Errores estratégicos de Pedro Sánchez…

Ésta fue la intervención que el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, realizó ante el Comité Federal, el primero que preside desde su elección para liderar el partido:

Durante su discurso, que visualmente es heredero de lo que hicieron sus antecesores, Sánchez esbozó las líneas estratégicas con las que el PSOE afronta el curso político y que culminará con las elecciones generales de otoño de 2015. Es decir, Sánchez se enfrenta a un periodo muy corto para proyectar su liderazgo en el partido y para ofrecer una propuesta alternativa al PP, virtual ganador de las elecciones según todos los sondeos sobre intención de voto a pesar de sufrir un fuerte desgaste.

El secretario general del PSOE resumió, durante 40 minutos, algunas de las posiciones que se le han escuchado reiteradamente desde que se postuló como candidato a la Secretaría General con una novedad: la insistencia en el populismo como un adversario al que combatir, al que pareció situar al mismo nivel que al PP. Éste fue uno de los mensajes que dispersó durante su intervención, que sirvió para reclamar el papel del PSOE en la transición económica y política que queda pendiente. Su partido, defiende, debe ser el actor fundamental de la izquierda del país que busca los “valores de la mayoría, la libertad, la igualdad, la justicia” y que reclama más democracia.

Así, recordó el legado del PSOE en la puesta en marcha del Estado de bienestar y arremetió contra los que cuestionan ese pasado mediante “la resignación y el populismo”. Fue un paso más allá y, como ocurrió en la legislatura 1993-1995 con la “pinza” formada por IU y el PP contra el Gobierno de Felipe González, el secretario general del PSOE habló de “una gran coalición de intereses entre los extremos” que hace que el PP se frote las manos porque consigue perpetuarse en el poder mediante un proceso de debilitamiento del PSOE.

El motivo, implícito, por la capacidad de esas forraciones de conectar con la ciudadanía con planteamientos que Sánchez considera imposibles de cumplir (como el pago de la deuda pública): “Tenemos que enfrentarnos a la idea del populismo, un proyecto que se construye sobre el descredito del otro, sin aportar soluciones ni futuro a la sociedad española, o mejor dicho, con propuestas que provocarían frustración a los más débiles y un pobre futuro para España”.

Tras meses en los que Ferraz evitó mirar de tú a tú a Podemos, conscientes del efecto que la nueva marca política está teniendo en una parte de su electorado -irritado con lo que el PSOE hizo en 2010 y con las manos tendidas al Gobierno en esta legislatura-, Sánchez reconoció implícitamente el daño y decidió darle el estatus de adversario. Para pasmo de muchos, lo situó al mismo nivel que el PP, de manera que la contienda bipartidista que propicia nuestro sistema de partidos se abre a tres bandas por obra y gracia de uno de los actores principales del sistema.

Sánchez remarcó el trabajo del PSOE para representar a las clases medias y trabajadoras, muy afectadas por la crisis y por la salida de la misma diseñada por la Troika y el Gobierno de Rajoy (y antes por el del PSOE). El problema es que, tal vez, esa audiencia ya no existe, dado el impacto de las medidas aprobadas en sus propias vidas. Mucha de esa gente es la que ha llenado las mareas ciudadanas, una movilización a la que el PSOE se sumó cuando constató que la respuesta en la calle ya no pasaba por los partidos políticos sino por movimientos organizados desde abajo, con presencia sindical pero no en la cabecera. Muchos de los integrantes de estas mareas son los que se proyectan como votantes de Podemos y Ganemos, a los que Sánchez tachó de “populismos” que se fundamentan en el descrédito del otro sin aportar soluciones.

Frente a esta izquierda, reivindicó el trabajo del PSOE como partido de gobierno, en una nueva constatación de que el debate está en la lucha entre lo que antes se conocía como la izquierda real y la izquierda posible (y antes entre comunismo como fase previa al socialismo y socialdemocracia) y el apelar, de nuevo, al voto útil: “Nosotros somos la izquierda que aspira a gobernar y que transforma la protesta en propuestas”, que no tiene miedo al futuro, que emerge como una esperanza. En sus líneas rojas, la lucha contra la pobreza laboral, la desigualdad, el recorte de derechos y libertades, el modelo territorial y el alejamiento de la ciudadanía respecto a las instituciones.

Por otra parte, Sánchez anunció que sería candidato a las primarias del PSOE de cara a las generales, algo que se daba por descontado y que se avanzó en la entrevista de Antena 3; recordó el calendario de primarias de cara a las municipales y autonómicas (este mes de otoño); e insistió en la idea de “oposición ciudadana” que se plasmará en cinco grandes convenciones que el PSOE celebrará para conformar su programa electoral: reforma institucional y regeneración democrática; trabajo y reindustrialización del país como base para la transición económica; igualdad y bienestar social; aumento de libertades; y el diseño de otra Europa.

Nada más concluir el discurso de Sánchez, el foco se puso en sus referencias a “los populismos”, que parece ser la receta con la que se pretende contraponer al marco creado con la referencia a la casta. Así, algunas voces dentro del partido apuntaron la necesidad de rebajar el tono contra la formación que lidera Pablo Iglesias, algo especialmente notable por parte del PSOE-A (base del poder del socialismo hoy). A nadie se le escapa el escenario que dibujan las encuestas sobre intención de voto de cara a los comicios municipales y autonómicos de 2015, un escenario que obligará a una política de pactos y coaliciones, en los que parece que parece que Podemos jugará un papel esencial. Por eso, se instó a matizar el discurso contra Podemos por pura lógica: Si el PSOE afronta un ataque directo contra la formación se expone a que se reafirme el mensaje de que es parte de la ‘casta’ que en realidad sólo busca mantener el poder pactando con el PP, al que ofreció, por cierto, posibilidad de acuerdo en materia educativa, reforma constitucional y política energética.

Este es uno de los dramas más notables que afronta el PSOE: Tres años después de su peor resultado en las urnas, no logra desprenderse de la acusación de que es parte del problema, sujeto objetivo de la protesta por su connivencia y coincidencia con algunas de las recetas aplicadas por el PP. El 15M y, luego, Podemos, lograron situar el marco de que ambos partidos son iguales e igualmente responsables de la crisis de legitimidad del sistema político y económico, un mensaje que no hace más que remarcar la presencia de María Teresa Fernández de la Vega en el funeral de Emilio Botín este sábado o en la coincidencia en el discurso con el que el PSOE arremete contra las nuevas formas de hacer política (veremos en el futuro con qué éxito).

La estrategia puesta en marcha por Sánchez atrapa al PSOE entre la espada y la pared, con un PP que no tiene amenazas a su hegemonía en la derecha y a una suerte de partidos políticos que están aprovechando la debilidad del PSOE para recordarle su pasado y, sobre todo, para señalar que en sus propuestas no hay nada que mitigue el hastío que manifiestan los ciudadanos. Quizás por este motivo, a puerta cerrada, Sánchez reafirmó ante los suyos que el rival directo de los socialistas es el PP.

Y es que, además de lo que entendemos como un error de cálculo, el discurso de Sánchez demostró carencias importantes en términos de esperanza o de proyecto futuro. Su tono, en general, suele ser pausado, quizás demasiado. Sólo elevó la voz cuando recriminó a Mariano Rajoy su inmovilismo hacia todo lo que viene de Cataluña, al tiempo que le emplazó a ser valiente y emprender un cambio de la Constitución. Acorde con ese tono (y no sabemos si con las propuestas) y al hecho de que leyó buena parte del discurso, el secretario general del PSOE recibió aplausos muy tibios por parte de sus compañeros.

CODA. Mencionábamos la referencia a la ‘pinza’ entre la derecha y la izquierda situada a la izquierda del PSOE que realizó Pedro Sánchez. Esta referencia se explicitó durante el mitin celebrado por el PSOE-A en Sevilla para conmemorar el primer aniversario de la llegada a la Junta de Susana Díaz. La presidenta andaluza, ante 4000 militantes y simpatizantes, remató la estrategia que esbozó Sánchez ante el Comité Federal apelando directamente al voto útil:

“Cuidado a lo que están en las dos orillas provocando una pinza menos voluntaria o más voluntaria que siempre beneficia a la derecha; cuidado a los que están en esas orillas, que su enemigo no es el PSOE, que su adversario no es el PSOE, que ahora que se ha puesto de moda eso de confluir, si siguen confluyendo van a terminar confluyendo con los intereses de la derecha”

A pesar de compartir el eje central de la estrategia, el mensaje se percibió de forma distinta por dos razones: por un lado, porque las palabras de Díaz sonaron más creíbles que las del secretario general del PSOE; por otro, porque la presidenta andaluza, que gobierna en coalición con IU, no rechazó los pactos con esas fuerzas que orillan a la izquierda del PSOE.

Anuncios

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
Esta entrada fue publicada en Pedro Sánchez, Podemos, PSOE. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Errores estratégicos de Pedro Sánchez…

  1. Pingback: … y un movimiento arriesgado: Sánchez en ‘Sálvame’ | La última en llegar

  2. Pingback: 40 años de Suresnes en pleno cuestionamiento del régimen | La última en llegar

  3. Pingback: Podemos, el asalto del cielo y el nerviosismo de Madrid | La última en llegar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s