Mas asume su suicidio político

Poco a poco se va cumpliendo el guión que se fue improvisando tras la primera manifestación de la Diada en 2012, aquella que CiU pretendió capitalizar con adelanto electoral que sirvió para poner a los actores políticos en su lugar: CiU se despeñó en las urnas, Artur Mas fue elegido presidente con el apoyo parlamentario de ERC y comenzó el camino para convocar la consulta que decida sobre el encaje de Cataluña en España con la oposición firme del Gobierno central y el PSOE, que abrió la puerta hacia su tercera vía.

Hoy, tres años después, y a menos de dos meses de la fecha de la consulta que, en teoría, debería convocarse este viernes, cuando el Parlament apruebe la Ley de Consultas, Artur Mas ha comenzado a explicitar la evidencia: Es presidente de CiU, un partido de centro-derecha, de orden, que pasa por su momento de mayor debilidad desde la restauración democrática por la voladura de la imagen de su fundador, Jordi Pujol, y por la división interna que se ha ido agrandando con motivo del debate soberanista.

Este lunes arrancó en el Parlament el Debate de política general, una cita que se celebra cuando se cumple la mitad de la Legislatura y con los ecos de la última manifestación celebrada en Barcelona por el derecho a decidir, que terminó con la advertencia de los organizadores de que el Govern saque las urnas a la calle, opine lo que opine el Tribunal Constitucional. Y si alguien esperaba que aceptara la posición que este fin de semana hizo pública Oriol Junqueras a favor de preguntar a la ciudadanía sí o sí, argumento contestado inmediatamente por Josep Antoni Duran i Lleida, este lunes quedó meridianamente claro que Mas va a cumplir lo que siempre propugnó: la consulta será legal o no será:

“A finales de este año llegaremos a mitad de la actual legislatura y, si se puede, me gustaría acabarla cuando toca, a finales de 2016. Digo si se puede, algo que está sobre todo en mis manos, pero no solo en mis manos. Tiene que poder ser así y, para que sea así, se tiene que votar el 9N y con plenas garantías democráticas”

Mas defendió su posición por la necesidad de no hacer el ridículo de que el resultado no sea reconocido por la comunidad internacional, sugiriendo, por lo tanto, que CIU no estará apoyando la consulta el 9 de noviembre y el Ejecutivo central presentar los recursos previsibles ante el Tribunal Constitucional. Y eso tiene consecuencias directas en términos de organización ya que, como recuerda Ignacio Varela, sólo quedaría como opción que las formaciones políticas a favor de la consulta (ERC, CUP y, falta de lo que pase hoy, ICV) se apoyaran en el movimiento cívico y sacaran las urnas a la calle en una suerte de plebiscito callejero con consecuencias parecidas a las consultas celebradas hace cinco años en los municipios catalanes más proclives al independentismo.

Así, el resultado de la consulta sería incierto: Tendría una participación importante aunque, sin el apoyo de CiU, la gente de orden crítica con el statu quo actual probablemente se quedará en casa, por lo que podemos hablar de porcentajes de apoyo del 40%; esta baja participación no serviría para legitimar el apoyo unánime a la independencia, que será masivo entre los que acudan a votar y que serán prácticamente los mismos que organicen la consulta (y que aporten los voluntarios); en ningún caso se podrá equiparar el resultado al que se consiga este jueves en el referéndum escocés (primero, porque éste está pactado con Londres y, segundo, porque uno de los artífices de la campaña por el ‘sí’ es uno de los actores principales del sistema de partidos, el Mas escocés).

Con estas fichas sobre la mesa, este martes arrancó el turno de palabra de la oposición a CIU en el debate de política general el Parlament. El primero en hablar fue Oriol Junqueras, que, consciente de las expectativas creadas y de su papel como líder emergente, ofreció a Mas entrar en el Govern con un objetivo: blindar la consulta y obligar a que se celebre el próximo 9 de noviembre. La respuesta de Mas fue que la consulta está blindada (salvo el matiz  no explicitado de si goza de reconocimiento internacional) y que aceptaría la oferta de ERC si su entrada en el ejecutivo conllevara llevar a cabo una acción política independiente de la celebración de la consulta. En cualquier caso, consideró que hay tiempo para negociar esa entrada próximamente.

Así, y a la espera del desarrollo de acontecimientos, parece que el guión que se cumplirá en los próximos días será el que sigue: El viernes se aprobará la Ley de consultas que será inmediatamente recurrida por el Gobierno central, que también recurrirá la convocatoria de la consulta el próximo 9 de noviembre. Esos movimientos judiciales congelarán la convocatoria y, ante eso, los partidos y organizaciones a favor de la consulta pedirán convocarla de todas las formas, sobre todo si el referéndum de Escocia arroja un resultado favorable a los intereses de independentismo.

En ese caso, Mas podría seguir la hoja de ruta trazada y saltarse su afirmación sobre la legalidad de la cita. En ese caso, la pelota estaría sobre el tejado del Gobierno, que podría optar por tres vías: 1) seguir los trámites en torno al recurso ante el TC y hacer cumplir la ley; 2) aceptar que se celebre la consulta remarcando el tono consultivo y como punto de partida para una futura negociación (opción impensable pues supondría una enmienda a la toalidad de todo su discurso desde 2012 e incluso anterior), y 3) proceder a la suspensión de la autonomía catalana, algo que sugirió titular de AAEE, José Manuel García Margallo, y que llevaría todo el proceso a una situación de tensión máxima con posible derivada de abandono de la vía pacífica desde Cataluña como respuesta a Madrid.

No obstante, la otra opción, más previsible, es que Mas se niegue a convocar la consulta, lo que a su vez plantea otras derivadas:

  • El presidente de la Generalitat podría convocar elecciones anticipadas de corte plebiscitario, con candidaturas únicas en torno a la pregunta por la independencia, lo que alarga el problema unos meses más (a la espera del resultado enlas urnas). El gran vencedor sería ERC, que ya es el actor principal de esta historia y que, tras la cita en las urnas, tendría también a su favor ser el principal partido parlamentario en Catataluña.
  • O Mas podría decidir agotar la legislatura. En ese caso, ERC retirará su apoyo parlamentario a CiU, que quedará en minoría a expensas de un acuerdo de gobierno con PSC, que le llevará por su senda. En ese caso, Mas estará muerto políticamente pero habrá dado opciones a plantear cambios en la relación entre Cataluña y el resto del Estado en el conjunto del Estado español. Sólo necesita para eso voluntad del Gobierno central  y del PP, que ya no podrá seguir con sus negociaciones bajo cuerda y que deberán enfrentarse a esos sectores que llevan años gritando que “a los catalanes, ni agua”.

Así, tal y como se desarrolla la negociación política, nos encontramos en el mismo punto que planteamos en 2012 en una cena con el clan barcelonés: situación de bloqueo político y solución difícil para dar salida a la frustración de la mayoría social catalana que ha ido creciendo en las sucesivas celebraciones de la Diada.

En este contexto, los responsables políticos serán responsables de alimentar una aspiración irresuelta por sus propias limitaciones y que parte de un hecho innegable: la dessafección de amplias capas de la ciudadanía catalana con su pertenencia a España en los términos actuales. Al mismo tiempo, se sabrá el alcance de la fuerza del movimiento cívico que cristalizó en la Diada de 2012, sin poder descartarse que, en el futuro, la acción política en Cataluña transcurra por vías ajenas al cauce legal y de funcionamiento partidista.

CODA. En este punto, recomendamos dos textos fundamentales para entender, desde fuera de Cataluña, las razones del músculo soberanista. El domingo, Joan Cañete Bayle  publicó en El Periódico un artículo maravilloso sobre el impulso de la regeneración democrática en una parte de los planteamientos soberanistas.

El otro texto, complementario, lleva la firma de Josep Ramoneda y plantea, precisamente, cómo tanto el movimintno soberanista como Podemos están disputando al poder la hegemonía de su planteamiento inicial: la democracia es participación y no asentimiento cada cuatro años:

El mito de las mayorías silenciosas revela el sueño del gobernante: la desmovilización de la ciudadanía. El campo de juego se ha cerrado tanto que cuando la ciudadanía ha buscado en la política la defensa de sus intereses se ha encontrado que ésta estaba de otra parte. Reclamar poder político, reclamar reconocimiento y voz, reclamar un control más efectivo de los que gobiernan no es delito, es democracia.

Mientras no se entienda que España no se percibe como solución, sino como un problema ante los hastiados por la corrupción, la falta de representación política o el funcionamietno de las estructuras institucionales (partidos y entramado estatal) como un ente separado de la vida cotidiana de los ciudadanos no se comprenderá por qué han estallado las costuras del régimen de manera tan abrupta.

Anuncios

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
Esta entrada fue publicada en Cataluña, Comunicación Política, Democracia, Gobierno, Rajoy. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s