Escocia: El referéndum que perdió Cameron

Los escoceses mayores de 16 años están llamados a las urnas en el referéndum sobre la independencia de Escocia que ya se puede decir que ha perdido Downing Street. Más de cuatro millones de personas votarán a lo largo del día si quieren seguir unidos al Reino Unido o si inician el camino a la independencia como Estado, un proceso que se daba por seguro en Londres y que este verano dio un vuelco a favor del sí.

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Los últimos sondeos indican que habrá una participación histórica (por encima del 80%) y que ganará el no por una diferencia de entre 4 y 6 puntos. Si tenemos en cuenta que, en febrero, la distancia era más de 30 puntos, debemos pensar que la campaña del no ha sido un auténtico desastre, confirmado por el pánico de los responsables políticos y económicos, que llevan semanas alertando de las consecuencias que tendrá la deslocalización de empresas de Escocia si vence el sí.

No hemos seguido el proceso más que como el espejo al que se mira Cataluña en las últimas semanas, consciente de que, si vence el sí, Londres tendrá un problema de consecuencias directas en otros Estados europeos con fuertes tensiones soberanistas (Italia, Bélgica y, por supuesto, España). Tanto es así que ya se habla abiertamente de un torpedo en la línea de flotación en el proyecto europeo, lo que no deja de tener su gracia si tenemos en cuenta que el Reino Unido es el Estado menos europeísta de Los 28 que conforman la UE.

Puesto que nos acercamos al proceso de forma lateral, recurrimos a los datos de los que sí saben, y que hablan de varias circunstancias:

  • El laborismo en Escocia es la tendencia ideológica dominante (en la actualidad, sólo hay un diputado tory escocés). Muchos ven en el proceso un ajuste de cuentas desde Edimburgo hacia las políticas que aplicó en su día Margaret Thatcher en plena ola de desmantelamiento del Estado de bienestar. No en vano, Escocia registró manifestaciones espontáneas en la calle para celebrar su fallecimiento.
  • Se entiende que la independencia permitirá salvaguardar mejor lo que queda del antiguo Welfare State, en el punto de mira por la llegada de empresas privadas de sanidad de EEUU, que pretenden hacerse con el pastel que queda. Por este motivo, David Cameron, en un grito desesperado, prometió que si vence el NO Londres transferirá la sanidad a Escocia, lo que a su vez constituye un germen de descentralización que en breve reclamarán también Gales e Irlanda del Norte.
  • Por este motivo, además de los líderes de los tres partidos con representación parlamentaria (con escrache a Miliband incluido), en estas semanas aterrizó en Escocia el ex ministro Gordon Brown, escocés, para reclamar que Escocia siga unida a Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte en ese proyecto centenario que es el Reino Unido.
  • Que el proceso no entiende de clases sociales ni de identidad como se discute, por ejemplo, en el proceso soberanista en Cataluña. Un escocés es escocés, se declare independentista o unionista, como refleja esta escena de la película Trainspotting
  • Que el trasfondo del proceso se mueve en torno a la economía, un argumento que Alex Salmond ha sabido manejar con eficiencia. Ayudó bastante el modo pánico en el que entraron multinacionales y entidades bancarias (con un papel estelar del Banco Central de Inglaterra) vinculadas a Londres, que lanzaron amenazas sobre su marcha de Escocia si triunfaba el sí.
  • En los últimos días, se han multiplicado los mensajes a favor de mantener la unidad del Reino Unido. A esta campaña han contribuido de forma unánime la prensa británica y los líderes internacionales que se han pronunciado sobre el asunto. Este jueves, el presidente de EEUU, Barak Obama, aseguró que prefiere que se mantenga la unidad

La campaña por el referéndum, que David Cameron pactó por Salmond tras negarse a negociar ampliar la autonomía de Escocia, ha virado en torno a 10 temas:

  • El uso de la moneda (Salmond defendió que la libra es tanto la moneda de Escocia como del resto del Reino Unido, algo que rechazaron los partidarios del no)
  • La economía (el sí apunta que Escocia está limitada por las políticas económicas y fiscales británicas mientras que el no apela a la solvencia del mercado único británico, puerta de salida hacia el mercado único europeo)
  • El petróleo en el Mar del Norte (desde los años 70 el petróleo ha supuesto 300 mil millones de libras en ingresos fiscales para el Tesoro. Los partidarios del sí dicen que una Escocia independiente significa que el petróleo y el gas estarán al servicio de los intereses escoceses, fijándose en el espejo noruego; el no apunta que no se sabe cuánto petróleo queda)
  • Los partidarios del sí señalan que pagan más impuestos que el resto de británicos a lo que los partidarios del Better Together se compromete a acometer transferencias fiscales;
  • Armas nucleares (Salmond señala que buscará un acuerdo para la retirada de armas nucleares de forma segura; los partidarios del no aseguran que el desmantelamiento nuclear será costoso y llevará al menos una década)
  • Si Escocia  vota sí, se pedirá la adhesión a la OTAN y a la UE (cuya entrada vetará Londres y, probablemente, Madrid)
  • Sistema de pensiones (según el sí, no habrá ningún cambio para los jubilados escoceses o los miembros de los fondos de jubilación existentes; según el no, habría recortes en las pensiones si se independiza por su gráfico demográfico)
  • Saldmond defendió la independencia como la mejor manera de salvaguardar la sanidad.

Lo que ya es un secreto a voces es la amenaza de que el proceso se lleve por delante la carrera de David Cameron, el gran perdedor de la contienda electoral aunque finalmente, como es previsible, gane el no (según sociológos y expertos en demoscopia, la distancia a favor del NO es más grande de la que reflejan los últimos estudios, que siguen recogiendo un 15% de indecisos).

Cameron, que ya ha avisado de que no piensa dimitir, sea cual sea el resultado, aceptó la consulta pensando que la victoria de las posiciones unionistas era clara, algo que han desmentido los sondeos, que reflejan un aumento espectacular de los partidarios del sí. En este escenario se enmarca su disposición a negociar una consulta maximalista, que se define por el mismo planteamiento de las preguntas.

La prueba del despropósito del proceso, plenamente democrático, lo reflejan las primeras planas de los diarios británicos, que este jueves se presentan así:

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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