Un avión comercial, daño colateral del conflicto ucraniano

A primera hora de la tarde un avión Boeing 777 de las Líneas Aéreas de Malasia, que cubría la ruta Amsterdam/Kuala Lumpur, se estrelló en el este de Ucrania. En la aeronave viajaban 295 personas y no ha habido supervivientes. Según el Gobierno de Kiev, entre las víctimas habría 23 ciudadanos de EEUU, noticia no confirmada aún por la Casa Blanca.

Lo que en principio parecía la noticia de un accidente aéreo más se transformó pronto en otra cosa. La aeronave, que volaba a más de 10000 metros, se estrelló a 80 km de Doneskt, la capital del estado de Dombás,  donde el Ejército ucraniano y milicias prorrusas combaten desde el mes de abril.

Poco después de conocerse la noticia, se habló abiertamente de que un misil había sido la causa del derribo del avión de Malasian Airlines. Según Interfax, Anton Geráschenk, consejero del Ministerio del Interior ucraniano confirmó que el vuelo MH17 había sido abatido por un misil aire tipo BUK . EEUU también filtró a la prensa que sus agencias de inteligencia confirmaron que se trató de un ataque con misil, tesis también rubricada por el vicepresidente, Joe Biden. Desde hacía horas, los rebeldes de Donetsk y Kiev se acusaron mutuamente de ser los autores del lanzamiento del misil, que bien podría haber perseguido un objetivo militar.

De nuevo, hemos asistido a una guerra de propaganda a la que nos hemos acostumbrado desde las primeras manifestaciones en el Euromaidán, a finales del mes de noviembre, concentraciones que acabaron con el derrocamiento del presidente Víktor Yanukóvich y su sustitución, previo paso por la urnas, por Peter Poroshenko, el hombre de Occidente que, cuando lleva apenas un mes en el poder, debe gestionar el derribo de un avión comercial en mitad de una guerra que, ahora, la comunidad internacional no podrá seguir ignorando.

Éstas fueron algunas de las reacciones:

  • El jefe del Servicio de Seguridad ucraniano, Valentin Nalivaichenko, acusó a dos altos cargos de la Inteligencia militar rusa de estar implicados en el suceso, que el propio presidente ha definido como un “acto terrorista”. Nalivaichenko, que dijo basar sus informaciones en la interceptación de conversaciones telefónicas, apuntó: “Ahora ya sabéis quién perpetró este crimen. Haremos todo lo que podamos para que los militares rusos responsables sean castigados”.
  • Putin responsabilizó a su vez a Ucrania del incidente y fue más allá en las causas: “Esta tragedia no habría ocurrido” si Kiev no hubiese continuado su ofensiva contra los separatistas.
  • El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, acusó a los separatistas prorrusos de crear una situación “cada vez más peligrosa” y reclamó una investigación internacional para determinar las causas de la caída del vuelo de Malaysia Airlines.
  • En la misma línea, la Alta Representante de la UE para la Política Exterior, Catherine Ashton, demandó una “investigación internacional” y pidió a todas las partes implicadas que permitan el acceso al lugar de la tragedia y proporcionen toda la información. Rebeldes separatistas habrían confirmado que la caja negra del aparato siniestrado está bajo su poder.
  • Tras el derribo, las rutas de aviones comerciales recibieron la orden de no sobrevolar la zona, de manera que pronto se difundió el mapa del espacio aéreo, donde se aprecia el agujero sobre Ucrania en las horas posteriores al accidente [mapa difundido por ABC News]

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  • A última hora de la noche, Kiev notificó a la agenda europea para el control del tráfico aéreo, Eurocontrol, el cierre del espacio aéreo en la parte este del país

Tras el avance de Kiev sobre otros territorios rebeldes, como Lugansk, las acciones militares se concentran en la autoproclamada República Popular de Donetsk (RPD), un hecho que activó las alarmas de cualquiera que haya seguido con atención el conflicto que se dirime en el este ucraniano.  No en vano, el lunes abatieron en Lugansk un avión militar de transporte ucranio que participaba en la operación contra los insurgentes, una acción que acabó con la vida de dos militares; otros dos fueron secuestrados.

La agencia rusa Ruptly apuntó directamente a Kiev, a quien acusó de haber confundido el avión del vuelo MH17 con el del presidente ruso, Vladimir Putin. Ésta fue la versión de una fuente anónima citada por medios rusos y difundida por las agencias de noticias interancionales: “Puedo decir que el avión presidencial y el Boeing de Malaysian Airlines se cruzaron en el mismo punto y en el mismo corredor. Esto sucedió cerca de Varsovia en el nivel de vuelo 330a a una altitud de 10.100 metros. El avión presidencial estaba allí a las 16.21 hora local (12.21 gmt) y el avión de Malaysia Airlines a las 15.44 (11.44 GMT)”. Sorprendentemente, esta tesis tuvo cierto predicamento entre usuarios de Twitter.

Desde la distancia, y a falta de más datos, este argumento parece totalmente descabellado. Si fuera cierto, Kiev habría emprendido una acción de guerra unilateral contra la Federación Rusa. No hace falta recordar lo que Moscú hizo cuando Georgia se anexionó Osetia del Sur y Abjasia durante el verano de 2008. El asesinato de Putin significaría el inicio del aniquilamiento de Kiev y suponemos que el actual presidente ucraniano tiene la cordura suficiente para saber las consecuencias de una locura de ese tipo.

Existe otra teoría que apunta a que se trataría de una acción de opositores al actual presidente ucraniano, muchos de ello partidarios de Yulia Timoshenko -la gran perdedora del corrimiento de fuerzas a partir del Euromaidán-. No tenemos tampoco datos que apunten a esta posibilidad, sobre todo si tenemos en cuenta la aplastante victoria de Poroshenko en la primera ronda de las presidenciales de junio. Una acción de este tipo derivaría hacia una suerte de golpe de Estado, y dos acciones similares en tan poco intervalo de tiempo se nos antoja poco creíble, sobre todo si tenemos en cuenta que las instituciones internacionales han comenzado ya a desviar los fondos comprometidos con Kiev como compensación a su alejamiento de Rusia.

Lo que resulta indiscutible es que, a pesar de que el foco internacional hace semanas que se ha vuelto a otros puntos calientes del planeta, hoy volvemos a hablar de Ucrania y de las consecuencias de una acción de este tipo en una zona que es un polvorín geoestratégico. En las última semanas, medios de comunicación alternativos han contado que se han registrado bombardeos sobre viviendas de una población civil que ha abandonado zonas que, al calor de la independencia de Crimea, proclamaron también su intención de anexionarse a la Federación Rusa. Las cifras se mueven entre los 500.000 ucranianos que habrían cruzado la frontera rusa y 16.000 que se habrían convertido en desplazados interiores.

Otro frente más para el presidente de EEUU, Barak Obama, que ha comprobado cómo en la segunda parte de su mandato sus pesadillas se ha vuelto reales. Tras anunciar una retirada paulatina de Europa y de Oriente Medio para dedicarse a Asia y el Pacífico, ha visto cómo sus experimentos de ‘primaveras árabes’ ha derivado en inestabilidad en Egipto, en una guerra civil en Siria, en la extensión de la guerra a Irak y a la confrontación directa por las áreas de influencia con Moscú.

CODA. El Mundo elaboró hace tiempo una lista con acciones similares precedentes, muchas de ellas con sospechas sobre la autoría pero sin confirmación: el primero, el Caravelle de Air France que cayó en el cabo de Antibes, en el Mediterráneo, el 11 de septiembre de 1968; los últimos casos, en diciembre de 1998 y enero de 1999 cuando dos aviones de la ONU fueron derribados por los rebeldes de la Unión Nacional por la Independencia Total de Angola. Es de hoy es el que más víctimas deja, seguido muy de cerca por el derribo, en julio de 1988, de un Airbus A-300 de Iran Air, abatido poco después de su despegue de Bandar-Abbas por dos misiles lanzados desde un destructor de EEUU.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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