Hollande, en caída libre

François Hollande lleva poco más de dos años al frente del Elíseo. En este tiempo, la esperanza blanca de la socialdemocracia europea ha dilapidado ha llevado a la hoguera tres compañeros:

  • En primer lugar, su propia imagen política, que aparece en la prensa rosa por su vida sentimental –exhibida en público- y en la prensa seria, bien por la situación económica que afronta el país, bien por la deriva del PS galo en el sistema de partidos francés, en el punto de mira de la ciudadanía.
  • En segundo lugar, la de su partido político. El PS no gobernaba Francia desde los tiempos de Miterrand (con la salvedad de los gobiernos de cohabitación durante la presidencia de Jacques Chirac) y, al ritmo que lleva, no volverá a gobernar en muchos años. Eso explica los tres gobiernos de esta legislatura (tras la última remodelación, más traumática de lo que parece) y la sensación, cada vez más extendida, de que Hollande va a arrastrar consigo a cualquier opción política que emerja en sus filas, bien sea Manuel Valls, bien cualquiera de los nombres que se intentan salvar estos días de la quema.
  • En tercer lugar, y el más importante, Hollande ha dilapidado las opciones de sentar las bases para una recuperación ideológica alternativa al pensamiento único [doctrina que sólo matizan sus propios protagonistas, como puso en evidencia el jueves pasado Mario Draghi, el gobernador del BCE, que parece haber asumido la idea de que la línea seguida en la Eurozona desde 2010 no sólo no funcionan sino que están derivando en una nueva recesión económica]. Su “pacto de responsabilidad” así lo certifica.

Y todo es susceptible de empeorar. El viernes, presentó su dimisión el secretario de Estado francés del Comercio Exterior, del Turismo y de los Franceses en el Extranjero, Thomas Thévenoud, que sólo llevaba en el puesto nueve días. El motivo: “un problema de declaración de impuestos” del que no se han dado más detalles.

La noticia de esta dimisión llegó en mitad de dos tormentas: Por un lado, la que tiene que ver con lo que los franceses opinan del presidente. La popularidad de Hollande cayó al 13% según un sondeo del TNS Sofres, 5 puntos menos respecto al mes de julio. El actual presidente francés tiene el honor de ser el peor valorado de la Historia de la V República, y aún le quedan por delante más de dos años de mandato.

Sin embargo, quedaba por conocer el nivel del descrédito a día de hoy. Según un sondeo elaborado por Ifop para Le Figaro, si hubiera elecciones presidenciales en Francia los resultados del PS serían catastróficos. En primera ronda, Françóis Hollande perdería frente a Marine Le Pen, que obtendría el 28% de los votos frente al 25% que lograría una hipotética candidatura de Nicolás Sarkozy al frente de la UPM y muy lejos del 16-17% que obtendría el actual presidente de la V República.

En una segunda ronda entre Le Pen y Hollande, la líder del FN obtendría el 56% de los votos (+10 respecto a Hollande). En este escenario, Le Pen quedaría en segundo lugar en el caso de enfrentarse a Sarkozy (40% frente al 60%), Alain Juppé (36% frente al 64%) y François Fillón (43% frente al 57%).

Francia

La segunda tormenta tiene nombre de mujer: Valérie Trierweiler y su libro Merci pour ce moment (Gracias por ese momento), la obra autobiográfica con la que la ex pareja de Hollande ajusta cuentas con su pasado dando su versión de su relación de nueve años (con 20 meses de convivencia en el Elíseo) y de la ruptura (tras conocerse la relación de Hollande con la actriz Julie Gayet).

En su libro, con una tirada inicial de 200.000 ejemplares, que estaba siendo un éxito de ventas, el presidente no queda en buen lugar. Trierweiler retrata a un hombre hipócrita, obsesionado con los sondeos y con una consideración de los pobres a los que denominaba “los sin dientes”: “Hollande se presentó a las elecciones como el hombre que no quería a los ricos. En realidad -concluye- tampoco quiere a los pobres. Él, hombre de izquierda, los llama en privado ‘los sin dientes’, y está orgulloso de su ironía”, escribe.

Ya ha sido precisamente esa frase, destacada por medios y blogs de todo el mundo, la que utilizó Hollande para responder desde Gales. Además de pedir respeto por su cargo, aseguró: “No aceptaré jamás que se pueda cuestionar el compromiso de toda mi vida, de todo lo que ha fundado mi vida política, mis compromisos, mis responsabilidades, los cargos que he ejercido”. Hollande ha encontrado el respaldo de su ex pareja, Ségolène Royal, con la que tuvo cuatro hijos y que hoy es ministra del Gobierno de Valls.

Aún no se ha medido el impacto entre los franceses del contenido del libro de Trierweiler pero, hasta ahora, Hollande tiene que hacer frente al desplome de su popularidad, a la exhibición de sus problemas íntimos y a los problemas que enfrenta el país. Por el momento, ha manifestado su disposición a agotar su mandato para cumplir el mensaje que le dieron las urnas en 2012, pero no lo tendrá sencillo. Además de la situación económica, política y social, el país enfrenta estos días su redefinición en la escena internacional.

Francia ha sido uno de los diez Estados que formarán parte de la coalición internacional formada por la OTAN para combatir el yihadismo internacional, una decisión que se entiende perfectamente por los intereses económicos de París en algunas de las zonas señaladas como conflictivas (con especial mención a Libia).

París, que históricamente tuvo una relación privilegiada con Rusia (como demuestra que las autoridades rusas prestaran atención al sistema político galo como punto de partida de su propio sistema tras el derrumbe de la URSS), también ha sido uno de los primeros que habló de sanciones contra Rusia por su papel en Ucrania.

Hace unos días se anunció la cancelación de la entrega de un uno de los dos portahelicópteros Mistral comprometidos con Moscú, algo que el propio Hollande se vio obligado a rectificar tras la cumbre que la OTAN celebró en Gales. Hollande confirmó que la decisión final se tomará en octubre y que todo dependerá de la evolución de la situación política tras el alto el fuego acordado por el Gobierno de Kiev y los prorrusos de Donbas. En juego: 1200 millones de euros de los que Rusia ya ha abonado dos tercios.

Sólo basta ver las portadas con las que la prensa francesa se presentó ante los ciudadanos para entender el nivel de crisis que vive en realidad el país:

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Todo lo que ocurre en Francia tiene efecto inmediato en la UE. No en vano, la CEE nació con la idea de que tanto Francia como Alemania dejaran aparcados los motivos que les había llevado en tres ocasiones a enfrentarse (dos de ellas, con consecuencias directas en todo el continente europeo) y optaran por la vía participativa como el corazón de una futura unión económica. Eso explica también el cuidado que las autoridades europeas emplean para referirse a los deberes que París debería estar haciendo para dejar de ser un dolor de cabeza para la Eurozona, algo que Hollande parece dispuesto a asumir en pleno abrazo del discurso TINA.

En términos ideológicos, la renuncia de Hollande a construir una alternativa a las políticas de austeridad y de control del déficit han derivado en el último clavo que faltaba por poner a la socialdemocracia europea, con permiso de lo que pueda hacer el primer ministro italiano, Mateo Renzi: En la mayor crisis económica desde 1929, ha sido incapaz no sólo de plantear una alternativa económica, sino que se ha plegado finalmente a las medidas impuestas por la derecha, salvo matices en torno al fin último del gasto público. Y ese descrédito tiene consecuencias directas en la emergencia de alternativas políticas a un lado y otro del marco ideológico.

A pesar de los discursos que señalan que el ciudadano medio francés no está loco y que una cosa es responder que votaría a Marine Le Pen y otra hacerlo, lo cierto es que el auge del FN en expectativas de voto creciente no auguran un futuro presentable, no tanto por el discurso renacionalizador que exhibe (con su derivada en torno a la inmigración), sino por lo que harán los partidos políticos para intentar recuperar el voto que se fue.

Ya lo contamos a propósito de las elecciones municipales y al Parlamento Europeo, con la subida del voto al FN en feudos socialistas (por no hablar de los nichos de votantes que antes daban su voto a los comunistas). En los próximos meses veremos, seguramente, cómo se incrementa la presión para atraer más votos de ese flanco con un discurso antieuropeísta, renacionalizador y simplista en relación a la regulación de la convivencia. Si no sacan a pasear con frecuencia el componente xenófobo, es previsible que sus expectativas vayan a más.

En el frente de izquierdas, la mala noticia para Francia es que aún no tiene algo parecido al ‘efecto Podemos’ o ‘efecto Syriza’, esto es, una alternativa de izquierdas capaz de aglutinar el malestar del centroizquierda ante la deriva de sus respectivas formaciones para ofrecer alternativas que ilusionen. En el caso francés, parece que el discurso antisistema (o altersistema) lo aglutina el FN, lo que dificulta la acción del Front de Gauche, que, como vimos, comienza a mirar a España. Su mayor problema: Tiene enfrente a un gobierno de centroizquierda por lo que, además de taponar la fuga del voto del descontento hacia el FN, debe conseguir que cale la idea de que, en lo esencial, el PS y la UMP no se diferencian en relación a sus recetas económicas, políticas y sociales. Será fundamental ver la deriva del PS en el futuro para plantearse el éxito de una estrategia de este tipo.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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