Aguirre, segunda víctima del ‘fuego amigo’

Hace unas semanas, nos referimos al affaire Monago como un ejemplo de manual de eso que se conoce como ‘fuego amigo’: filtraciones desde la propia formación política con la intención de lanzar un aviso o dañar la proyección pública de un dirigente concreto por motivos diversos. Este miércoles tuvimos otro ejemplo de esta práctica en Esperanza Aguirre, la presidenta del PP de Madrid que aspira a encabezar la lista de los ‘populares’ al consistorio madrileño y que ganó por la mano a Mariano Rajoy al ser la primera en reaccionar y lanzar mensajes contra la corrupción tras conocerse la detención de Francisco Granados en la Operación Púnica.

La Cadena SER informó a primera hora de la mañana de que Beltrán Gutiérrez, ex gerente del PP de Madrid, dado de baja el 7 de octubre tras conocerse los gastos no declarados en las tarjetas opacas de Caja Madrid, había sido contratado con las mismas condiciones por parte del partido en Madrid.

La noticia, que recordó a la actuación del PP ante los casos de Jesús Sepúlveda y Luis Bárcenas a propósito del caso Gürtel, ponía en una posición comprometida a Aguirre, sobre todo si tenemos en cuenta que ella sigue controlando el partido y que buena parte de sus hombres fuerte están inmersos en casos de presunta corrupción.

Por este motivo, y tras el incidente de tráfico protagonizado el pasado mes de abril, la lideresa había tratado de vender la imagen de una responsable política con capacidad de utilizar la mano dura contra la corrupción que había florecido durante su mandato en esa máquina electoral que ha sido el PP madrileño. Para las hemerotecas quedan sus rutas mediáticas contra los agentes de movilidad de Madrid o los exámenes a los cargos del PP llamados a sustituir a los alcaldes dimitidos por la Operación Púnica -que estuvieron preparados de antemano y que suscitaron la crítica pública de dirigentes como Cristina Cifuentes o Ignacio González-.

El trabajo de Aguirre ha saltado por los aires tras conocerse la nueva ubicación de Beltrán González, hombre muy cercano a Aguirre y que, según las malas lenguas, tiene en su poder información sobre cómo ha funcionado el PP en Madrid durante los años de vino y rosas del boom inmobiliario y de presunto cobro de comisiones ilegales. La propia noticia hace pensar en una filtración desde el interior del PP de Madrid -donde Ignacio González trata de ganarse el favor de Mariano Rajoy para ser cabeza de lista a la Asamblea en 2015- o desde la misma Génova, donde es público y notorio el malestar ante algunas de las ocurrencias teatralizadas de Aguirre, una de las caras más críticas contra la manera de entender la política de Rajoy.

Tras conocerse la noticia, las reacciones no se hicieron esperar:

  • La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, instó a Aguirre a explicar por qué mantiene a uno de los implicados en el uso de las tarjetas opacas de Caja Madrid: “El PP de Madrid tenía a esta persona contratada y ha querido seguir con ese contrato como trabajador, el PP de Madrid tiene que dar una explicación”.
  • Los aludidos señalan que mantienen en el cargo al ex gerente del PP porque nunca fue despedido: “Nunca se dijo que Beltrán Gutiérrez había sido despedido. Esta persona era trabajador del partido antes de ser nombrado gerente, por lo tanto, mantiene la antigüedad”.
  • En declaraciones a la agencia Europa Press, Aguirre siguió el argumentario  de su partido en Madrid y aseguró que Beltrán “ha mantenido la relación laboral con el PP en el que trabaja desde hace 18 años y ha sido, eso sí, relevado de su puesto como gerente”. La presidenta del PP de Madrid, por cierto, que acostumbra a ser muy locuaz, tardó horas en reaccionar.

Parece que Aguirre tiene muy difícil recuperar el favor de Génova, por lo que no se puede descartar en absoluto que tire la toalla respecto a sus aspiraciones de convertirse en la próxima alcaldesa de Madrid. En este escenario, habrá que seguir con atención el efecto de la tormenta en la persona del presidente de la CAM y delfín de Aguirre hasta fechas recientes.

CODA. El llamado caso Monago ha tenido una repercusión proporcional a su exposición mediática, en la que, sin apenas presencia de la dirección de Génova, hizo público el respaldo de Mariano Rajoy a su persona y lanzó argumentos relativos a que un ataque a él es un ataque a Extremadura.

Lo único que está claro a estas alturas es que el presidente de la Junta extremeña, un verso suelto en el PP de los últimos años, protagonizó una serie de viajes a cargo del erario público en una única dirección. En las sucesivas ruedas de prensa, Monago intentó explicar que los viajes tenían una motivación política y que aquellos de contenido privado fueron abonados de su bolsillo.

Estas referencias, que puso a disposición de los periodistas que siguieron su rueda de prensa en Mérida, constan en documentación que no ha podido ser reproducida ni fotografiada porque, según el entorno del presidente extremeño, forma parte de la demanda que Monago interpondrá contra los que considera que ha vulnerado su honor.

Una derivada política del escándalo ha sido el acuerdo entre PP y PSOE para añadir más transparencia de la actual a los gastos de los viajes de los parlamentarios, una actuación que queda al albor de la discrecionalidad de las formaciones políticas, que protagonizan estos días un intento contrarreloj por ofrecer publicidad de los desplazamientos y agendas de sus diputados.

El acuerdo, tachado por insuficiente por casi todos, supone un argumento más que alimenta el debate de la casta en el que está inmerso Podemos, que este lunes recibió el primer aviso de cómo se juega en la liga de los grandes: El Mundo publicó que Iñigo Errejón, flamante secretario Ejecutivo de la formación, fue contratado por la Universidad de Málaga para realizar una investigación que su trabajo al frente de Podemos dificultaba sobremanera. Errejón, que fue el único candidato a la plaza y que estuvo a las órdenes de un destacado miembro de Podemos, tuvo que salir a la palestra de los medios a explicar los datos de su contrato y a intentar romper con el ciclo informativo que apunta a que los miembros de Podemos gozan de prácticas similares a aquellos partidos que critican.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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