Rusia se anexiona Crimea y comienza la partida en serio

Dos días después del referéndum celebrado en la Península de Crimea, el presidente ruso, Vladímir Putin, y los líderes de Crimea y Sebastopol firmaron un tratado bilateral por el que se acoge a ambos territorios en el seno de la Federación Rusa. El primer ministro de Crimea, Serguéi Axiónov, el jefe del parlamento, Vladímir Konstantínov, y el jefe de la ciudad de Sebastopol, Alexéi Chali, que se integrará en Rusia como ciudad federada, suscribieron el acuerdo.

En un discurso al Parlamento, Putin defendió la anexión apelando a la vulneración del acuerdo entre Occidente y Moscú tras la desintegración de la URSS: Occidente no haría nada contra la integridad territorial de lo que era el imperio soviético, una vez consumada la independencia de varias de las ex repúblicas situadas en los anillos exteriores a la actual Federación Rusa.

El presidente ruso aseguró que, en el caso de Ucrania, Occidente “se ha pasado de la raya”: “Todo tiene sus límites, y en el caso de Ucrania nuestros socios occidentales se han pasado de la raya, se han comportado de manera grosera, irresponsable y poco profesional”.  ¿El motivo? Occidente ha pretendido ganar influencia en un Estado fronterizo con Rusia. Si además tenemos en cuenta el proverbio ruso –“San Petersburgo fue la cabeza de Rusia, Moscú su corazón, pero Kiev la madre”–, la argumentación de Putin dista de ser la de un loco. Ya lo escribió Zbigniew Brzezinski: “Rusia sin Ucrania deja de ser un imperio, pero Rusia con Ucrania sobornada y luego subordinada, automáticamente se convierte en un imperio”.

Putin anunció que “Crimea y Sebastopol vuelven a su puerto”, Rusia. Lo hizo en un gran mitin-concierto celebrado en la Plaza Roja de Moscú, donde fue aclamado por una multitud, confirmando, de paso, por qué su índice de popularidad se sitúa estos días en el 70%, el nivel más alto desde comienzos de 2011. El ex agente de la KGB, que accedió al poder ante las dificultades de Boris Yeltsin, se rodea así de la parafernalia de la recuperación del orgullo ruso después de la desintegración de la URSS, en la primera victoria rusa desde el final de la Guerra Fría.

La primera reacción de Kiev fue la esperada: Ucrania no reconoce la anexión de la autoproclamada República de Crimea y del municipio crimeo de Sebastopol a la Federación de Rusia. “No reconocemos ni reconoceremos nunca ni la así llamada independencia, ni tampoco el así llamado acuerdo de incorporación de Crimea en la Federación de Rusia”, dijo el director de Política Informativa de la Cancillería ucraniana.

El primer ministro, Arseni Yatseniuk, aseguró: “El conflicto ha dejado de ser político y ha pasado a la esfera militar”. Es la respuesta de Kiev a la incorporación de Crimea a la Federación Rusa y a lo que se ha vendido como la muerte de un soldado ucraniano durante un asalto a una base militar ucraniana en la Península. En el momento de elaboración de este post, cobraba fuerza la posibilidad de que el fallecido fuera un miembro de las autodefensas prorrusas organizadas en Crimea.

En el mensaje conjunto dirigido a la nación, el presidente interino ucraniano, Alexandr Turchínov, aseguró que Ucrania ha sido saqueada por Rusia y acusó al presidente ruso, Vladímir Putin, de emular al régimen nazi de Hitler: “Putin copia hoy a los fascistas del siglo pasado, anexionando un territorio de un país independiente, reconocido por todo el mundo”. Antes, Yatseniuk había asegurado que Kiev no buscará la entrada en la OTAN y prometió que se procederá a desarmar a todos los grupos armados.

Coherente con la elevación del tono, el Ministerio de Defensa de Ucrania autorizó el uso de armas a sus militares emplazados en la rebelde autonomía de Crimea: “De acuerdo a una decisión del comandante en jefe supremo de las Fuerzas Armadas de Ucrania y del ministro interino de Defensa y en base a la orden del jefe del Estado Mayor (…), se autoriza el uso de armas a los destacamentos de las Fuerzas Armadas de Ucrania emplazados en Crimea”.

Respuesta diplomática

La Administración de EEUU confirmó que la comunidad internacional no reconocerá jamás “el intento de anexión” de Crimea a Rusia, iniciativa que definió como “una amenaza a la paz” internacional y “claramente ilegal”. Barak Obama ha convocado a sus socios europeos a una cumbre el próximo lunes para analizar la situación.

Joe Biden, de visita en Varsovia, insistió en que la actuación de Rusia en Crimea supone una violación del derecho internacional y también elevó el tono: “Rusia ha ofrecido varios argumentos para justificar lo que no es más que una usurpación de tierras, incluyendo lo que dijo (el presidente ruso, Vladímir Putin) hoy”. También avanzó que su país estudia mover unidades terrestres y navales para aumentar las maniobras militares en los países bálticos.

Por su parte, el titular de AAEE ruso, Sergei Lavrov, transmitió al secretario de Estado norteamericano, John Kerry, que las sanciones adoptadas por Occidente contra con “inaceptables” y “no se quedarán sin consecuencias”. EEUU aprobó la congelación de bienes y la prohibición de visados para viajar al extranjero a una serie de personas que se consideran responsables de la situación. El anuncio se produjo tras la comparecencia de Barak Obama, que se limitó a repetir el mantra adoptado por Washington desde que estalló la crisis: “Continuaremos mirando las diferentes formas en que podemos ayudar a nuestros amigos ucranianos en el logro de su derecho universal y su seguridad, prosperidad y dignidad que se merecen”.

Una de las instituciones ausentes en toda la crisis ha sido la OTAN. En apariencia, sigue adoptando la misma posición. Su secretario general, Anders Fogh Rasmussen, insistió en declarar “ilegal” la anexión de la península de Crimea a la Federación Rusa y advirtió de que los países aliados no reconocerán este movimiento. Por el momento, se ha limitado a desplegar aviones de reconocimiento en Polonia y Rumania para controlar la crisis de Ucrania.

¿Y Europa? Pues la UE parece sobrepasada por los acontecimientos, como si no se esperara una respuesta de esta magnitud, y con esta celeridad, por parte de Rusia. Este jueves arranca el Consejo Europeo en el que se aprobará el acuerdo de asociación con Kiev que rechazó Víktor Yanukovich y la CE ya ha dejado caer que corresponde a los líderes de la UE decidir en la cumbre del jueves y el viernes en Bruselas si toman nuevas medidas.

Hasta ahora, han trascendido las conversaciones bilaterales de Barak Obama con Angela Merkel, los mensajes de David Cameron sobre las nuevas medidas que Bruselas debería adoptar y François Hollande a favor de que la UE actúe como un único bloque. Por si acaso, el titular de AAEE galo mantuvo que será necesario recurrir a la fuerza contra Rusia “si se superan ciertos límites” en esta crisis.

El precedente de Kosovo se extiende

En el post de ayer, escribimos sobre la preocupación de los vecinos de Rusia ante una muestra de la exaltación del nacionalismo ruso, con riesgos expansionistas. Por lo pronto, y a pesar de los intentos de la comunidad internacional de diferenciar el caso de Kosovo con el de Crimea, las autoridades rusas insisten en equiparar la excepcionalidad de ambas situaciones, lo que lanza un mensaje claro al exterior: “Yo no intervine ante la declaración unilateral de independencia de Kosovo, amparada por una parte de Occidente. Pretendo que tampoco intervengáis en este caso”.

Ante este escenario, alguien, en la Casa Blanca, debería estar analizar si compensa el triple salto mortal que dio en su día la Administración Obama en Kosovo a cambio de albergar la base de Camp Bondsteel, la mayor base militar de EEUU en el extranjero con 10.000 soldados. Lo mismo puede decirse de la UE, que vuelve a demostrar, en esta crisis, las dificultades de poner en marcha un edificio de esta envergadura y con tantos intereses cruzados en función de los Estados.

Por si acaso,  el presidente de Moldavia, Nicolae Timofti, advirtió a Rusia de que no considere la anexión en su territorio rusoparlante de Transnistria de la misma forma que ha hecho con Crimea. Moldavia, una exrepública soviética situada entre Ucrania y Rumanía, con una población de unos cuatro millones de personas, planea firmar un acuerdo comercial con la UE similar al que rechazó Yanukovich y, hasta el momento, había ofrecido a Transnistria una forma de autonomía.

Transnistria (60% de población rusófila) se declaró unilateralmente independiente de Moldavia en 1990: ante el temor de una anexión con Ucrania se declaró la fundación de la República Moldava de Transnistria. En 2006, celebró un referéndum en el que el 97.2% de los votantes se pronunciaron a favor de la unión con Rusia, que el presidente del Parlamento, Mijaíl Burla, envió estos días a la Duma aprovechando la coyuntura internacional. Éste es un paso de gigante, sobre todo si tenemos en cuenta que el pasado mes de julio, Moscú pidió abordar el conflicto a través de las negociaciones de 5+2 [Rusia, Ucrania, EEUU, la UE y la OSCE + Moldavia y Transnistria].

Una vez superados los discursos que agudizan el enfrentamiento dicotómico entre ambos bloques –sin tener en cuenta que el mundo es mucho más amplio que la visión bipolar que algunos parecen interesados en recuperar- no es la única zona que merece la atención. Hace unos días, el Gobierno ucraniano acusó a “agentes del Kremlin” de fomentar una violencia mortal en las ciudades rusófonas del este del país e instó a que el pueblo no ceda a las provocaciones que sus líderes creen que Moscú puede usar para justificar una mayor invasión tras la toma de Crimea.

En el punto de mira, lo que pueda pasar en Odessa, Donetsk y Jarkov, donde también comienza a demandar que se celebre un referéndum como el de Crimea. Si tenemos en cuenta el equilibrio de mayorías que hay, queda claro por qué Kiev comienza a asimilar que éste no es el mayor problema al que se enfrenta.

Por si fuera poco, Putin ya dejó claro a Obama que Moscú intervendrá en la zona para proteger a la población si se extiende la violencia al este del país. Este martes, el portavoz del Kremlin insistió en que su país hará “todo lo posible” y utilizará “todos los medios legales” a su alcance para ayudar a “los rusos que viven en regiones del este de Ucrania”, aunque descartó el uso de la fuerza.

CODA. A riesgo de parecer pesados, volvemos a recomendar el blog de Rafael Poch en La Vanguardia. En su entrada de ayer, repasa los incidentes registrados en distintas zonas del país y las consecuencias que esas pequeñas chispas podrían tener en la desestabilización total del país.

CODA 2. En la últimas semanas, buena parte de la prensa occidental parece haber descubierto las raíces filonazis de Svoboda, una de las tres formaciones políticas que capitanearon la resistencia del Maidán y que ha gozado del apoyo -e incluso de la simpatía- de Occidente. Sin embargo, el reparto de carteras del gobierno interino despertó las suspicacias ante la presencia de la formación ultranacionalista, que se considera sucesora de la Organización de Nacionalistas Ucranianos que tiene como héroe Stepan Bandera, colaboracionista de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La presencia de miembros de Svoboda en puestos destacados es la excusa de  Vicenç Navarro para escribir sobre ellos en Público. El artículo en el que se basa sus afirmaciones es “Ukraine: The Sovereignty Argument, and the Real Problem of Fascism”, de Gary Leupp.

CODA 3. Nos ha resultado interesante el análisis que realiza Víctor Wilches sobre los escenarios posibles de la crisis de Ucrania:

1) un darwinismo social militar-mercenarizado regido bajo dictámenes de un neofascismo social,  capitaneado por la plutocracia de EE.UU. secundado por la Unión Europea e Israel. 2)  consolidación del orden multipolar en el que participen varios actores de los nuevos poderes regionales y mundiales emergidos por la pérdida de influencia y de poder de EE.UU., este estaría apuntalado bajo una igualdad entre pares y conformado por: EE.UU., China, Rusia, India, Brasil, UE, Sur África, Irán(?), Japón(?).  3) un G3 conformado por EE.UU., Rusia y China, cada con su esfera de influencia y cuya vida de existencia sería de muy corto tiempo, mientras se acomodan las fuerzas para la nueva confrontación, pues nuevamente surgirían los apetitos hegemónicos.  4) una nuevo tipo de “guerra fría” conformada por dos grandes bloques de influencia y de dominio, y conflictos con bloques regionales y países que no se adhieran a alguno de los bloques. Uno de esos bloques estaría conformado por EE.UU.-países europeos-Australia-Israel-Japón(?). El otro bloque estaría conformado por Rusia-China-India-Brasil-Irán-Sur África(?).

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
Esta entrada fue publicada en Rusia, Ucrania. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Rusia se anexiona Crimea y comienza la partida en serio

  1. Pingback: Ucrania juguetea con el abismo | La última en llegar

  2. Pingback: Un avión comercial, daño colateral del conflicto ucraniano | La última en llegar

  3. Pingback: Putin se la juega: The winter’s coming | La última en llegar

  4. Pingback: Ucrania: Nueva tregua y ayuda financiera a cambio de reformas | La última en llegar

  5. Pingback: Equilibrio frágil en Ucrania y la ‘paz fría’ | La última en llegar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .