El Gobierno y sus problemas de relato

Una de las carencias más importantes en estos tres años de Gobierno ‘popular’ es la falta de un relato consistente sobre la crisis económica y el rumbo necesario emprendido para conseguir unos efectos determinados. De esta forma, contrasta el discurso que se difundió al inicio de su mandato -basado en la idea de que el Estado es como una familia y que en España todos habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades- con el actual, que pasa por señalar que España ha hecho bien las cosas y que la devaluación interna (que, por supuesto, no se denomina así) es el precio a pagar para volver a estar entre los grandes. Ni la menor mención al contexto internacional o al hecho de que la Eurozona afronta un contexto de deflación que conllevará parálisis durante la próxima década.

Pero volvamos al objetivo de este post. Una buena estrategia de comunicación, que debería cumplir la premisa fundamental de pasar desapercibida, fue sustituida desde el inicio del mandato de Mariano Rajoy por la improvisación, por el silencio administrativo, por declaraciones a la galería sin aceptar preguntas de la prensa, por amenazas e insultos a quienes osaran a llevar la contraria al Ejecutivo en el rumbo económico emprendido y, sobre todo, por aprovechar ciertas circunstancias para colar asuntos que de otra manera suscitarían el rechazo social. Así fue con la amnistía fiscal, una patata caliente que el Ejecutivo sigue defendiendo a pesar de sus efectos (los más notables, lo ocurrido con Luis Bárcenas y con el clan Pujol), o con la corrupción en la misma sede central del PP, un asunto que se puede rastrear en los autos del juez de la AN Pablo Ruz a propósito del caso de los Papeles de Bárcenas.

Si Rodríguez Zapatero pasó a la historia por ser el presidente que se negó a mencionar la palabra crisis, Rajoy bien puede ser recordado como el responsable de la más chapucera estrategia de engaño masivo puesta en marcha desde que José María Aznar trató de ganar las elecciones de 2004 atribuyendo a ETA los atentados del 11-M.

Así, durante tres años de mandato nos hemos acostumbrado a una política de comunicación del Ejecutivo y del PP basada en el disimulo, en las mentiras, en las rectificaciones sin asunción de responsabilidades, en el uso del artificio y de la neolengua y, en general, de la consideración de que el poder político está en su derecho de no dar explicaciones a la ciudadanía salvo que lo ampare su mayoría absoluta parlamentaria o que se someta al control de medios perfectamente atados.

Abrimos este blog con el propósito de dejar constancia de esta situación, por lo que es fácil retroceder en el tiempo y ver cómo vendieron el retraso en la aprobación de proyecto de PGE hasta después de las elecciones andaluzas en marzo de 2012; el recorte adicional en sanidad y educación de 10.000 millones; la aprobación de medidas a escondidas, como ha ocurrido este año con el añadido en el presupuesto de Defensa o el decretazo con 30 medidas económicas que sacó adelante en agosto; la petición del rescate bancario; la gestión del rescate a Bankia, los decretazos aprobados desde entonces; la pérdida de poder internacional por errores diplomáticos de bulto con países que deberían ser aliados naturales; el ridículo que España hace cada vez que quiere conseguir un puesto en la escena internacional [en estos momentos está empeñada en lograr la presidencia del Eurogrupo para Guindos y de un puesto de miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU].

Esta manera de actuar se complementó con un relato de la salida de la crisis desde el verano de 2013, precisamente cuando el Ejecutivo logró que la Troika aplazara el cumplimiento del déficit, ese asunto que era sumamente importante y del que apenas se habla en la actualidad, como tampoco se habla de la prima de riesgo, ni de las equivalencias entre el rescate a los bancos y el recorte del gasto social o de las privatizaciones encubiertas a través de la desinversión en las patas fundamentales del Estado de bienestar.

Entonces llegaron las elecciones europeas y en Génova se han puesto nerviosos, sobre todo porque, de repente, sobre la mesa, tiene que gestionar problemas puramente políticos, para los que se necesita cintura, capacidad de diálogo y de negociación, características que han estado completamente ausentes en la acción del Ejecutivo. El motivo: su mayoría parlamentaria legitimaba que se evitara el Parlamento, el contacto con otros grupos e incluso la relación con viejos aliados, como CiU y PNV. Tres años después, aquí estamos.

Ante el riesgo cierto de batacazo electoral a partir del mes de mayo de 2015, la maquinaria de comunicación ha virado para convertirse en una máquina de propaganda amparada por los grandes medios de comunicación, que parecen no querer incomodar al partido que ha aglutinado mayor poder por obra y gracia de las elecciones municipales, autonómicas y generales. ¿El problema? Que se actúa con tanta torpeza que quedan al descubierto todos los trucos, sobre todo cuando lo que estallan son conflictos vinculados a la política y no al intercambio de cromos que a menudo se vende como política.

La Ley del aborto de la que el Gobierno no quiere hablar

El Ejecutivo filtró la paralización de la la refomra de la Ley del aborto en plena tensión territorial por el resultado de la manifestación de la Diada y días antes del inicio del debate de política general en el Parlament catalán que está sirviendo para aclarar que Artur Mas, salvo sorpresa, se postule a favor de posponer la convocatoria de referéndum en Cataluña.

La decisión, sobre la que no hay confirmación oficial, deja al Gobierno en una situación incómoda ante el enésimo incumplimiento de su programa electoral (pues así se vendió), por no hablar del lugar en el que quedan los valores morales que dicen defender). La torpeza es de tal calado que la noticia se filtró poco antes de que Soraya Sáenz de Santamaría viajara al Vaticano para cerrar una posible visita el Papa a España en 2015, año electoral.

Cómo azuzar el caso Pujol contra el independentismo

Lo escribimos hace unos días a propósíto de cómo el Gobierno de Rajoy quiso usar el caso Pujol como parate de la batalla contra el soberanismo, sin entender que el escándalo protagonizado por el “hombre de la patria” catalana no es algo substancial que determine el malestar de buena parte de Cataluña con su statu quo en España.

Hoy, ante la evidencia de la manifestación de la Diada, el Ejecutivo ha aparcado ese argumento para confrontar con Artur Mas, dedicándose, en las últimas horas, a esgrimir la aplicación del art. 155 de la CE que recoge la suspensión de la autonomía en el caso de que las autoridades catalanas cometan una ilegalidad. Es decir, la solución ante el problema catalán y las reivindicaciones para que la ciudadanía sea consultada es mano dura y parapetarse detrás de la ley, un discurso que puede gozar de predicamento en las zonas más centralistas del país y en medios conservadores pero que es una bomba de relojería que antes o después estallará.

Tenemos restos de una determinada visión estratégica, que pasó por centrar todo en el caso Pujol. El titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, eligió el día y la hora en la que estaba previsto que se publicara el dato del paro correspondiente al mes de agosto para su comparecencia en el Congreso justo cuando la confesión de Jordi Pujol ocupaba todas las escaletas informativas. Es decir, al mismo tiempo que el país conocía el parón en la creación de empleo (con un aumento de parados de 8000 personas y una caída de la Seguridad Social en 97.582), Montoro comparecía para hablar  de fraude fiscal, para señalar que Jordi Pujol no se acogió a la amnistía fiscal que aprobó su Gobierno en 2012 y para confirmar cuál es la estrategia del Gobierno respecto a la consulta catalana: dilapidar a Pujol como símbolo de la autonomía de la Generalitat.

En el camino, el titular de Hacienda hizo referencias al contrabando de tabaco desde Gibraltar y lanzó golpes de pecho ante la responsabilidad de los políticos respecto el fraude fiscal, una frase que sonaría más creíble si viniera de un ministro que hubiera limpiado sus filas de cobradores de sobresueldos sin declarar o de responsables que, según los autos de casos abiertos, habrían sido sobornados por grandes empresas del país con el fin, se supone, de favorecerles desde sus cargos de responsabilidad.

Mención aparte merece que, por primera vez en meses, Empleo no consideró oportuno filtrar  con anterioridad el dato del paro. Casualidades de la vida, se trata del primer dato que refleja que el mundo de fantasía descrito por el Ejecutivo para intentar ganar las elecciones se viene abajo ante la evidencia de la creación de empleo estacional, sujeto a las contrataciones en el sector servicios por el avance del turismo. Sin embargo, da igual. Las ediciones digitales de todos los medios abrieron con la comparecencia de Montoro para hablar del caso Pujol, la última batalla que Moncloa ha decidido emprender para intentar movilizar a su electorado frente a la situación política que afronta Cataluña.

La retirada de una Ley electoral nunca presentada

Uno de los globos sondas más evidentes de los últimos tiempos fue la filtración de información sobre la intención del Gobierno de cambiar incluso en solitario la ley electoral para rebajar la mayoría absoluta necesaria para gobernar n los ayuntamientos. Esa reforma, de la que nunca se conocieron más detalles que las filtraciones a los medios, se vendió como una elección directa de alcaldes en un sistema de listas cerradas y bloqueadas, detalle que pasó desapercibido para unos medios que compraron la propaganda gubernamental.

Este anuncio, que defendieron los portavoces de guardia del PP en verano, fue congelado la semana pasada para lograr un acuerdo global sobre regeneración política con el resto de fuerzas parlamentarias. Aunque aún haya quien señala que el Ejecutivo no ha abandonado ese proyecto (este mismo martes lo defendió así Alfonso Alonso), se da por descontado que el PP no aprobará en solitario una norma así aunque cuente con el apoyo de CiU y PNV. Se soltó el globo sonda y se recoge sin explicar absolutamente nada.

Reuniones secretas

Uno de los mayores problemas que enfrentamos es la generalización de las llamadas reuiones discretas para desbloquear problemas. Este martes se filtró que el lehendakari Iñigo Urkullu y el presidente del Gobierno se reunieron en secreto en el Palacio de La Moncloa el lunes. La reunión se celebró para analizar las relaciones entre Euskadi y el conjunto del Estado español, y llegó en un momento de máxima tensión territorial con Cataluña.

Según el Gobierno vasco, Urkullu trasladó su decepción ante la parálisis de las relaciones entre el Ejecutivo central y la CCAA que preside y volvió a insistir en que se hagan efectivas las transferencias de las competenicas recogidas en el Estatuto de Gernika, inversiones en infraestructuras y reacomodar el llamado Cupo vasco.

Urkullu y Rajoy se han reunido cuatro veces desde que las elecciones de 2012 facilitaron el cambio al frente de la Lehendakariza. Sólo se anunció públicamente uno de esos encuentros; el resto se catalogan en la categoría de encuentros discretos.

Y todo se produce mientras España da largas en su participación en la coalición internacional contra el IS (mientras es sede de una conferencia intrnacional sobre Libia, donde se debate, precisamente, el conflicto que tiene sumido al país en el caos por el avance del yihadismo); cuando la precampaña ha comenzado en forma de anuncios de rebajas de impuestos en algunas CCAA gobernadas por el PP; y cuando Podemos es noticia todos los días gracias a la labor de los grandes grupos mediáticos, que han asumido la palabra populista para definir la acción de la formación de Pablo Iglesias.

Los incumplimientos electorales y negociaciones bajo cuerda contrarios a los discursos oficiales deben ser política de alto nivel para un Gobierno que va a acabar la legislatura como empezó: Sin atisbo de un relato que explique que los sacrificios asumidos por la ciudadanía sirven para algo más que para alimentar las cuentas de las grandes empresas del país o para atisbar una explicación a algunas de las seña s de identidad que enarbola un PP que lo empeña todo a la inexistencia de una oposición real en su caladero de votos.

Anuncios

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
Esta entrada fue publicada en Comunicación Política, Democracia, Gobierno, PP, Rajoy. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a El Gobierno y sus problemas de relato

  1. Pingback: El PP fija su prioridad: El electorado de centro | La última en llegar

  2. Pingback: Síntomas de la descomposición del PP | La última en llegar

  3. Pingback: El Gobierno de los más capaces… y de los mejor relacionados | La última en llegar

  4. Pingback: Políticos y cercanía forzada | La última en llegar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s