El Muro de Berlín y las razones de Fukuyama

Este domingo se cumplieron 25 años de la caída de Muro de Berlín, esa fecha simbólica que supuso el inicio del fin de la Guerra Fría, que culminaría con la desaparición de la URSS en diciembre de 1991. Comenzaba una nueva fase de las olas democratizadoras sobre las que escribió Samuel Huntington y Occidente se henchía de orgullo ante el final de las ideologías con el triunfo de la democracia representativa de corte liberal con el capitalismo como sustento sistémico.

El momento de conmemoración de esta fecha, que supuso también el primer paso para la reunificación alemana, aún por culminar si se revisan los datos de los antiguos bloques, llega en un periodo de gran movimiento internacional, en el que muchos, en Europa, parecen interesados en recuperar la dinámica bipolar que tan pronto enterró Francis Fukuyama.

La anterior, comenzó a construirse tras la guerra civil rusa de los años posteriores a la Revolución de 1917 y se mantuvo en el periodo de Entreguerras, sometida a la política de alianzas de Josep Stalin con las potencias occidentales. El final de la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, la llegada de los rusos a Berlín en primer lugar, permitió retomar una rivalidad que es la que explica las relaciones internacionales y la concepción de reparto del mundo en bloques: en torno a EEUU (bajo el paraguas de la OTAN) o en torno a la URSS (a través del Pacto de Varsovia). Sólo después, los procesos de descolonización derivaron en la política de los Países No Alineados, quizás germen de una tercera vía que hoy siguen representando los países agrupados en el ALBA o los BRICS.

El Muro de Berlín comenzó a construirse para separar la zona bajo control soviética del resto en agosto de 1961, un símbolo que ha alimentado películas [El Tercer Hombre, Uno, dos, tres o, más recientemente, Goodbye Lenin], libros y, sobre todo, el ideario de generaciones que crecieron bajo la concepción bipolar del mundo, algo que a los más jóvenes les puede sonar a ciencia ficción:

La caída del Muro de Berlín significó también el inicio del concepto de Nuevo Orden Mundial, auspiciado por George Bush y que tantos debates suscitó desde los años 90. En realidad, tras el “milagro chino”, basado en capitalismo económico y autoritarismo comunista en lo político, desaparecía también cualquier alternativa ideológica al sistema capitalista de corte liberal impulsado, sobre todo, por el modelo estadounidense, una batalla en la que, precisamente, los sectores más desfavorecidos de la sociedad no han salido ganando, como bien puede atestiguar el voto proteccionista de los obreros al FN en Francia o el apoyo a tesis renacionalizadoras en países como España a cargo de Podemos (antes, a IU).

En la esfera global, tras la desaparición de Al Qaeda -con la transformación en enemigos públicos número 1 que, por ahora, no causan mayores problemas pues operan en zonas concretas de Oriente Medio y Magreb-, se retoma estos días la idea de una Rusia operando como actor incómodo para los intereses expansionistas de Occidente, sólo matizados por las rivalidades que comienzan a aparecer en las fronteras exteriores de China.  Ahí están las discrepancias públicas en torno a la crisis de Ucrania o la redifición del papel de la OTAN en los últimos meses.

Como siempre, Los Simpson son una gran fuente de información, también para las versiones alternativas de la Historia:

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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