Ucrania: Crimea decide su futuro

Dentro de unas horas comenzará el referéndum con el que los ciudadanos de la Península de Crimea (región autónoma de Ucrania) se pronunciarán sobre su estatus político tras los cambios registrados en el Gobierno y la Presidencia ucraniana. En mitad de negociaciones diplomáticas a tres bandas  -EEUU, la UE y Rusia- y de llamamientos cada vez menos sutiles a que Moscú se inhiba, los ciudadanos se pronunciarán  sobre dos preguntas: “¿Está usted a favor de la reunificación de Crimea con Rusia como sujeto de la Federación Rusa?” y “¿Está usted a favor de que se vuelva a poner en vigor la Constitución de Crimea de 1992 [por el que la región gozaba de una amplia autonomía] y del estatus de Crimea como parte de Ucrania?”:

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En total, se han impreso 1.5 millones de papeletas y se estima que acuda a votar el 80% del censo electoral y, a estas alturas, no hay excesivas dudas sobre el resultado de la consulta, tanto que simpatizantes de eso que se ha denominado pro-rusos ya celebraban anoche el resultado de la consulta, que se ha movido en estos términos.

Capturacampaña

Como señala Rafael Poch en su imprescindible Diario de Berlín, “invadiendo Crimea, Putin ha ofrecido a la nación ucraniana –que es una obra en construcción- una de esas situaciones formativas para la conciencia nacional”. Y sigue: “la ideología con la que Rusia ha entrado en Crimea es el nacionalismo ruso y con eso no se conquista el corazón de los ucranianos, sino más bien al contrario se fortalece su reacción y su conciencia nacional. Y el nacionalismo ruso es la única ideología del actual régimen ruso”.

Recordemos que la distribución demográfica de la Península de Crimea, donde Moscú tiene un enclave fundamental para su proyección naval, Sevastopol, es el que sigue: 60% de población rusa, 25% de ucranianos y 12% de tártaros (minoría que se ha pronunciado también en contra de la consulta).

RusosUcrania

Mientras se descuenta el tiempo, con avisos de la UE de que tomará medidas contra responsables rusos y ucranianos por contribuir a socavar la integridad territorial en Ucrania, siguen los esfuerzos diplomáticos para rebajar el riesgo de fractura. De fondo, una posible salida que disimule, en gran medida, el reparto territorial del país entre la UE y Rusia: la evolución del país hacia un Estado federal en el que amplias zonas del país gocen de una autonomía plena debido, sobre todo, a las diferencias que proyectan al decidir sobre su futuro.

Según un sondeo de Gallup, el país se divide claramente entre dos almas, con un 86% que se manifiesta muy insatisfecho con el funcionamiento de la democracia en Ucrania: uno que desea parecerse al sistema político, económico y social de la UE y otro que mira hacia Rusia, con notables reminiscencias soviéticas en la zona este del país [bastión del Partido de las Regiones de Yanukovich]:

Gallup

Este jueves, el primer ministro en funciones ucraniano fue recibido en la Casa Blanca por Barak Obama, que le mostró el apoyo de su país al proceso emprendido por Kiev con la destitución del presidente electo, Víktor Yanukovich. Luego, ante la ONU, Arseni Yatseniuk, denunció la actuación de Rusia en Crimea, que calificó de “agresión militar” , pidió la marcha de las tropas rusas y abogó por la solución pacífica: “todavía creemos que tenemos la oportunidad de resolver este conflicto de forma pacífica”, dijo.

Sobra decir que ninguna de sus peticiones se han satisfecho y que Crimea sigue empeñada en celebrar la consulta sobre su estatus político este fin de semana. ¿El motivo? Hay fuertes rumores de que las nuevas autoridades de Kiev firmarán la próxima semana, en la reunión del Consejo Europeo, el tratado de asociación con la UE cuyo rechazo motivó el inicio de la crisis política que vive el país desde finales de noviembre. Las prisas del nuevo poder de Kiev certifica una evidencia: Quieren llegar a las elecciones presidenciales del 25 de mayo con los deberes hechos y con la firma de un acuerdo con la UE que dificulte su irreversibilidad si los resultados electorales no les fueran propicios.

Es por eso por lo que, desde que se convocó el referéndum, la UE, EEUU y las autoridades de Ucrania se desgañitan en señalar que la consulta es ilegal. Este viernes, el Tribunal Constitucional declaró inconstitucional el referéndum, ordenó el cese de la actividad de todas las comisiones electorales que preparan la consulta y prohibió a las autoridades financiar la consulta.

Su dictamen no ha causado el menor efecto en la población, que ha visto cómo en los últimos días se ha aprobado la creación de una fuerza militar en Kiev con 60.000 efectivos [muchos de ellos activistas del Maidán y cadetes de las escuelas militares] y se lanzan proclamas sobre la vinculación de Crimea con Ucrania.  El jefe del Gobierno de la Península, Serguéi Axinov, volvió a negar el despliegue de las tropas rusas y aseguró que los hombres armados que controlan instalaciones estratégicas son las autodefensas crimeas.

Por si la situación no fuera ya surrealista de por sí, en una reunión celebrada en Londres por los responsables de Política Exterior de EEUU y Rusia, la comunidad internacional recibió una dosis de su propia medicina. El ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, defendió que aplique la misma regla de caso especial para Crimea como lo fue en su momento la independencia de Kosovo. Por su parte, John Kerry avisó que la comunidad internacional “no reconocerá” el referéndum y dejó claro “habrá consecuencias” si Rusia da algún paso tras las celebración de la consulta [se entiende que a favor de la anexión].

Por si acaso, Moscú confirmó que sus Fuerzas Armadas han intensificado sus maniobras militares en varias regiones fronterizas con Ucrania y en el Mediterráneo. Por su parte, Kiev negocia con el Departamento de Defensa de EEUU y con las estructuras de la OTAN ayuda técnico-militar. Y todo ello mientras medios de comunicación occidentales que Moscú tiene aislado por tierra, mar y aire Crimea con 18.000 soldados sin distintivo. Desde hace días, se han limitado los vuelos al aeropuerto internacional de Simferópol de manera que sólo han llegado los procedentes o con destino a Moscú.

CODA. En las últimas semanas hemos leído muchos artículos que plantean sin sonrojo una vuelta a una división del mundo a la manera de la Guerra Fría. Por si sirve de algo, destacamos el artículo que Henry Kissinger publicó en The Washington Post hace unos días en el que escribió cosas como éstas: “Cualquier intento por parte de una de las partes de Ucrania de dominar al otro conduciría a la guerra civil o a una ruptura. Para tratar a Ucrania como parte de una confrontación Este-Oeste sería echar por tierra durante décadas cualquier posibilidad de llevar a Rusia y Occidente – en especial Rusia y Europa -en un sistema de cooperación internacional”.

El ex secretario de Estado de EEUU proponía: el derecho de Ucrania a  elegir libremente a sus asociaciones económicas y políticas; la negativa a que ucrania se uniera a la OTAN; la libertad de crear cualquier autogobierno compatible con la voluntad expresa de su pueblo; rechazo de la posibilidad de anexión de Crimea por parte de Moscú pero defendía que el refuerzo de la autonomía de Crimea en las elecciones celebradas en presencia de observadores internacionales.

Compárese su análisis con el que nos regaló el semanario The Economist: “Si Occidente acepta implícitamente esta línea , Putin tendrá un pretexto para intervenir para proteger a los rusos dispersos en toda la ex Unión Soviética, desde Asia Central hasta el Mar Báltico”.

CODA 2: Uno de los estamentos que han pasado desapercibidos en toda la crisis de Ucrania ha sido el poder de los oligarcas, causa última de las primeras movilizaciones del Euromaidan contra la corrupción y el nepotismo en la clase dirigente. De ahí que resulte interesante el análisis de Steffen Halling, investigador del Instituto Alemán de Estudios internacionales y de Seguridad de Berlín: Cuando nos fijamos en la cultura política en Ucrania y la forma en que la política ha estado trabajando en Ucrania durante la última década, podemos ser escépticos hacia ellos y lo que están tratando de conseguir

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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