España y la efebocracia femenina

En verano, escribimos un post sobre la irrupción de una nueva generación de políticos caracterizados, sobre todo, por su juventud. En ese momento, hablamos abiertamente de la apuesta por la efebocracia que suponía el ascenso de líderes que apenas rozan la cuarentena y que incluso están por debajo de esa edad, como bien certifican Pablo Iglesias o Alberto Garzón.

Los acontecimientos de la últimas semanas, sobre todo en torno a la difusión de los gastos de las tarjetas opacasde Caja Madrid y de las mordidas que destacados dirigentes del PP habrían cobrado a empresarios por realizar negocios en la Comunidad de Madrid y en otras regiones, disparan la percepción de un fin de ciclo que combinará necesariamente dos ideas: La emergencia de líderes jóvenes y una relación con las siglas que representan muy particular.

Así, a día de hoy, y al calor de las filtraciones del barómetro del CIS, y que confirmaría que Podemos se ha convertido en la primera fuerza en relación al voto decidido, se plantean tres escenarios con los tres protagonistas llamados a protagonizar la vida política en un futuro próximo.

→ Podemos

El lunes se supo que el 80% de la mitad de los inscritos en Podemos que habían participado en el proceso abierto en Vistalegre había respaldado el modelo de partido que capitaneó Pablo Iglesias, el mirlo blanco de la formación que, previsiblemente, se presentará a las primarias para liderar la lista en las próximas elecciones generales. El respaldo social del que goza la formación es tal que en CCAA como la Comunidad Valenciana no hace falta tener un candidato para que Podemos sea la primera fuerza en voto decidido.

A pesar de que la proyección mediática de la formación haga parecer que Podemos siempre estuvo, lo cierto es que no hace ni un año que irrumpió como opción política con vocación de participar en el sistema con la intención de cambiarlo. No en vano, durante estas semanas se trabaja por cristalizar un proyecto político que logre plasmar en votos la ola de apoyo social que cosecha estos días, más por demérito del resto de formaciones que por la suya propia.

Solemos bromear con que la mejor estrategia de campaña que puede liderar en estos momentos Podemos es la de no moverse en exceso y recoger así los votos que, como una centrifugadora, están perdiendo las grandes formaciones, con destacados miembros implicados en casos de corrupción o en prácticas poco ejemplares, como las del uso de tarjetas de Caja Madrid, una caja rescatada con 23.500 millones de dinero público. La incapacidad o falta de interés de las grandes formaciones por reaccionar a la corrupción durante años es terreno abonado para aumentar su descrédito y, de paso, aupar a opciones políticas bisoñas, como Podemos o, a otro nivel, C’s.

Así, ni siquiera la decisión de no concurrir a las elecciones municipales con las siglas Podemos hace disminuir el apoyo a la formación que lidera Iglesias, convertido en el alma de un proyecto político que inicialmente surgió con la idea de evitar personalismos y los vicios organizativos de otras formaciones políticas, algo que ya comienza a modularse, tanto en términos de construcción de partido como en relación a cierta concepción presidencialista del liderazgo.

Si Iglesias finalmente se convierte en cabeza de lista de Podemos a los comicios, lo hará con 37 años. Casualidades de la vida, tendrá la misma edad que Felipe González cuando concurrió a los comicios de 1979 y su parecido con el padre del socialismo español no frena: igual que González, Iglesias amenazó con dejar la primera línea de Podemos si las bases no apoyaban su proyecto de partido.

→ PSOE

Los socialistas no remontan en las encuestas, aunque pueden esgrimir que ya están en su suelo electoral, que se mueve entre el 21-23% de representación. Tres años después, la situación del PSOE se explica por la ruptura de una de las pautas que han caracterizado nuestro sistema político: el desgaste del partido en el Gobierno se traduce en un aumento del apoyo al principal partido de la oposición, que se percibe como única fuerza de alternativa.

Desde el giro que Zapatero dio a su política económica en mayo de 2010, esta pauta se agudizó en relación al PP pero no ha vuelto a repetirse a pesar del fuerte desgaste de los ‘populares’ en el Gobierno debido a su gestión de la crisis, a las medidas de corte neocon que han pretendido aprobar y, desde 2013, en su reacción ante los casos de corrupción que se han llevado por delante a popes como Francisco Camps o Rodrigo Rato.

La llegada de Pedro Sánchez a la Secretaría General del PSOE frenó la caída libre del PSOE en las encuestas sobre intención de voto, aunque su liderazgo todavía está en construcción. Sánchez, con 42 años, lleva en política desde su juventud pero, salvo para los enterados, proyecta una imagen de líder recién llegado, sin cadáveres en los armarios. Esa imagen se refuerza con las decisiones adoptadas ante los casos de corrupción que han salpicado a miembros del PSOE estas semanas, aunque parece que no es suficiente. Sus declaraciones y propuestas poco meditadas han hecho encender las alarmas a propios y extraños, con filtración de informaciones sobre la falta de apoyo que le dispensa Susana Díaz, pieza clave para su triunfo en las primarias socialistas.

Esta semana, la presidenta de la Junta protagonizó un desayuno en Madrid al mismo tiempo que Sánchez ponía contra las cuerdas a Rajoy por su falta de reacción ante los casos de corrupción que salpican la sede de Génova 13. En ese desayuno, Díaz negó que tutele a Sánchez o que tenga una mala relación con él, y luego se dedicó a lanzar propuestas y opiniones en clave nacional.

Recordemos que, antes de convocarse las primarias, Susana Díaz aparecía como la única líder socialista con vocación de liderar el partido, una decisión que se pospuso, según las malas lenguas, por la decisión de Alfredo Pérez Rubalcaba de apoyar las primarias que propuso Eduardo Madina como el mecanismo para dirimir el liderazgo del partido. Cinco meses después, muchos vuelven a mirar a Díaz como la única persona dentro del PSOE que reúne los rasgos necesarios para tomar las riendas del partido y acabar con esta travesía en el desierto:

  • Es joven (40 años) y mujer.
  • Tiene el apoyo de las bases del PSOE andaluz, que, simplemente, la adoran.
  • Gobierna en Andalucía, la única Administración simbólica (junto a Asturias) que conserva el PSOE en pleno tsunami azul; y lo hace mediante un pacto con IU, quién sabe si como antesala para la política de pactos que se tendrán que adoptar tras los comicios autonómicos y municipales de mayo.
  • Goza del apoyo nada disimulado de grandes medios de comunicación, como se puede confirmar cada vez que acude a la SER o a Onda Cero, en buena medida por su capacidad de transmitir ideas simples pero muy directas sobre los temas de la agenda política y mediática.
  • En su contra juega la situación del PSOE en general: corre el riesgo de convertirse en un partido con influencia en el sur del país mientras su apoyo en la mitad norte se convierte en testimonial (y ahí juega un papel esencial el PSC, formación con la que Díaz ha protagonizado sonoros enfrentamientos).

En julio del año que viene el PSOE está llamado a celebrar las primarias para elegir a su cabeza de cartel. Si Pedro Sánchez lo hiciera, sería candidato con 43 años. Si finalmente se adoptara una fórmula para que Susana Díaz eludiera las primarias, un método que parece que no le gusta en exceso, sería candidata con 41 años. De ello dependerá la capacidad de Sánchez por asentar su liderazgo, para lo que hará falta menos improvisación y un diseño más riguroso de lo que oferta.

→ PP

A día de hoy, el PP sigue apareciendo como la fuerza más votada en términos de intención de voto. Y eso ocurre a pesar del hundimiento del liderazgo de Mariano Rajoy, que llegó a la presidencia de Génova por designación de Aznar y que no ha sido capaz de apuntalar un proyecto político que pivotara sobre su proyección como líder. Rajoy nunca gozó el cariño del electorado, que no tuvo dudas en respaldar a las siglas del PP a pesar de Rajoy.

Durante la primera etapa de su gobierno, Mariano Rajoy se enfrentó a la contestación social ante la gestión de la crisis económica y a las contradicciones entre su programa electoral y las hipotéticas señas de identidad del PP y la realidad misma. Esta sombra hundió su credibilidad, algo que no ha hecho más que aumentar en esta segunda fase de su Gobierno, por motivos distintos.

En enero de 2013 estalló el llamado caso Bárcenas, la pieza clave que unía el desvío de fondos públicos hacia empresas afines ubicadas en torno a Francisco Correa, pieza clave del caso Gürtel, y a la presunta financiación ilegal del partido plasmada en el cobro de sobresueldos de la cúpula ‘popular’ (no se sabe si declaradas y se desconoce la procedencia) y la financiación de campañas electorales con donaciones de empresarios obtenidas a cambio de la asignación de contratos públicos. Este lunes, cayó Francisco Granados por su implicación en el cobro de comisiones a empresas a cambio de la adjudicación de contratos públicos, un fantasma que sobrevuela desde 2008 en torno a las finanzas del PP, que habría plasmado, a nivel nacional, lo mismo que Jordi Pujol y CiU habrían realizado en clave catalana.

Este tsunami de putrefacción llega en un entorno abonado por los recortes del gasto social y pérdida de derechos laborales en aras de la recuperación económica y con un Mariano Rajoy totalmente desautorizado. Su credibilidad es tal, que este martes intentó salir del paso pidiendo disculpas por elegir a personas que ahora están en el punto de mira de la justicia, obviando una realidad: Él formaba parte de la organización que habría acogido a estas personas, todos miembros relevantes (tesoreros, vicepresidentes económicos, hombres fuertes en las distintas CCAA), que habrían estado bajo sus órdenes como secretario general y presidente del PP en distintas etapas. Olvida que incluso él figura como una de las personas que habría cobrado sobresueldos y bajo cuyo mandato se habría pagado en negro las obras en Génova 3.

Señalan los periodistas que hacen habitualmente información del PP que los cuadros medios y las bases están desoladas ante la constatación de la putrefacción en el partido y, sobre todo, ante la falta de reacción de la cúpula. Olvidan convenientemente que Rajoy apenas puede hacer nada, maniatado por los casos de corrupción reseñados anteriormente, igual que su secretaria general, en el punto de mira por haber financiado su campaña electoral en 2007 con una comisión pagada por Sacyr a cambio de haberle adjudicado la contrata de basuras del Ayuntamiento de Toledo.

Con este escenario, se nos antoja imposible que Rajoy pretenda volver a liderar la candidatura del PP en las próximas elecciones generales, una impresión que gana enteros cuando se contempla la huida hacia delante que supone el “y tú más” contra el PSOE cuando esta formación le recrimina su falta de cintura política para frenar la corrupción entre sus filas.

Así, a diferencia de otras formaciones, el futuro del PP parece pasar por elevar a la primera línea a una persona no muy vinculada con el partido pero con proyección social suficiente como para atraer el apoyo de la ciudadanía, y en este contexto sólo aparece un nombre: Soraya Sáenz de Santamaría.

La vicepresidenta del Gobierno -vicepresidenta para todo, según las palabras de Miguel Angel Aguilar- lleva años liderando todas las crisis que ha debido afrontar el Ejecutivo de Rajoy, como confirma el último gabinete creado en La Moncloa para combatir el ébola. Santamaría, abogada del Estado, presenta un escaso peso político pero proyecta capacidad de trabajo muy acorde con la tecnocracia por la que Rajoy optó para diseñar su gabinete ministerial. En estos momentos, Santamaría es una de las personas vinculadas al PP que se presenta como parte de una nueva generación (junto a los Nadales, Lassalle, Alonso y Juan Manuel Moreno), ajena a decisiones políticas que aún anidan en el recuerdo (como el Prestige o la guerra de Irak) y desvinculada a las prácticas que han sido habituales en el partido hasta antesdeayer.

Su principal problema es la falta de apoyo en el partido (aunque cuenta con el apoyo de barones como Alberto Núñez Feijoo), que podría resistirse hasta el final si no percibe el riesgo de explosión interna que se respira estos días.

Si finalmente fuera candidata del PP a las generales, lo haría con 44 años.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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