El nuevo PSOE y el miedo al voto Podemos

Así se dejó traslucir en el discurso con el que Pedro Sánchez cerró el Congreso extraordinario del PSOE, convocado tras el desastre electoral del 25 de mayo para dar por terminada la travesía en el desierto que atraviesa desde los comicios generales del 20 de noviembre de 2011. En su discurso, que duró casi una hora, se escucharon constantes referencias al votante indignado que en mayo votó por Podemos pero que antes lo hizo por otras formaciones:

“Vamos a ir a buscar a todos los españoles que quieren cambiar las cosas y vamos hacerlo con una política progresista sin populismos ni demagogias. Defender a quien sufre exige no jugar con sus expectativas (…) Nosotros somos un partido que aspira a gobernar y a nosotros las promesas sabemos que no nos salen gratis”

Es decir, Sánchez cerró el cónclave socialista llamando a los suyos a recuperar ese voto perdido tras equiparar las políticas socialistas con las del PP, piezas centrales del sistema político que nació en la Transición:

El PSOE de Pedro Sánchez ha echado a andar. Este fin de semana, el congreso extraordinario del PSOE ratificó la victoria de Sánchez en las primarias abiertas entre los militantes y a los dirigentes que le acompañarán en su andadura como nuevo secretario general. La Ejecutiva Federal que presentó resultó avalada por el 86.19% de los votos de los delegados, un apoyo casi 6 puntos superior al que recibió el equipo de Alfredo Pérez Rubalcaba en el 38 Congreso socialista, en febrero de 2012. Entre los críticos, muchos de los que apoyaron las candidaturas de Eduardo Madina y de José Antonio Fernández Tapias, que estos días denunciaron públicamente que no se estaba haciendo ningún intento de integración.

Pedro Sánchez, que estuvo acompañado por sus antecesores en el cargo, se ha rodeado de algunos de los nombres que le acompañaron desde que cobró cuerpo la posibilidad de presentar su candidatura a las primarias abiertas ciudadanas para elegir al cabeza de lita del partido de cara a los comicios generales. Ya conocemos la historia: Rubalcaba dimitió tras el hundimiento electoral tras el 25 de mayo y se tuvo que improvisar sobre la marcha un proceso que ha derivado en la elección directa del secretario general del partido por parte de los 200.000 militantes llamados a las urnas, mientras que parece que hoy queda descartado que vayan a celebrarse las primarias abiertas a la ciudadanía en noviembre.

Entre sus apoyos, se confirmó la presidencia del partido a cargo de una andaluza (Micaela Navarro) y la elección de César Luena como hombre fuerte del partido. El riojano, con 34 años, deberá engrasar la maquinaria de un partido que aún sigue purgando su particular travesía en el desierto golpeado por la crisis de credibilidad tras el último gobierno de Rodríguez Zapatero y las medidas adoptadas como el principal partido de la oposición (particularmente en asuntos como la Jefatura del Estado). Mención aparte merece la posición del PSOE en torno al proceso soberanista catalán, una posición que, aunque al final pueda resultar conveniente para evitar rupturas, hoy supone una vía de agua en términos electorales para el PSC y para el PSOE.

Éstos son los nombres que forman parte de la Ejecutiva de Pedro Sánchez, ese gobierno en la sombra, en palabras de los más veteranos del partido, donde han vuelto a reaparecer nombres como el de Carme Chacón o Pedro Zerolo.

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Se mantiene el nombre de María González Veracruz como responsable de participación y se promociona a Carmen Montón, una de las caras de la política de igualdad que defiende el partido en el Congreso de los Diputados. En el equipo están también Ximo Puig, Patxi López y Roberto Jiménez. En la lista de vocales figuran otros ‘barones’ como Tomás Gómez, Emiliano García-Page, José Ramón Besteiro, Eva Díaz Tezanos o Francina Armengol.

Está previsto que Madina y Fernández Tapias entren a formar parte del Comité Federal (el máximo órgano del partido entre congresos, compuesto por 250 personas de los que Sánchez va a renovar 107). En este órgano también estarán algunas de las personas más cercanas a Rubalcaba (como Elena Valenciano, Antonio Hernando y Oscar López) así como viejos conocidos como Leire Pajín y Josep Borrell.

En su discurso, que Sánchez comenzó hablando de la operación de Israel sobre la Franja de Gaza, se reivindicó como el secretario general de todos los socialistas [“Seré el Secretario General de todos y de cada uno de los socialistas”], apeló a la herencia [desde la figura de Pablo Iglesias a la del legado de los gobiernos socialistas desde la Transición: “os propongo que abandonemos los complejos y digamos alto y claro que lo mejor que le ha pasado a España siempre ha venido de la mano de gobiernos socialistas”] y reconoció el país en el momento actual:

“España es un país castigado por una crisis económica sin fin y por las recetas conservadoras. Es un país que desconfía de políticos que perdieron su pulso modernizador y que, obsesionados con el corto plazo, olvidaron poner las luces largas. Es un país que corre el riesgo serio de quedar en el vagón de cola del tren de la globalización. Es un país alejado de sus instituciones, indignado ante la injusticia, la desigualdad y ofendido ante tanta impunidad. Es un país cuya clase media, la clase trabajadora, aquella que hace patria con su esfuerzo y trabajo, se siente desamparada por su Gobierno. España es hoy un país hastiado, indignado y herido”.

Llamó a los suyos a postularse como los políticos que necesita el país [“Para ganarnos el futuro, debemos reinventar mucho de lo que antes dábamos por bueno. Necesitamos políticos innovadores, valientes que den la cara y hablen claro”] desde una posición de izquierdas [“Nosotros somos la izquierda que gobierna el presente para transformar el futuro y la derecha nos impone una realidad de la que nosotros discrepamos”] y lanzó una de las frases menos oportunas de todo su discurso, con referencias al proceso soberanista abierto en Cataluña:

“Os propongo que nos pongamos manos a la obra para construir una España mejor en lo colectivo. Desterremos palabras que nos afectan e indignan a todos como: crisis, paro, pobreza, desigualdad, corrupción, violencia de género, decadencia institucional, independentismo. Os propongo cambiar la indignación por la confianza de vivir en un gran país, que todos nosotros y nosotras, todos juntos, hacemos grande a España”

Tampoco faltaron alusiones al 15M y a la formación que está canalizando esa voluntad de cambio que se explicitó en las plazas en mayo de 2011 y que el pasado 25 de mayo dio el primer aviso de un cambio institucional en las próximas citas electorales: “El socialismo es la izquierda que se mantiene fiel a sus principios y aspira a gobernar, que no se conforma con protestar. Nosotros somos el partido del cambio. El partido que convierte la indignación en acción, une voluntades y transforma los valores en hechos. Y nuestro reto, hoy, es dar a España un nuevo proyecto y un camino diferente al que ofrece la derecha”. A los suyos les recordó: “No hagáis caso a los que dicen que somos  iguales porque ni somos iguales ni somos lo mismo”.

Sánchez hizo una defensa cerrada de un cambio en materia económica, a favor de cambio de modelo basado en “defender una clase media y una clase trabajadora hundidas por la política económica de Rajoy”. Proclamó al PSOE como garante del Estado de bienestar y a favor de la recuperación de los derechos perdidos durante la crisis económica (para lo que habló de política fiscal y de la ayuda pública a la banca). Así, insistió en que cuando llegue al Gobierno derogará la reforma laboral [“que mina el futuro de las pensiones, el futuro de unos jóvenes enganchados a la rueda de la precariedad laboral. Vamos a derogar la reforma laboral y plantearemos recuperar los derechos laborales perdidos, la negociación colectiva”], realizó guiños a los jóvenes y a la llamada ‘generación perdida’ (la de más de 45 años) y a la lucha contra el cambio climático.

Lanzó proclamas a favor de la igualdad (también de género) y en post de un proyecto de democracia radical: “Tenemos que romper con el descrédito institucional y la decadencia de nuestro sistema político y apostar por una democracia radical”, con regeneración de la vida política, algo que pasa, por ejemplo, por cumplir lo que se dice en campaña

“Quizás alguien crea que las campañas electorales y lo que decimos en los mítines se lo lleva el viento, que una cosa son las promesas y luego viene la política real. Pues bien, para mí está claro: si prometemos votar no a Juncker, votamos no a Juncker”.

Además de esta referencia al malestar interno por la orden de votar contra Juncker como presidente de la CE, Sánchez propuso limitar los aforamientos, limitar los mandatos a la presidencia del gobierno, la expulsión de acusados de corrupción en las filas socialistas y “reordenar la financiación de empresas a partidos políticos para que no ocurra lo que pasa en el PP y la trama Gürtel”. Se empeñó en la independencia de las instituciones, “endurecer el Código Penal por delitos vinculados con la corrupción política” y fomentar la participación ciudadana. Hizo la habitual referencia al laicismo [“propondremos el fin de los acuerdos con la Santa Sede”] y reafirmó la relación del PSOE con las centrales sindicales, emplazando a sus compañeros a ir más allá, es decir, al votante potencial de Podemos, a los abstencionistas y al desencantado con el PP:

“Salgamos al encuentro de los indignados, del mundo de la cultura, del arte y del pensamiento progresista, que últimamente nos miran de reojo. Vamos a ir al encuentro de los votantes que se alejaron de nosotros y eligieron otras opciones. Estoy seguro de que para muchos de ellos fue una advertencia, una llamada de atención y no una despedida. Trabajaremos para que vuelvan y volverán pronto. Vamos a ir también al encuentro de los que se quedan, hastiados de la política, en casa. Y vamos a ir al encuentro de quienes votaron al Partido Popular y están decepcionados porque se saben engañado”

En materia territorial, insistió en la vía federal a través de la reforma de la Constitución, tal y como se recogió en la Declaración de Granada: “Los socialistas nos proponemos la reforma constitucional para que todos los españoles votemos un nuevo marco de convivencia federal”.

En definitiva, Sánchez llamó a restablecer las relaciones entre el PSOE y su electorado mediante palazos de transparencia, de compromiso entre la palabra dada y los hechos y, sobre todo, mediante la consideración del PSOE como un partido en el que se puede confiar. Y lo hizo desde la recuperación de la autoestima de sus bases, bajo la premisa de que sólo mediante la reconstrucción del partido se puede aspirar a reconstruir la sociedad. Así se proyectó en la conclusión de su intervención:

Aquí estamos, en pie, en marcha para cambiar España una vez más. Lo hemos hecho dos veces, vamos a hacerlo una tercera. Muchas gracias, compañer@s. A vuestro servicio.

CODA. A falta de poder pulsar entre la ciudadanía si el mensaje del PSOE ha resultado creíble, lo que es indudable es que los socialistas controlaron la información durante todo el fin de semana. Su Congreso copó las portadas de los principales diarios de información general, con permiso de Jordi Pujol:

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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