Adolfo Suárez: Crónica de una muerte anunciada

Y esta vez es textual. El hijo del expresidente del Gobierno, el primero de la restitución democrática tras la dictadura franquisa, convocó el viernes a la prensa para anunciar que el ingreso de Adolfo Suárez, rutinario en un principio, había derivado en un empeoramiento de su salud. La consecuencia directa, su defunción en un periodo no superior a 48 horas, que se alargó por poco: a las 15 horas del domingo se hizo público el deceso del primer presidente de la Transición

Comenzaba así una suerte de necrológica nacional, al que colaboraron con gran entusiasmo los medios de comunicación, sobre la figura de Adolfo Suárez, el símbolo de la restitución democrática en España. Es posible que España inaugurara el viernes un género periodístico: la glosa típica de un difunto antes de su deceso, que se prolongó en intensidad tras hacerse oficial su defunción. Ésta es la cobertura de los medios digitales durante el viernes:

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

A pesar del tono de las aperturas de los medios digitales, las portadas de la prensa del sábado se ajustaron más a la noticia en sí, con las excepciones de La Razón y de El Periódico:

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Suárez ha pasado a la historia por ser la cabeza visible de la Transición, nuestro mito fundacional cuestionado por obra y gracia de la crisis económica y financiera y que, hasta 2010, se defendió como un proceso político inédito hasta el momento basado en el tránsito pacífico de un régimen dictatorial a una democracia representativa sin conflicto civil [aunque no exento de fallecidos: víctimas de ETA y víctimas de los hijos del régimen descontentos con la evolución del país].

Sólo había una condición: que la reconciliación nacional se hiciera sobre el olvido de la Guerra Civil y de los cuarenta años de dictadura franquista y sobre el olvido sobre los cadáveres políticos que los protagonistas de aquel momento histórico guardaban en los armarios, una suerte de Ley de Punto final y Obediencia Debida que los argentinos aprobaron algunos años después para defender la reconciliación nacional a la manera de España, que se convirtió en el modelo a aplicar en los países que salían de dictaduras.

En este momento, sólo se destacan las luces de un liderazgo que explica perfectamente quiénes somos: Sólo en un país con una cultura esquilmada por la represión franquista podía erigirse como líder alguien procedente del régimen agónico del general Franco. En los estudios constitucionales críticos se asume la evidencia de que la Transición resultó de esta manera porque ninguna de las partes en conflicto tenían una mayoría aplastante con la que motivar una imposición de sus postulados. Eso explica la cultura del pacto y por qué la Constitución de 1978 es tan extensa y contradictoria, con la defensa de la economía de mercado [art. 38] compatible con “el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción” [art. 129.2].

Además de inaugurar un proceso político exportable a otros países [Chile, Argentina, Sudáfrica e incluso las democracias de Europa del Este], España constituye un ejemplo de cómo los artífices del franquismo se pusieron la corbata de demócratas y camparon por la vida política, social y, sobre todo, económica de un país deseoso de olvidar su pasado para abrazar un futuro que habría de pasar por la arquitectura del régimen diseñado en 1978.

Estas costuras saltaron con la crisis en casi todas sus vertientes: sistema político (con cuestionamiento del bipartidismo y de la partitocracia por la que pasa toda la vida política del país); sistema económico (con los polvos de los lodos de quienes dieron el pelotazo durante la Transición); sistema social (por primera vez las generaciones futuras no vivirán mejor que las pasada); en la Jefatura del Estado (con la figura del Rey cuestionada); encaje territorial; y el poder Judicial (a veces, el único bastión ante la apisonadora ‘popular’).

La noticia sobre la salud de Adolfo Suárez nos ha permitido volver a analizar las bases que sustentan la cultura política en uno de los países europeos con una sociedad civil tan débil. Estos días, se ha podido comprobar cómo la crítica global hacia el sistema que se produce casi a diario en la calle o a través de las mal llamadas tertulias políticas conviven sin problema con las loas hacia uno de los responsables de levantar el edificio del régimen que se cuestiona al grito de “son todos iguales”, “no nos representan” o “que se vayan”.

Menos sorprendente resultó ver cómo representantes de la vida política, económica y social glosaran a un hombre que fue criticado por la oposición [él mismo recordaba la labor de acoso y derribo que emprendió el PSOE desde 1979 para que se marchara] y vilipendiado por los suyos: primero, por los franquistas, que le consideraron un traidor a la causa; luego, por esa segunda vía que significó la Alianza Popular de Manuel Fraga, el partido de derechas por antonomasia con permiso de Blas Piñar; y finalmente por los suyos, que le fueron abandonando hasta verse forzado a dimitir como presidente del Gobierno a finales de enero de 1981.

Sólo en los años 90, una vez que acabaron sus aventuras al frente del CDS, el PP recuperó su figura como un elemento más para aglutinar a todo el centroderecha político del país bajo el control de José María Aznar. El premio, la candidatura de su hijo, Adolfo Suárez Illana, como cabeza de lista del PP en Castilla-La Mancha en 2003, un paso fugaz por la política con presentación de su candidatura en una capea o autor de frases memorables como la que utilizó para recordar a un concejal asesinato por ETA: “Lo peor es que no podrá comer más cebollas rellenas”.

CODA. Estas son las portadas de los diarios de información general y regionales de este lunes:

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
Esta entrada fue publicada en Democracia, Periodismo. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Adolfo Suárez: Crónica de una muerte anunciada

  1. Pingback: El mito de la Transición y sus rincones oscuros | La última en llegar

  2. Pingback: La abdicación del Rey sepulta la Transición | La última en llegar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .