España apuesta por la efebocracia

La juventud suele ser uno de esos valores en los que nos fijamos en la política profesional, sobre todo cuando el valor de la juventud para al liderazgo. A los jóvenes se les atribuye energía, ilusión y un todo que temeridad que, si está controlado, suele derivar en liderazgos proactivos. Además, en política, ese rasgo implica motivación y capacidad hacer realidad proyectos vinculados con el momento presente y, en general, pocos cadáveres en el armario.

El nuestro es uno de esos países en los que se ha apostado por la juventud como rasgo fundamental para proyectar liderazgos, en buena medida por las características propias del origen mismo de nuestro sistema. Todo el régimen nace de la demolición más o menos prolongada del edificio franquista durante la Transición y entonces se vio como imprescindible dos situaciones

  • Por un lado, que los protagonistas del cambio fueran personas con pocas vinculaciones con el pasado (como ocurrió, en cierta medida, con Adolfo Suárez) o por personas que, a pesar de haber sido refrendadas por el dictador, mostraran disposición a contribuir al cambio político desde su posición, como en el caso de Rey Juan Carlos
  • Por otro, que las personalidades directamente relacionadas con el régimen anterior quedaran en un segundo plano, bien como resultado de las urnas (como ocurrió con AP y el PCE), bien por la conveniencia de sacar del foco mediático a herederos directos del régimen (especialmente en materia económica).

Hoy estamos en una situación que recuerda mucho a la de 1975, con la asunción, más o menos directa, del fin de un régimen que derivará en la reforma de la Constitución española, y con peticiones de abrir un proceso constituyente que alumbre un nuevo texto. También hoy encontramos a fuerzas directamente vinculadas con el sistema, especialmente en la esfera política, y otras que pugnan, desde la novedad, por erigirse como nuevos protagonistas del proceso de cambio (y ahí están los partidarios de un nuevo sistema o los que consideran que el actual sirve si acomete importantes reformas).

Hace unas semanas, el periodista que suele cubrir las informaciones del PP, Carlos Cue, publicó en El País una crónica a propósito de los relevos en las formaciones políticas españolas, un recambio que presenta un rasgo general: se premia la juventud sobre la experiencia que suele aportar la edad, algo que se ha extendido desde la Jefatura del Estado hasta las formaciones políticas tradicionales, donde poco a poco se están haciendo con las riendas de los partidos líderes políticos que apenas superan la cuarentena.

Hay algunas excepciones: el caso del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que, en caso de volver a ser cabeza de lista en las próximas elecciones generales lo hará con 60 años; Cayo Lara, que de volver a encabezar la lista de IU lo hará con 63 años, la misma edad que tendrá Rosa Díez.

Ésta es la evolución en los liderazgos políticos desde 1977, fecha en la que se celebraron las primeras elecciones generales tras el fin del franquismo y hasta la actualidad:

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Así, y a falta de concreción, sobre todo en el futuro de los liderazgos de los principales partidos del arco parlamentario, éstas son algunas de las conclusiones

  • La derecha, en general, ha optado por líderes de más edad, sobre todo si lo comparamos con el PSOE. Sólo en dos ocasiones se ha roto esa dinámica: en el efímero mandato de Hernández Mancha en AP y en la elección de Mariano Rajoy para hacer frente a José Luis Rodríguez Zapatero.
  • En esa línea, el PSOE ha optado siempre por liderazgo de personas situados en la cuarentena con una excepción clara, la de Alfredo Pérez Rubalcaba, y otra matizada, la de Joaquín Almunia. Con la elección de Pedro Sánchez para dirigir el PSOE, los socialistas retoman la decisión adoptada con Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero en su momento.
  • IU es la formación que con mayor frecuencia ha tenido líderes de más edad. Sólo rompió esa tendencia con Gaspar Llamazares en 2000 y podría infundir una auténtica revolución si se eligiera a Alberto Garzón como cabeza de lista de su cartel. En esta elección, habría que tener en cuenta el peso de la elección de Pablo Iglesias al frente de Podemos. Aunque Garzón es una figura en ascenso en IU, la decisión de que encabece la lista al Congreso rezuma estrategia política.
  • UPyD es un caso un tanto atípico ya que su cara más visible, Rosa Díez, ya era una figura consagrada en la política pese al intento de la formación de desvincularse de la política profesionalizada. Parece evidente que UPyD ha tocado techo electoral, y tal vez podría intentar jugar la baza de presentar a una cara nueva pero con experiencia que, en general, goza del favor mediático como Irene Lozano. Si tenemos en cuenta, además, que tal vez sea la única mujer que podría encabezar una candidatura de peso en las elecciones generales, su juventud podría ser una baza que pesara junto a su condición de mujer.

En este escenario, la duda es lo que hará Mariano Rajoy. El propio Cue señalaba en su crónica que los suyos no barajan la posibilidad de que no opte a un segundo mandato, y eso será así a pesar de su baja valoración (sólo hace falta mirar el CIS para apreciarlo) y a la sangría de votos que el PP podría sufrir en las próximas citas electorales.

Así, Rajoy se enfrentará, por un lado, al propio personaje que ha creado desde que llegó a La Moncloa, con una alergia casi patológica a los medios de comunicación y al contacto con la ciudadanía. Por otro, podría tener enfrente a rivales a los que sacará más de 20 años, y eso, insistimos, en un país muy acostumbrado a dar su confianza a políticos con imagen de recién llegados.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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