimea, territorio autónomo bajo bandera ucrania desde 1954 y punto estratégico hacia el Mar del Norte.

CODA 3. Recomendamos también el artículo de Higinio Polo recogido en el blog de Armando Fernández Steinko por argumentos como éste:

Tras los partidos “naranjas”, como tras los partidarios “azules” del gobierno, se encuentran los mismos oligarcas que se enriquecieron con el robo de las propiedades públicas. La crisis ucraniana es un enfrentamiento entre dos sectores de la misma oligarquía, que pugnan entre sí con diferentes partidos para optar a una mayor porción de la economía del país y por controlar los resortes del gobierno, que siguen siendo cruciales para la obtención de riquezas y oportunidades de negocio. Los dos sectores, además, están relacionados con el crimen organizado, que ha conseguido dominar importantes áreas económicas, aunque los lazos son oscuros y confusos. Ambas facciones han recurrido al acarreo y la compra de ciudadanos para nutrir los espacios públicos y las manifestaciones que se han celebrado durante semanas

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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