Podemos es un problema, y no sólo para el PSOE

Siguen los ecos del resultado de las elecciones, que confirmaron la irrupción de un nuevo actor en la escena política española (Podemos), en pleno proceso de decadencia de los grandes partidos (PP y PSOE perdieron entre ambos más de cinco millones de votos respecto a 2009) y con la constatación de techos electorales para los partidos minoritarios de implantación estatal.

Desde entonces, se han sucedido cambios, desde el relevo procedimental de la Jefatura del Estado, hasta la asunción de que los resultados del 25 de mayo podrían anticipar un tsunami que se lleve por delante la arquitectura partidaria instaurada en la Transición. Ahí se inserta la marcha de Alfredo Pérez Rubalcaba del PSOE y la apertura de un proceso de elección de su futuro líder en primarias en el partido.

También la reunión que mantuvo Mariano Rajoy con la cúpula del PP en Toledo para analizar unos resultados que han pasado desapercibidos por la crisis interna del PSOE pero que avanzan un desastre electoral ‘popular’ en las elecciones municipales y autonómicas de 2015. La reforma fiscal que el Gobierno pretende aprobar próximamente se entiende como el último intento, casi desesperado, por volver a conectar con esa base electoral. Veremos si aciertan, habida cuenta de que, según el sondeo del GESOP, más del 50% considera que en el resultado ha pesado la corrupción.

Durante estas semanas, hemos visto intentos de IU por liderar la protesta de izquierdas tras los cantos de sirena rechazado por Podemos para formar un frente a lo Syriza. Por su parte, UPyD, que también fracasó en su estrategia de postularse como partido de implantación estatal ascendente, parece estar reconstruyéndose mientras que uno de sus rivales directos, C’s, protagoniza entrevistas casi diarias con la promoción de Albert Rivera como líder nacional.

El éxito electoral de Podemos, una plataforma creada hace apenas unos meses que obtuvo 1.2 millones de votos, han tenido efectos directos entre sus potenciales rivales:

  • El PP y medios afines llevan semanas alimentando el temor ante el riesgo de que un partido considerado casi como antisistema siga conectando con una parte del electorado, muy enfadado ante la situación política y social del país y que responsabiliza a los partidos políticos de buena parte de los problemas. Esta estrategia parece tener un objetivo claro: movilizar a los votantes del PP que el 25M se quedaron en casa al grito de “Si no votáis, mirad lo que viene”.
  • Desde el PSOE, aún se analiza el perfil del votante que el 25 de mayo optó por la lista de Pablo Iglesias y que podría situar a Podemos como tercera fuerza parlamentaria en las próximas elecciones generales gracias a su posición para recibir votos de PSOE, IU e incluso de UPyD. Las tabulaciones del sondeo de GESOP , que señalan a Podemos como la opción que recibiría más apoyo en voto directo (16.7% frente al 15.1% del PP), reflejan claramente el perfil del votante de Podemos: Joven, con formación académica, que se ubica en el 4 en el eje izquierda-derecha, es decir, el espacio que tradicionalmente ocupaba el PSOE. Quizás por este motivo, El País se ha lanzado a una campaña contra Podemos, bien por supuestas vías de financiación, bien por los problemas en la conformación de una estructura que haga viable la acción política de la formación.
  • Desde UPyD, Rosa Díez vinculó a Podemos con el populismo y aseguró que sus propuestas se parecen a las de Syriza, al M5S e incluso a las del ultraderechista Frente Nacional. Curioso de quien hizo del discurso contra la clase política y la “parasitación en las instituciones” uno de sus ejes discursivos desde su fundación.
  • IU ha decidido liderar (junto a ERC) la oposición a la imposición del relevo en la Jefatura del Estado sin consultar a la ciudadanía en referéndum, una propuesta que es uno de los puntos que ha enfriado la posibilidad de formar el frente amplio de izquierdas junto a Podemos y Equo.

¿Tienen razón estas formaciones para estar preocupados por el efecto Podemos? A juzgar por los resultados de las elecciones europeas, y con las prevenciones a la hora de equiparar un resultado europeo en clave de elecciones generales, sí.  Con un 45.84% de participación (un punto más que en 2009), el PP consiguió algo más de cuatro millones de votos, 2.6 millones menos que en 2009 y seis menos que en las generales europeas (aunque en esta cita la participación suele rondar el 70% -73.3% en 2011-). El PSOE obtuvo en las generales su mínimo histórico, con 6.1 millones de votos (900.000 votos menos que las generales de 2009, donde consiguió 7 millones de votos, que hasta el el 25M se consideró el suelo electoral del PSOE. En las europeas logró 3.5 millones de votos, habiéndose dejado en el camino 2.6 respecto a 2009).

En el caso del PSOE (y en menor medida en el PSOE), el resultado se explica por el ascenso de IU, que gana casi un millón de votos respecto a las últimas europeas aunque cae 126.000 votos respecto a su resultado en las últimas generales. En el caso de UPyD, la formación ha ganado más de 560.000 votos respecto a las europeas pero se queda a casi 130.000 votos del resultado que obtuvo en noviembre de 2011, cuando emergió como uno de los partidos que podrían jugar un papel bisagra en el nuevo sistema político español.

Éste es el retrato del resultado de las elecciones a nivel autonómico, medido en número de votos y en porcentajes, de las cinco formaciones de implantación estabal. Además de la sangría de votos de PP y PSOE en todas las CCAA, con el consiguiente ascenso de IU y UPyD en términos comparativos en relación a las europeas de 2009 y las generales de 2011.

Con permiso de Ceuta y Melilla, a las que no hemos incluido en este análisis, podemos hablar de dos planteamientos: CCAA que han resistido al ‘efecto Podemos’ y aquellas en las que la irrupción de la formación ha alterado la dinámica partidista autonómica

  • En el primer caso sólo se ‘resisten’ al ‘efecto Podemos’ siete CCAA: La Rioja, Comunidad Valenciana, Murcia, Extremadura, Andalucía, CLM y CLM. ¿Qué tienen en común? Que todas han sido feudos de los dos grandes partidos y en todas el futuro de pactos de gobierno pasan por ellos: la suma de votos que recaen en Podemos, IU y UPyD es mayor que los votos que recibe la segunda fuerza en Comunidad Valenciana, La Rioja, Murcia y en Castilla y León; la suma de las tres fuerzas no es mayor que la del segundo partido en Andalucía (PP), Castilla-La Mancha (PSOE) o Extremadura (PP)
  • En el segundo caso, Podemos quedó como tercera fuerza en Madrid, Cantabria, Aragón, Baleares y Asturias  y por delante de UPyD en Galicia, Navarra y Cataluña. En Canarias, la formación también adelantó a IU en número de votos. Hemos facilitado la visión señalando, con amarillo, los resultados de Podemos en las CCAA en las que se detecta ese cambio en el sistema de partidos.

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Con este escenario en la retina, conviene leer bien el artículo que José Luis Villacañas escribió en El Confidencial, que analiza el éxito de Podemos desde la ruptura del pacto de la representación mediante la cual los partidos realizan ofertas que los electores ‘compran’ y valoran su cumplimiento al final del mandato mediante la asunción de cumplimientos maximalistas.

Tras el viraje del PSOE en 2010 asistimos al incumplimiento sistemático del programa electoral del PP, lo que, unido  a la corrupción como seña de identidad de los designios en Génova, han provocado la explosión que ha derivado en la desconexión de las elites respecto a la base social que, en teoría, lideran.

La aparición de unas siglas frescas, sin conexión con ese pasado del que buena parte de la ciudadanía huye en estos momentos, con un líder que maneja el discurso de la calle demostró que era lo que una parte de la base social del centroizquierda esperaba. La guerra mediática contra Podemos y las reacciones que de su irrupción están realizando las distintas formaciones a las que ha mordido votantes sólo hace pensar en un éxito sin paliativos en las próximas citas electorales.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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